La congresista Omar, atacada en Minneapolis, desafía a Trump: “La intimidación no funciona conmigo”
La política de origen somalí, diana durante años de los insultos del republicano, comparece un día después de que un hombre le rociara un líquido en un acto público


La congresista de Minnesota Ilhan Omar no tiene planes de dejarse amedrentar por Donald Trump. Tras años de ataques verbales del presidente de Estados Unidos, Omar, estadounidense de origen somalí, fue rociada el martes con un líquido sin identificar por un hombre mientras estaba hablando en público en Minneapolis. Al día siguiente, lejos de esconderse, compareció de nuevo en el Karmel Mall, centro comercial de cuatro plantas y corazón de la comunidad somalí en la ciudad más poblada del Estado. Allí, la congresista avisó a Trump: “Creo que mi presencia en este lugar es la prueba de que el miedo y la intimidación no funcionan conmigo”.
Omar habló acompañada de la representante con Ayanah Presley (Massachusetts), compañera del ala más a la izquierda del Partido Demócrata, y de otros políticos locales y estatales, ante una mezcla de periodistas, dueños de negocios del centro comercial y activistas somalíes. “La retórica del presidente, los ataques que ha lanzado contra mí desde que asumí un cargo público, siempre han tenido como objetivo impedirme ejercer la función pública”, dijo. “Intentan intimidarme, empujarme a renunciar, y mi único mensaje es que no lo han logrado hasta ahora y no lo lograrán en el futuro”.
La política representa al quinto distrito de Minnesota desde 2019. Este miércoles, agradeció a Alex Pretti y Renee Good, dos estadounidenses muertos a manos de la policía migratoria de Trump, que tiene tomada Minneapolis desde hace casi dos meses, pidió la “abolición de ICE” (“ningún agente federal puede ser juez y verdugo en nuestras calles”) y recordó que durante su primera presidencia, los ataques de Trump la convirtieron en la congresista que más amenazas de muerte recibía.

“Después de que perdiera el poder, estas [amenazas] se desplomaron. Desde que ha vuelto a la Casa Blanca, me he convertido de nuevo en la persona más amenazada de muerte en el Capitolio”, explicó Omar, quien, tras el ataque del martes, pidió al presidente de la Cámara de Representantes, el speaker republicano Mike Johnson, un aumento de la dotación de seguridad, que Johnson, fiel aliado de Trump, le concedió.
Desde su regreso a la Casa Blanca, ha sido un año de ataques constantes por parte del presidente de Estados Unidos. Trump ha llamado “basura” a Omar, que llegó de niña al país como refugiada, la ha mandado de vuelta a su país, ha mentido repetidamente al decir que se casó con su hermano y ha ridiculizado su hiyab al definirlo como su “pequeño turbante”.
Poco antes de que la rociara con una jeringuilla un hombre de 55 años que uno de los testigos describió este miércoles a EL PAÍS como un “borracho”, el presidente de Estados Unidos dijo en un mitin en Iowa que los inmigrantes “tienen que demostrar que aman el país; tienen que estar orgullosos, no como Ilhan Omar”. La audiencia, adicta a los vituperios de su líder, celebró la referencia a la congresista de Minnesota con un sonoro abucheo.
Un “montaje”
Al día siguiente, Trump dijo en una entrevista en ABC News, de nuevo, sin pruebas, que estaba convencido de que el ataque fue “un montaje” de la congresista. Añadió: “No pienso mucho en ella”. En su comparecencia en el centro comercial somalí, esta subrayó la incoherencia de que el presidente de Estados Unidos declarara eso último, cuando la noche anterior había estado hablando “durante 20 o 30 minutos” sobre ella en Iowa. “Solo puede significar una cosa: Trump está atravesando un proceso de demencia”, advirtió la política.
Omar, una mujer menuda, reaccionó el martes a la agresión, que llegó en el preciso momento en el que esta pidió la dimisión de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional y cara visible de la agresiva agenda antiinmigración de la Casa Blanca, abalanzándose sobre el atacante, al que redujeron miembros de su equipo de seguridad. Después, la oradora insistió en seguir dando su discurso, pese a que le aconsejaron lo contrario.

El agresor ha sido acusado de asalto, y el FBI se ha hecho cargo de la investigación. Según dijo Omar el miércoles, este la atacó porque Trump le había hecho creer que era ella “la persona que protegía a los somalíes”. “Estamos protegidos por la Constitución”, dijo la congresista.
El presidente de Estados Unidos lleva meses culpando a toda la comunidad somalí en Minnesota, una de las más numerosas del país, de un fraude en la recepción de ayudas del Estado que se remonta a la pandemia. Ha habido juicios relacionados con ese fraude, así como condenas en los tribunales a ciudadanos, no solo somalíes. Trump ha usado ese escándalo para justificar el despliegue de 3.000 agentes federales en Minnesota, donde llevan dos meses embarcados en la mayor operación contra la inmigración irregular desde que el republicano regresó al poder.
Es una excusa defectuosa: la inmensa mayoría (más del 90%) de los somalíes de Minnesota, que empezaron a llegar como refugiados a este Estado del Medio Oeste en los noventa huyendo de la guerra, son ciudadanos estadounidenses o residentes legales, así que el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) no puede deportarlos, por más que Trump insista en la urgencia de hacerlo.
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