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Rafael Pardo
Columna

¿Por qué no podemos vivir en paz?

Aunque esta pregunta parece imposible de resolver, el nuevo libro de Rafael Pardo, que ha participado en todos los procesos de búsqueda de la esquiva paz, da pistas sobre los errores que seguimos cometiendo

Rafael Pardo Rueda en su estudio.CEDIDA POR RAFAEL PARDO

Rafael Pardo Rueda ha vivido, como todos los que hoy respiramos en “el país de la belleza”, en medio de la guerra. Loable la intención publicitaria de Marca País, pero la verdadera marca que tenemos todos es la del plomo. Y Pardo, en el servicio público, ha dedicado parte importante de sus años en esta tierra a que superemos la barbarie.

La voz de Pardo (título de su nuevo libro) ha sido importante para el país, incluso cuando escaseó en términos físicos, pero potente para quienes saben “escuchar” lo mucho que tiene para decir. Evitaré sumergirme más de lo que toca en el accidente cerebrovascular que le limitó el habla y cuyos detalles están en la obra. Las columnas se hicieron para leerlas. Y los libros, también, pero, antes, comprándolos, que es lo que me corresponde recomendar.

La potencia de la que hablo he podido presenciarla varias veces, gracias a la amistad y respeto profesional que tengo por su señora, Diana Calderón, y recordaré aquí apenas un día en especial, cuando en casa de Diana nos reunimos con él y un grupo de diez personas a “comer prójimo” y a “arreglar el país”.

Hablábamos hasta por las orejas y de diversos tópicos. “País de expertos”, como bien lo ha definido Felipe Zuleta. Pardo, atento desde una poltrona, seguía con los ojos brincando, como pelotas de ping-pong, a los eruditos de ocasión. Cada tanto, manoteaba con tanta educación como autoridad y, en perfecta combinación de señas de mano, expresión facial y cinco o seis palabras contundentes, planteaba una idea, sino brillante, al menos sensata. Porque siempre seremos más cerebro que lengua.

El mismo cerebro que dictó un libro valioso, del que quiero destacar la experiencia de Pardo en búsqueda de la esquiva paz. Conocimiento tiene, pues su nombre está ligado a negociaciones de paz con el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame (a ello sumado un rol fundamental en el proceso de paz con las Farc).

“Por alguna razón que no acabo de entender del todo”, dice, “he participado en absolutamente todos los procesos que se han vivido en nuestro país”. Y trata de explicarse por qué terminó siendo llamado a esas tareas: “intuyo que se debió en gran parte a mi temperamento paciente y a mi firme convicción en el diálogo”.

Un par de capítulos dedica Pardo a la paz en procesos que han tenido especiales dificultades y connotaciones, a pesar de que, ya a la distancia, la gente tienda a meterlos en un solo costal. Para decirlo en términos indicados para el personaje, “de noche todos los gatos son pardos”, pero no. Algo coincidente sí hay: las enseñanzas que de sus esfuerzos se derivan y que podrían ser aplicadas en el presente y futuro de cualquier intento de alcanzar la tranquilidad. Tomando la voz escrita de Pardo, un útil decálogo:

  1. “Uno de los principios fundamentales para negociar es no improvisar”.
  2. “La confianza entre las partes es un elemento integral de todo proceso de negociación”.
  3. “Todos los fracasos son temporales y lo que cuenta es el valor para continuar”.
  4. “La paz es frágil, muy frágil. Especialmente cuando apenas se está en los primeros pasos y ni siquiera se ha consolidado el objetivo del desarme”.
  5. “Los militares siempre han sido una de las patas fundamentales en las mesas de negociación”.
  6. “Los extremos ideológicos terminan siempre por dejar a mitad de camino las voluntades de ambas partes en un proceso, y con ello incrementan el conflicto y producen el recicle de la guerra”.
  7. “Por la corrupción no podemos estar en paz; la captura de los recursos públicos por parte de los ilegales, con la complicidad y favorecimiento de los clanes políticos regionales y con la omisión e impunidad desde el centro, cuando no su complacencia, es otro de los factores”.
  8. “(Los procesos) son posibles gracias al respaldo de la sociedad”.
  9. “La desmovilización de un grupo armado genera grupos disidentes posteriores, a veces más fuertes, más crueles y sin las reglas de la guerra”.
  10. “La pregunta continua sobre la paz se hace más compleja e incluye dudas sobre si la salida es la negociación y el sometimiento. Creo que la respuesta es sí”.

Panorama desolador: hoy no hay políticas públicas reales, capaces de ocupar los espacios territoriales con ofertas efectivas para los problemas de la gente. Seguimos fracasando en controlar la corrupción, la minería ilegal y el narcotráfico.

Súmese a ello un muy desabrido condimento: la sucesión de gobiernos que adolecen del complejo de Adán, ajenos a una sólida política de Estado para adelantar negociaciones fructíferas sobre lo ya construido.

Y, alrededor de las reflexiones de Pardo, la gran pregunta que titula esta columna y el capítulo cinco de su libro: ¿por qué no podemos vivir en paz? No hay una respuesta sencilla, entre otras, porque, como asegura Pardo, hoy estamos “inmersos en la pretensión de una Paz Total mal diseñada, con beneficios y reconocimientos perversos a los actores armados y sin una verdadera política de seguridad”.

Tal vez el candidato Iván Cepeda, que comprende tan bien el obrar de quienes pretenden cambiar el mundo usando la violencia y actuando al margen de la ley, pueda en una eventual presidencia (como padre de esa Paz Total) despejar el camino. Si es que ese camino no termina en un despeñadero.

***

Retaguardia. Lo de Oviedo con su insistencia en el apoyo al acuerdo de paz y a la JEP, y hablando de bloque de constitucionalidad, no es un conejo sacado de la chistera, ni un decir por decir. Juan Manuel Santos cree que el progresismo no aprovechó su momento y quiere, en beneficio del país, tender puentes para evitar su continuidad en el poder. Si lo hace directamente con Uribe, le tiran la puerta en la cara. De allí lo clave del factor Oviedo. Paloma no tiene que aplaudir el acuerdo (perdería coherencia), pero una promesa suya en el sentido de no entorpecer el desarrollo de su implementación bastaría para que el santismo se moviera a favor de su candidatura en el muy útil mundillo del tras bambalinas. Santos no está nada contento con Cepeda, diría uno, y recuérdese que Cepeda está detrás (y de frente) a los líos judiciales de Uribe. En la política, y en aras del triunfo, todo puede pasar. Las cosas son improbables, pero no imposibles. Los enemigos de mis enemigos pueden ser mis amigos.

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