Los tiroteos a conductores, la imagen del terror del ICE en Estados Unidos
Como parte de un creciente patrón de violencia, agentes de inmigración han disparado a más de una docena de personas en el último año, incluyendo a la mujer baleada en Minneapolis esta semana

Van enmascarados, con solo sus ojos visibles, muchas veces vestidos de paisano, aunque portando chalecos antibalas y cargando armas. Se mueven en autos sin distintivos, pero cuando descienden en cualquier lugar ya casi nadie duda de quiénes son: se trata de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, o ICE, siglas que han pasado a ser sinónimo del terror que Donald Trump ha desatado en Estados Unidos durante el último año como parte de una persecución de migrantes sin precedentes.
Tan pronto detectan la llegada de los oficiales, activistas, voluntarios o vecinos suenan sus bocinas y silbatos para alertar del comienzo de una redada migratoria. Algunos graban y confrontan a los agentes, exigiéndoles que se marchen de su barrio. Otros bloquean su paso con sus vehículos. Es una escena que se ha repetido en las diferentes ciudades del país donde el Gobierno estadounidense ha lanzado operativos a gran escala para detener a extranjeros sin papeles: Los Ángeles, Chicago, Minneapolis… En esta última, sin embargo, uno de estos enfrentamientos acabó con la vida de una mujer este miércoles.
Se llamaba Renee Good. La ciudadana estadounidense de 37 años, madre de tres y poeta, murió por los disparos de un agente del ICE en un barrio al sur del centro de la ciudad más poblada del Estado de Minnesota. De acuerdo con los vídeos grabados por testigos en el momento del tiroteo, Good se encontraba en su camioneta, posicionada horizontalmente en medio de una calle, aparentemente obstruyendo el paso de varios vehículos del ICE, cuando dos agentes la abordaron y le pidieron que saliera de su auto, llegando incluso a intentar abrir la puerta del lado del conductor.

Un tercero grababa la escena y rodeaba la camioneta, hasta posicionarse en frente de ella. Después de que el agente no lograra abrir la puerta del vehículo, Good retrocedió un poco antes de avanzar girando a la derecha, en lo que pareció ser un intento de irse hacia la dirección opuesta de los oficiales. En ese instante, el agente que antes grababa agarró su pistola y disparó a Good a través del parabrisas delantero y luego un par de veces más por la ventanilla. El coche aceleró mientras se alejaba de los agentes antes de estrellarse unos segundos después.
El tiroteo, que el Gobierno ha justificado insistiendo en que el agente se defendió después de que Good intentara atropellarlo, y la muerte de quien ha sido descrita como una madre “cariñosa, comprensiva y afectuosa” y “un ser humano increíble”, ha conmocionado a una sociedad aterrorizada por una agencia migratoria envalentonada por un presidente que pretende llevar a cabo la mayor campaña de deportaciones de la historia de Estados Unidos.
Aunque el caso de Good ha sacudido al país y ha provocado protestas que han llevado a las autoridades a llamar a la calma y al gobernador de Minnesota, Tim Walz, a activar la Guardia Nacional del Estado en el caso de disturbios, el suyo no fue la primera vez que un agente disparó un arma durante un operativo migratorio desde que Trump volvió a la presidencia. Tampoco la última: a poco más de 24 horas de la muerte de Good, oficiales de otra agencia migratoria, de la Patrulla Fronteriza, tirotearon a dos personas en la ciudad de Portland (Oregón).
Un patrón: asesinados al volante
Desde que Trump regresó a la Casa Blanca hace casi un año, agentes migratorios han disparado a alguien o lo han apuntado con un arma durante una operación de control migratorio en casi 30 ocasiones, de acuerdo a un conteo de The Trace, un medio independiente y sin ánimo de lucro que se dedica a cubrir la violencia con armas de fuego en EE UU. Más de una docena de esos incidentes fueron tiroteos y “al menos cuatro personas han muerto”, alerta The Trace.
En estos tiroteos, ha surgido un claro patrón. Al igual que en el caso de Good y en el ocurrido en Portland la noche del jueves, la gran mayoría de las personas se encontraban en sus vehículos cuando fueron baleadas por agentes federales. En respuesta a los sucesos, las autoridades han afirmado que los agentes dispararon en defensa propia, por temor a ser atropellados, algo que la Administración Trump ha reiterado tras la muerte de Good.
“La mujer que conducía el coche se comportó de forma muy desordenada, obstruyendo y resistiéndose, y luego atropelló de forma violenta, deliberada y cruel al agente del ICE, que parece haberle disparado en defensa propia”, sostuvo el propio Trump. Esto a pesar de que los vídeos e imágenes del momento del tiroteo demuestran que Good no arrolló a ningún oficial.

Antes del suceso en Minneapolis, dos de los casos más mediáticos tuvieron lugar en Chicago, escenario de otro gran despliegue de agentes migratorios, que inició en septiembre y se alargó varias semanas. Ese mismo mes, Silverio Villegas-González, un migrante mexicano, fue detenido por agentes mientras conducía a las afueras de Chicago, en un barrio de mayoría latina llamado Franklin Park. Según la versión oficial, el hombre se resistió al arresto, intentó huir en su auto y arrastró consigo a un oficial del ICE, antes de ser matado a tiros.
En octubre, también en el marco de lo que el Gobierno llamó “Operación Midway Blitz”, durante la cual más de 1.600 personas fueron detenidas en la principal ciudad de Illinois, una mujer llamada Marimar Martínez conducía por otro barrio latino de Chicago, Brighton Park, advirtiendo a los residentes de que se avecinaba una redada. Recibió cinco disparos de un rifle de asalto por ello. Martínez sobrevivió y fue acusada de agredir a los agentes. Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional la tildaron de “terrorista doméstica”, al igual que han hecho con Good.
En el caso de Martínez, sin embargo, el agente que le disparó se jactó de ello en un intercambio de mensajes de textos que posteriormente fueron usados en la corte —“Disparé cinco veces y le hice siete agujeros. Apúntenlo en su informe, muchachos”— y los fiscales retiraron los cargos que habían presentado en su contra.
En respuesta a la creciente presencia del ICE en las ciudades, que ha llevado a un aumento en los enfrentamientos entre civiles y agentes, miles de ciudadanos se han entrenado voluntariamente para saber cómo reaccionar ante los agentes. Es por ello que vecinos del barrio donde Good fue asesinada cargaban con silbatos para alertar del comienzo de una redada, una herramienta que se ha empleado en otras urbes. El mismo día de la muerte de la madre de tres, se llevó a cabo uno de esos entrenamientos. Asistieron más de medio millar de minnesotanos.
El mayor presupuesto de la historia
Bajo Trump, el ICE se ha convertido en el principal armo ejecutor de la ofensiva antiinmigrante del republicano. Miles de sus agentes han sido desplegados en diferentes urbes gobernadas por demócratas con el fin de detener la mayor cantidad de migrantes. Acechan en los tribunales de inmigración para agarrar a migrantes que acuden a citas que hasta hace poco eran rutinarias. Patrullan barrios de mayoría latina y detienen a personas por su acento o aspecto físico.

Desde el verano pasado, los agentes han ido llegando a las ciudades en oleadas, sumando cientos o incluso miles de detenidos allí a donde van. Primero descendieron en Los Ángeles, luego en Washington D. C., Portland (Oregón), Chicago… hasta llegar a Minneapolis, último foco de sus operativos. El pasado lunes, se supo que el Departamento de Seguridad Nacional, agencia matriz del Servicio de Inmigración, enviaría 2.000 agentes al área de las Ciudades Gemelas, como se le conoce a Minneapolis y St. Paul, para lo que el director interino del ICE, Todd Lyons, denominó “la mayor operación de inmigración jamás realizada”.
Ahora, tras la muerte de Good, el Gobierno planea enviar a las dos ciudades a más de un centenar de agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) para apoyar las labores del ICE en Minnesota, según adelantó The New York Times este jueves.
El ascenso del ICE bajo Trump ha sido meteórico, a la par con las exigencias de Trump para engrasar la maquinaria de deportaciones de EE UU. El Servicio de Inmigración cuenta hoy con el mayor presupuesto para una agencia en la historia del país, por encima del dinero destinado al FBI, la DEA y otras entidades federales y superior al presupuesto anual de Defensa de países como Italia o Brasil. Esto es gracias a la reforma fiscal del republicano aprobada en julio pasado, bajo la cual el ICE recibió más de 100.000 millones de dólares para ampliar extraordinariamente sus operaciones y capacidades hasta 2029.
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