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Regreso ‘vintage’ a Estambul a través de ‘El museo de la inocencia’ de Pamuk, reconvertido serie en Netflix

Ese peculiar universo acerca del amor obsesivo y el culto a los objetos que protagonizan Kemal Basmacı y su amada Füsun, en una de las novelas más famosas del Nobel turco, es ahora una serie de nueve capítulos

Imagen de la serie 'El museo de la inocencia'.Netflix

Hay una manera disparatada pero sentimental y tierna de volver a Estambul a través del visillo vintage de los años setenta y ochenta. Es la que nos llevaría a contar hasta 4.231 colillas de cigarros de la marca turca Samsun, pero observando, cual perito experto en obsesiones, si las colillas están retorcidas o no, si tienen restos de carmín o no, si están apuradas hasta el filtro o no. Toda esta minuciosa tarea, en principio pueril, nos metería de lleno en la novela El museo de la inocencia, ese peculiar universo acerca del amor obsesivo y el culto a los objetos que protagonizan Kemal Basmacı y su amada Füsun. Quizá sea la novela más famosa y compartida del escritor turco Orhan Pamuk.

El autor quiso en su día trasvasar su novela a un espacio físico. De modo que se empeñó en construir y diseñar un coqueto museo acorde, planta por planta, con los intríngulis de la historia. El museo-novela o la novela-museo (como se quiera), se halla en las callejas del pintoresco barrio de Çukurcuma. La historia amorosa y compulsiva del rico empresario Kemal con Füsun (su venerada damisela y pariente lejana más pobre), quedó registrada hasta el ultimísimo pormenor en las 74 vitrinas de este museo de objetos y recuerdos que abrió en 2012 (se exponen tras una mampara esas 4.231 colillas datadas con su fecha exacta).

Como no hay dos sin tres (primero fue la novela y luego el museo), ahora llega la versión de El museo de la inocencia en forma de serie vía Netflix. Con 73 años (en 2026 se cumplen 20 años de la concesión del Premio Nobel), el escritor ya tiene la ansiada serie por cuyos derechos tanto había porfiado tras firmar un primer y fallido contrato con una productora de Hollywood. Sus representantes quisieron profanar su obra hasta lo inadmisible (un horror: Kemal dejaba embarazada a Füsun).

Producida ahora por la turca Ay Yapım y dirigida por Zeynep Günay, El museo de la inocencia contiene nueve capítulos. A decir verdad, de inicio la serie pone en guardia a los devotos de la novela de Pamuk. ¿Y si nos chafan la idea mental que nos habíamos hecho de Kemal y de Füsun? ¿Y si no cuadra el guion con la voz narradora profunda y minuciosa que da poso y cuerpo al libro? ¿Y si el Estambul vintage que aflora en sus páginas se nos ofrece como una tramoya de cartón piedra? Todo temor se desvanece. Hasta Pamuk, muy pejiguero con el guion final, dio su plácet. La serie, tras cuatro largos años de rodaje (lo nunca visto en Ay Yapım), ha reavivado en Turquía el interés por la novela (2008) y por el museo de Çukurcuma.

Se dice en El museo de la inocencia que cuando encontramos un objeto nace una historia. Capítulo tras capítulo, muy bien ambientado todo, se van desarrollando las transiciones entre aquellos años pop a la turca en los que discurre la serie y los objetos que el enamorado Kemal, entre la parafilia y el exvoto, va recolectando con maniático tesón para evocar cada único momento vivido con Füsun. Un profano podrá decir que la frontera con la ridiculez y la perversión es fina. Pues sí, oiga.

El círculo familiar de Kemal refleja todo un microclima burgués, europeizado, patriarcal y clasista (Pamuk procede de este ambiente). Aunque modernitos en aquella Turquía laica como nación (pero religiosa y tradicional en los usos sociales), los repijos turcos se citan entre fiestas, restaurantes, viajes de compras a París y noviazgos que flirtean con la pérdida de la virginidad antes del matrimonio (ese “llegar hasta el final” que tanto se repite en la serie). De hecho, se muestra alguna que otra escena de cama no muy común en los pacatos estándares de las series turcas (por verse hasta se ven los senos de Füsun).

El joven y pudiente Kemal, cuyo padre hizo fortuna en los negocios, se había comprometido con Sibel. Pero tras coincidir un día con la dependienta Füsun en una tienda de moda, su vida dará una vuelta de campana. Se convertirá en amante y, también, en una especie de desclasado y de paseante esnob que redescubre el Estambul de los barrios empobrecidos. En el capítulo en el que Füsun aspira a ser actriz de cine, la serie nos recuerda que antaño Turquía tuvo una excepcional industria cinematográfica con melodramas de aúpa. Fue el llamado cine de Yeşilçam, el Bollywood del Bósforo. Su estrella de los cincuenta a los setenta se eclipsó y el actual exitazo de las series turcas (las dizis) no debe confundirse con los mejores años de aquel cine patrio.

Vasos y vasos de raki y cigarrillos a tutiplén aroman la serie (no recomendable para quien esté dejando de fumar). Se muestra fielmente el coto social de los pudientes que viven en la zona residencial de Nişantaşı. Aquí es donde se crio el propio Pamuk y donde ambienta muchas de sus traviesas alegorías literarias a través de sus personajes. Y es aquí, también, donde vive la familia de Kemal y donde se halla el Edificio Compasión. De picadero para el amor furtivo entre el enamorado y su pariente lejana, este inmueble se irá convirtiendo en una suerte de chamarilería de objetos relacionados con Füsun o simplemente tocados por ella.

2.864 visitas

Otras localizaciones nos sitúan en Çukurcuma. Aquí vive Füsun con sus padres en una casa que servirá de museo en la vida real muchos años después. De 1976 a 1984, Kemal nos cuenta que visitó este hogar 2.864 veces a lo largo de 409 semanas (cenó en ella durante 1.593 noches, a cuatro cenas por semana). Curiosamente, aparecen pocas mezquitas en los fotogramas de Estambul y apenas si se oye de fondo la melopea del muecín llamando a la oración. El golpe de estado de 1980 producido en Turquía tiene su reflejo en la serie, en esa secuencia entre militares y en la que Kemal va armado… con un rayador de cocina.

Orhan Pamuk se marca un cameo al inicio y al final de la serie (él mismo se hace sus propios cameos literarios en sus novelas). Füsun la interpreta Eylül Lize Kandemir y el actor Selahattin Paşali (aquel fiscal del estupendo thriller rural Burning Days de Emin Alper), encarna a Kemal Basmacı.

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