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En colaboración conCAF

Lo que la extracción de guano puede hacer por la conservación de aves

Una estrategia para recolectar este precioso abono orgánico, impactando menos al ecosistema marino, se despliega en un área protegida del Perú con resultados esperanzadores

Trabajadores de Agro Rural en San Juan de Marcona, en julio de 2025.

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“Cuidado, tienen que agacharse”, dice con voz firme Leticia Escobar, una médico veterinaria, en medio de la pampa de Punta San Juan, una zona ubicada dentro del distrito de Marcona, 523 kilómetros al sur de Lima. Por encima de una loma, aparece sigilosamente un grupo de pingüinos de Humboldt (Spheniscus humboldti). Miran, atisban el panorama, avanzan, retroceden.

A Escobar le avisan, por un walkie talkie, de que las aves se han desplazado a otro lugar, asustadas por la intrusa presencia. Cerca, decenas de trabajadores recogen guano, el valioso excremento de las aves marinas. El olor es penetrante, viene de siglos atrás, cuando esta república vivió algo tormentosamente de este recurso. Ahora tiene otra clave, no sólo económica.

“Hay zonas silvestres, que no se tocan; abarcan 50 metros desde el acantilado hacia la pampa”, explica Escobar, quien trabaja en el Programa Punta San Juan (PPSJ, entidad que investiga la biodiversidad de los ecosistemas marinos), para precisar en qué lugares se puede cavar y extraer guano y en cuáles no. “Sí se puede sacar en la zona de aprovechamiento”, enfatiza.

Desde el año 2001, existe un acuerdo entre el PPSJ y la institución encargada de recolectar el guano en el país (entonces llamada Proabonos, hoy denominada Agro Rural), para realizar campañas de extracción de una forma que no impacte en la fauna y el ecosistema. Eso explica por qué a los pingüinos de esta historia, que están en peligro de extinción, se les tiene tal respeto.

Fue la consecuencia de una dura lección. Según un estudio publicado en el portal sciencidirect.com, donde se cita al biólogo Juan Carlos Riveros, la extracción no regulada de 1987 condujo a la caza furtiva de 100 de estas aves “y al abandono de cerca de 700 huevos por parte de adultos reproductores”. Un desastre ecológico evitable si se tomaban precauciones.

Se paralizaron las labores de extracción en este lugar por 14 años y recién se retomaron en el 2001, ya con un marco de regulación que neutralizaba este tipo de golpes a la fauna. En los años 2007, 2012 y 2019 (las campañas no se realizan todos los años para dejar que el guano se acumule) los protocolos se fueron afinando, para que extracción y conservación coincidieran.

Pingüinos de Humboldt cruzando la pampa de Punta San Juan.

En el 2009 se creó la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, que tiene una extensión de 140,833.47 hectáreas y abarca 22 islas e islotes y 11 puntas donde se acumula el guano, entre ellas Punta San Juan. Esa es la razón por la que, a partir del 2012, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado Peruano (SERNANP) se sumó al acuerdo.

En Punta San Juan, además de los pingüinos, viven las principales aves guaneras: el piquero (Sula variegata), el pelícano (Pelicanus thagus) y el guanay (Phalacocorax bougainvilli), que incluso debe su nombre al excremento considerado un mágico abono. Pero hoy, en este cielo nublado y en esta pampa polvorienta, estas especies casi no se divisan, ni en mar ni en tierra.

Cuando las aves se van

La población de aves guaneras sufre hoy una nueva crisis, de las varias que ha tenido en su tormentosa historia. De acuerdo con Agro Rural, en los últimos 10 años el número de individuos “ha fluctuado entre 2 y 4,5 millones”, y en el último censo (junio 2025) se registraron apenas 587.000. El Fenómeno El Niño, la gripe aviar y la sobrepesca industrial los han diezmado.

Este último factor, en teoría, debería ser más controlable. Pero según Daniel Cáceres, biólogo de Sustainable Ocean Alliance (SOA), no es así. A pesar de que desde el 2019 el número de aves comenzó a caer, por los otros factores mencionados, se aumentó la cuota de pesca de anchoveta para la flota industrial. “Cuando se sabía que las aves necesitaban más alimentos”.

Justamente para recuperar fuerzas y aumentar su población. “La pesca industrial compite directamente por este recurso y esto se manifiesta, de manera más clara, en la temporada reproductiva de las aves”, señalan desde Agro Rural. El impacto de la gripe aviar, asimismo, se sintió más en el 2023, con la muerte de miles de aves guaneras, en San Juan y otros lugares.

En el siglo XIX, la situación era distinta en estos parajes donde aún las aves revolotean. Había literales vetas de excremento, de varios metros de altura. Scarlett O´Phelan en su ensayo Humboldt, el Perú y sus recursos naturales: entre la plata y el guano, señala que entre 1851 y 1872, en la Islas de Chincha (costa sur del país), se extrajeron 10’000,000 de toneladas.

Restos óseos de un piquero guanero, en la costa de Perú, en julio de 2025.

En 1909, cuando sólo quedaban unos 4 millones de aves, la Compañía Administradora del Guano (CAG) creó un sistema de recojo rotatorio, que con variaciones aún se mantiene, y que condujo a un logro sostenible de antaño: en 1930 la población de aves subió a 10 millones. Más de 100 años después, otras tormentas y mareas hacen que sea difícil replicar esa gesta.

Pero se intenta. Franco Sandoval, biólogo de SERNANP, encargado del puesto de vigilancia y control de Punta San Juan declara que “anualmente, Agro Rural presenta un Plan de Extracción, en el que indica en qué puntas e islas va a ingresar para el aprovechamiento del guano”. Agrega que su entidad evalúa si hay anidamiento de aves, y otras condiciones, para autorizar el recojo.

Escobar ha vuelto a lanzar una alerta para que no se cruce la pampa porque ha aparecido otra tropa de pingüinos. Mientras los trabajadores guaneros y los investigadores de PPSJ esperan el paso triunfal de las aves, Daniel Huesa, un guardaisla (vigilante de lugares donde se recoge guano), explica cómo es la actividad de los 110 trabajadores guaneros que están en acción.

“Se pica [dice refiriéndose al acto de usar un pico para extraer el guano del suelo], luego se lleva a esos sacos negros, que tienen 40 a 50 kilos, en jornadas que comienzan a las 5 de la 12 del día. Desde que se comenzó esta campaña, el 22 de abril, se han sacado 1.500 toneladas”. Todo eso, sin embargo, se hace respetando otros protocolos, que no sólo implican dejar paso a las aves.

La campaña de este año, según un documento proporcionado por el PPS, implica también “vigilar la fenología (relación entre el ciclo de los seres vivos y el clima) de las poblaciones de fauna silvestre”, algo que resulta crucial porque la recurrencia de El Niño provoca un efecto pernicioso: la huida de la anchoveta, alimento vital de las aves, debido al calentamiento del mar.

Un Niño que cayó en los años 1982-83, reporta Agro Rural, provocó la muerte del 58% de aves guaneras. Otro, más reciente (2023-2024), ocurrió luego de la gripe aviar y golpeó fuertemente a las especies guaneras. Más aún: Susana Cárdenas, directora del PPSJ, señala en un artículo, que en el largo plazo el cambio climático haría que este fenómeno sea más recurrente e intenso.

Trabajadores de Agro Rural luego caminan por la pampa en San Juan de Marcona.

Y que eso tendrá “un efecto negativo sobre recursos clave como la anchoveta y, por lo tanto, sobre la población de aves”. Por eso, en esta campaña de extracción en Punta San Juan, también se observa el clima. Otro problema que se está monitoreando es el control de roedores, especialmente de ratas, convertidas en una macabra plaga invasora que ataca nidos y pichones.

El paso preferencial de los pingüinos es porque existen “corredores de pingüinos”. También se usan barreras visuales que ayudan a que los extractores no los perturben, ni a ellos ni a otras aves, algo que se comprueba al observar que la extracción se realiza dentro de un recinto cercado por una suerte de malla y por paredes hechas con sacos de guano, no totalmente al aire libre.

Abonando el futuro

En estas 54 hectáreas de Punta San Juan se intenta reinventar el presente y el futuro del guano, un abono que tiene entre 10 y 14% de nitrógeno, y entre 10 y 12% de potasio, dos elementos vitales para el crecimiento de las plantas. Su clave sostenible no está únicamente en la forma cómo ahora se extrae sino, además, en que no degrada el suelo, como lo hacen los químicos.

Se vende sobre todo a los pequeños agricultores del país, algunos de los cuales cultivan para su supervivencia en los Andes. Huesa, que es de la zona andina de Áncash pero tiene 30 años en este trabajo, se pone nostálgico al recordar su tierra y a la vez mira la pampa que producen el providencial abono. “Mi responsabilidad es proteger las aves guaneras, y acá estoy”, dice.

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