Por qué ha vendido Britney Spears su catálogo: el negocio de los fondos de inversión con las leyendas de la música
La princesa del pop se une a una tendencia en auge en la industria a la que ya se sumaron en los últimos años Justin Bieber, Tina Turner o Justin Timberlake, entre otros

La venta del catálogo musical de Britney Spears es, sin duda, una de las noticias de la semana. La artista habría llegado a un acuerdo estimado en alrededor de 200 millones de dólares con Primary Wave, una empresa de publishing y gestión de talento que se ha consolidado como una de las principales compradoras de catálogos en la industria.
Los detalles del acuerdo no se han divulgado y están protegidos por estrictas cláusulas de confidencialidad, por lo que la información disponible proviene principalmente de reportes de la prensa especializada. Se ha informado que Spears habría vendido su participación en el catálogo, probablemente incluyendo regalías de artista y derechos editoriales. La cantante tiene créditos como compositora en casi 40 canciones, aunque solo algunas fueron grandes éxitos, como S&M, Work Bitch! o Everytime. Es muy poco probable que sus derechos de imagen y nombre estén incluidos en el acuerdo, y sus grabaciones originales (masters) continúan bajo propiedad de Sony Music.
Los motivos de esta venta son variados y no responden únicamente a la situación concreta de Britney, sino a una tendencia cada vez más consolidada en la industria musical global. En los últimos años, varias superestrellas como Justin Bieber o Shakira han optado por vender sus derechos musicales por grandes acuerdos, en una estrategia en la que los fondos de inversión han adquirido un papel relevante y que está transformando el valor económico de la música.
Spears vendió su participación en su catálogo a Primary Wave, una empresa especializada en invertir, adquirir y explotar derechos musicales, que además ha recibido financiación clave de fondos de inversión como Brookfield Asset Management, Black Rock u Oaktree Capital Management. Una inyección de capital en parte orientada a la “adquisición de catálogos musicales”.
Primary Wave ya obtuvo el catálogo de leyendas de la música como Ray Charles, Bob Marley, Whitney Houston, Burt Bacharach, Smokey Robinson, The Four Seasons y Stevie Nicks de Fleetwood Mac. En el caso de Britney, hay varias razones que permiten explicar este movimiento.
En primer lugar, vender un catálogo permite recibir una importante cantidad de dinero de forma inmediata. Spears es una leyenda con un impacto cultural inconmensurable, pero respecto a la industria como mercado, no ha publicado un álbum desde 2016 (Glory) ni ha realizado giras desde el Piece of Me Tour de 2018. Tampoco se prevé que lo haga en un futuro cercano, ya que la artista declaró que “no tiene intención” de volver a actuar en Estados Unidos, por lo que la venta de su catálogo representa una estrategia financiera sólida. Es una manera de capitalizar su legado sin tener que participar activamente en promociones, giras u otras acciones comerciales.
Además, es importante recordar que la traumática tutela que su padre, Jamie Spears, ejerció sobre ella (con control total sobre su vida personal y profesional) se prolongó durante 13 años. Esta situación no solo provocó efectos devastadores en la artista a todos los niveles, sino que también supuso un duro golpe para sus finanzas: Spears tuvo que pagar millones de dólares en honorarios legales en su intento por limitar el control de su padre durante ese periodo, según ha informado Forbes.
Asimismo, diversos medios señalan que toda la polémica vinculada a la tutela tuvo un impacto significativo en la reputación de Britney Spears, afectando también su relación con patrocinadores. En 2015, la intérprete de Toxic dejó de participar en campañas publicitarias televisivas, lo que supuso una reducción en sus ingresos comerciales. De esta manera, la artista habría dejado de percibir distintas fuentes de ganancias que hasta entonces formaban parte importante de su actividad.
Por qué cada vez más artistas venden sus catálogos
En la última década, vender derechos musicales se ha convertido en una estrategia habitual para artistas de todos los géneros y generaciones, tal como refleja un arduo análisis de Rolling Stone en el año 2021. Una de las razones principales es la estabilidad económica: los royalties (es decir, el dinero que generan las canciones al reproducirse, licenciarse o usarse en medios) pueden variar con el tiempo. Al vender su catálogo, los artistas abordan esa incertidumbre y se aseguran ingresos inmediatos. Aunque en el caso de Britney, 200 millones de dólares se considera una suma baja para el impacto cultural de su legado musical.
Los factores fiscales también influyen. En algunos países, recibir un pago único puede ser más “ventajoso” que tributar anualmente por regalías durante décadas. En el caso de artistas veteranos, la venta de un catálogo facilita además la planificación patrimonial, ya que dividir derechos musicales entre herederos puede ser complejo, mientras que una suma de dinero simplifica la distribución del patrimonio.
Otro motivo estratégico está relacionado con la evolución del mercado musical. El streaming domina el consumo actual, pero su crecimiento podría estabilizarse en el futuro. Algunos artistas prefieren vender sus derechos mientras el valor de sus canciones sigue siendo alto.
La creciente tendencia de artistas que venden sus catálogos (como Shakira, Justin Bieber, Bruce Springsteen, Stevie Nicks, Neil Young, Mick Fleetwood o Ryan Tedder) se explica por el auge de un nuevo negocio: la adquisición de catálogos musicales. Desde la pandemia, fondos de inversión y empresas especializadas en música han identificado estas operaciones como una estrategia más rentable, lo que ha impulsado que cada vez más artistas opten por vender sus derechos.
Compañías como Primary Wave o Hipgnosis Songs Fund (ahora Recognition Music Group) actúan como compradores de catálogos, ofreciendo a los artistas sumas importantes a cambio de sus derechos. Para estas empresas, las canciones son activos financieros comparables a bienes raíces o acciones, que generan ingresos constantes a través de streaming, redes sociales o publicidad. Además, los más legendarios pueden generar beneficios durante décadas, adaptándose a nuevas formas de consumo.
En este mercado, también juegan un papel clave los agentes tradicionales de la industria, ya que las grandes discográficas han cerrado acuerdos millonarios para adquirir catálogos de leyendas, como Sony con Bruce Springsteen o Universal con Bob Dylan. De hecho, en 2025, Sony compró una parte de Hipgnosis Songs Group, mientras que los catálogos más grandes de Hipgnosis permanecen bajo el control del fondo de inversión Blackstone, que los opera ahora bajo el nombre de Recognition Music Group.
Sin embargo, cabe destacar que en los años después de la pandemia este modelo de negocio ha variado su rentabilidad por el aumento de la deuda, la inflación y los tipos de interés al alza, razón por la que la antigua Hipnosis Songs Group perdió fuerza como uno de los agentes liderando la tendencia en la industria.
En todo caso, el aumento en la venta de catálogos está cambiando quién controla la música y cómo se utiliza. Anteriormente, los artistas mantenían una relación más directa con sus obras, que eran gestionadas por editoriales tradicionales. Estas ofrecían adelantos o préstamos a los autores, conservando gran parte del control sobre la explotación de las canciones y cobrando royalties conjuntamente con ellos.
A diferencia de esto, los fondos de inversión compran directamente los derechos patrimoniales completos de los catálogos. Esto permite una explotación comercial total, orientada a la maximización del beneficio, lo que puede traducirse en un mayor uso de las canciones en películas, anuncios o proyectos audiovisuales, y limita aún más el control creativo de los artistas sobre sus obras.
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