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María Fernanda Cabal refuerza su apuesta por una derecha más radical

La senadora iza la bandera de su independencia tras anunciar su salida del partido que ayudó a fundar hace más de una década, el Centro Democrático, cuando era una insurrección contra la derecha tradicional

La senadora María Fernanda Cabal ha anunciado este lunes que quiere separarse de su partido, el Centro Democrático, una noticia que abre una crisis en la derecha política de Colombia, especialmente en la organización que ella ayudó a fundar en 2013 bajo el liderazgo del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Cabal, quien suma doce años como congresista, era precandidata presidencial, y deja su partido porque considera que este le hizo zancadilla cuando escogió a Paloma Valencia, otra senadora, como su candidata. No ha dado entrevistas al respecto, ni se ha enfrentado a su padrino político públicamente: Pero su esposo, el empresario ganadero José Felix Lafaurie, ha dejado clara su postura en una carta enviada al director del partido: “No queremos continuar en el Centro Democrático. Sentimos que no tenemos espacio”. Con su decisión, Cabal asume el riesgo de abrir un nuevo abismo en una derecha ya dividida en una decena de candidatos, pero refuerza su sello como una política más alineada con la derecha radical −dentro y fuera del país― que con la moderada.

La carta refleja una molestia evidente que venía creciendo en la casa de Cabal y Lafaurie. Antes del asesinato del senador y precandidato Miguel Uribe Turbay, el año pasado, la senadora criticaba abiertamente los altos gastos de esa campaña. Su carta reitera que la molestia iba más allá: ella y su marido criticaban la presencia del asesor venezolano Lester Toledo en esa campaña de Uribe Turbay, por sus “enredos y compromisos en negocios públicos poco claros”. Luego, cuentan, se enfrentaron a Miguel Uribe Londoño, padre del asesinado, que quiso entrar a la contienda para definir el candidato presidencial del uribismo, y Uribe Vélez le abrió las puertas pese a que otros políticos ya competían por esas banderas. Criticaron que Uribe Londoño no se reunía con los militantes, su “desigual fortaleza financiera”, y sus simpatías con el candidato de ultraderecha, Abelardo De La Espriella.

Pero la gota que rebosó el vaso, dicen, fueron las dos encuestas con las que se definió la candidatura de Valencia: “Es una certeza fáctica y moral que los resultados fueron adulterados”, afirman, al señalar de fraude a su propio partido. “La carta es apenas la punta del iceberg. Hay responsabilidades, trampa y mucho maltrato detrás. El país merece conocer la verdad, sobre todo, los más de 200 mil electores” de Cabal, escribió Juan José Lafaurie en X. Su mamá fue la mujer más votada en las elecciones del 2022. Con ese peso, y con su protagonismo político permanente, busca dirigir una escisión del partido. Pero esa posibilidad está fuera de discusión en estos momentos, dice la senadora Valencia, quien la invita a seguir en el Centro Democrático.

El riesgo político para el uribismo, y especialmente para Valencia, es evidente. La candidata pidió a Cabal, a quien ya había invitado a ser su jefa de debate, no dividir más a la derecha. “Hay un proyecto más grande, que es Colombia, que exige unidad y postergar las aspiraciones individuales”, ha dicho a EL PAÍS. “Entiendo que, cuando uno le ha metido tanto a la política, cuando es su proyecto de vida, perder es muy duro. A veces la gente necesita un tiempo para pasar ese sabor”.

La senadora rebelde, en cambio, se muestra menos preocupada por esa unidad, especialmente si significa acercarse a la derecha moderada o la centroderecha. Hace unos meses dijo que quien dividía a los precandidatos presidenciales era el expresidente Uribe Vélez, que venía reuniéndose con políticos externos a su partido, como la exdirectora de la revista Semana, Vicky Dávila, o el expresidente liberal César Gaviria. “Flirtear y sacarse fotos con otros genera confusión en el elector”, aseguró. Una frase en la carta deja entender que tampoco apoya que su partido participe en la llamada Gran Consulta con otros candidatos de la derecha. “Sin Abelardo y sin Fajardo, una consulta el 8 de marzo con el viejo santismo y un par de honrosas excepciones era irrelevante”, dice el texto. En contraste, Valencia se acercó rápidamente a esa alianza.

María Fernanda Cabal siempre ha estado ubicada a la derecha de la derecha. Conocida por su tono desabrochado, lejos de la etiqueta y el formalismo de la política tradicional, ha dicho que desea que Gabriel García Márquez esté con Fidel Castro “juntos en el infierno”, considera que la masacre de las bananeras de principios de siglo XX es “un mito”, y niega el exterminio del Estado contra el partido de izquierdas Unión Patriótica. Llegó a la Cámara por Bogotá en 2014 gracias a que su marido la sugirió para participar en una lista que jalonó la figura de Uribe Vélez. Ya como congresista, se encargó de darse a conocer en medios y redes, y de construir una estructura política en Bogotá y en su natal Cali sin depender tanto de su padrino político. Por eso se molestó en 2022, cuando el expresidente le negó la cabeza de la lista al Senado para entregársela a Uribe Turbay, más cercano al entonces presidente Iván Duque.

La ruptura de Cabal con el uribismo encuentra sentido en la genealogía de esa fuerza política. El Centro Democrático nació precisamente como una sublevación de políticos y militantes de derecha frente a otros partidos, como el Conservador o La U, que eran de ese mismo sector pero apoyaban al presidente Juan Manuel Santos ―este se había convertido en el gran blanco del odio de Uribe Vélez― . Cabal y Lafaurie apostaron por el partido que se ubicaba a la derecha de la derecha, que cuestionaba fuertemente a figuras como César Gaviria, y que, aunque Uribe bautizó “Centro Democrático”, poco tenía de centro.

Varias vueltas políticas después, el Centro Democrático y Valencia se acercan al centro y se alían con viejos escuderos de Santos, mientras Cabal refuerza su sello de radical. Es un eco de lo que ha ocurrido en la derecha en el mundo entero, rota por la distancia que marcan cuando outsiders como Javier Milei o Donald Trump frente a una derecha más tradicional. Admiradora de Nayib Bukele, de Jair Bolsonaro, cercana a políticos de Vox, su apuesta no es la unidad sino la ruptura. Su destino telegrafiado, ya que no puede lanzarse ya a la presidencia, sería la campaña del ultra Abelardo de la Espriella. Lafaurie y Cabal prometen en su carta seguir apoyando a Valencia. Será difícil mantenerse firme con ella, sin embargo, en medio de su despedida del partido que ayudaron a construir desde el 2013.

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