Soy un universitario en Estados Unidos pero no lo sabía: la estafa de los “alumnos fantasma”
El reportero cuenta su propia experiencia de una nueva modalidad de fraude a través de falsas inscripciones en universidades públicas de California, que ha robado al menos 11 millones de dólares

Ahora mismo hay otro Isaías Alvarado que deambula como un fantasma por los pasillos de una universidad pública en California. Ese doble apócrifo se mueve con mis datos: nombre, número de seguro social, fecha de nacimiento. Llevo tres meses intentando convencer a los burócratas de esa escuela de una verdad elemental: que yo soy yo. No estoy solo en este extraño y complejo esquema de robo de identidad. Alrededor de 1,2 millones de solicitudes de admisión falsas dirigidas a centros de educación superior comunitarios del Estado fueron detectadas en 2024. Fue así como sofisticadas bandas de estafadores, algunas de las cuales operan desde el extranjero, robaron más de 11 millones de dólares ese año.
Quienes dirigen el sistema de Colegios Comunitarios de California (CCC) afirman que están tomando cartas en el asunto y echan mano de la inteligencia artificial y de otros métodos avanzados para detectar inmediatamente a los defraudadores. Sin embargo, pareciera que este problema sigue rebasando la capacidad de respuesta del Gobierno, que aún no encuentra la fórmula para detenerlos.
“Buscamos constantemente mejorar estas medidas para garantizar que solo estudiantes auténticos puedan completar el proceso de solicitud y matricularse”, señaló la Oficina del Canciller de los CCC en un comunicado enviado a EL PAÍS.
A mí, el inconveniente se me reveló de golpe a mediados de enero, cuando intentaba tomar unas clases en un community college de Los Ángeles. Mientras creaba una cuenta de estudiante, el sistema me indicó que ya existía un perfil con toda mi información personal. La única opción para registrarme era recuperar la clave, pero el enlace para hacerlo llegaría a una cuenta de Hotmail. Solo el estafador tendría acceso a ella. Había entonces que denunciar el hecho.
Lo que siguió fue un proceso frustrante que pone de manifiesto lo difícil que puede resultar para los afectados incluso confirmar que son víctimas de este engaño. No parece existir un sistema claro ni centralizado para ayudar a nadie. Las llamadas se transfieren de una oficina a otra. No hay un protocolo que establezca quién es el responsable de tomar el caso, ya no digamos resolverlo. Hay que lidiar con una burocracia que no comprende del todo la magnitud ni la urgencia del problema. En un punto me pidieron que enviara fotos de mi pasaporte y licencia de manejo, pero ni así pudieron verificar mi identidad. El otro Isaías Alvarado sigue hoy “tomando clases” en esa escuela y no sé qué más ha hecho en mi nombre.
Así operan los estafadores
Hay 116 community colleges en California, donde están inscritos más de 2,1 millones de alumnos, de los cuales el 48% son hispanos. Estas escuelas son de bajo costo y ofrecen carreras cortas de hasta dos años, cursos básicos, así como programas de transferencia a universidades que sí entregan títulos profesionales. Cualquier persona que solicite ingreso es admitida, al menos si nadie tomó su lugar antes.
Desde la pandemia, las clases virtuales e híbridas se incrementaron, lo cual generó vulnerabilidades que están aprovechando grupos de estafadores que operan dentro y fuera de Estados Unidos. Hasta ahora nadie ha sido acusado penalmente por esta modalidad de fraude.
El órgano que gobierna los CCC ha detectado que la llamada estafa de “los alumnos fantasma” ocurre en tres fases. La primera es cuando el defraudador no pasa de solicitar acceso a la universidad. La segunda abarca desde la etapa en que ha logrado pasar los primeros filtros y hasta los intentos para registrarse en los cursos que ofrece el plantel. La tercera se desarrolla en un terreno más peligroso para las instituciones, pues el estafador permanece en las clases virtuales hasta que sigilosamente pide ayuda financiera al Gobierno para libros, alimentación, vivienda, transporte y otras necesidades escolares.
Los delincuentes que han llegado hasta esa etapa han hecho su agosto. Solo en 2024, a través de este método lograron sustraer indebidamente unos 8,4 millones de dólares en ayuda federal y 2,7 millones de dólares en asistencia estatal. Ese año, hubo 1,2 millones de intentos de inscripciones falsas, que significaron tanto como el 31% del total de las solicitudes de matriculación. Otro dolor de cabeza: esos “estudiantes” sin rostro ocupan pupitres limitados y dejan fuera a muchos.
“Es un problema mayúsculo”, declaró Jason Williams, de la Oficina del Inspector General del Departamento de Educación federal, a la cadena ABC. “Al robar identidades... estos préstamos escolares quedan sin ser pagados”, agregó.
Citando razones de seguridad, la Oficina del Canciller de los CCC declinó revelar a este medio qué escuelas han resultado más afectadas. “Es fundamental señalar que la lucha contra el fraude es un proceso continuo que evoluciona a medida que los delincuentes siguen modificando sus ataques y empleando técnicas cada vez más sofisticadas”, indicó el organismo. “A medida que mejoramos en la lucha contra el fraude, los delincuentes se adaptan y cambian su enfoque”.
La rectoría de las universidades públicas de California afirma que le ha resultado conveniente usar inteligencia artificial para identificar patrones de datos sospechosos “dentro de un paradigma de respuesta rápida” en los procesos de inscripción. “Es capaz de identificar grupos de solicitudes y matriculaciones fraudulentas”, explicó sobre el programa.
Una propuesta que los CCC esperan abone a su lista de estrategias sería exigir a los solicitantes mostrar una licencia de manejo emitida por el Gobierno de California o verificar su identidad a través de la plataforma especializada ID.me.
“Estos niveles estratégicos se han implementado para respaldar los esfuerzos tanto a nivel estatal como local, garantizando que el tiempo del personal y los fondos de ayuda financiera se destinen a estudiantes reales”, dijo el organismo.
Esta dependencia de sistemas automáticos revela también otro problema de fondo. En años recientes, los CCC perdieron el 20% de su fuerza laboral debido a renuncias y retiros voluntarios. Por falta de presupuesto, esas vacantes jamás fueron llenadas con nuevas contrataciones.







































