Bruce, el loro con discapacidad que acabó dominando a su bandada
Sin aliados, y cuestionando las ideas que se tienen sobre la supervivencia en el mundo animal, este ave ha consolidado su liderazgo gracias a una genuina estrategia de combate


Un loro en peligro de extinción ha demostrado que convivir con una discapacidad no es impedimento para conseguir una posición privilegiada dentro de su grupo. Su nombre es Bruce, un kea que vive en una reserva de vida silvestre en Nueva Zelanda. Este ave carece de su pico superior. En el mundo de los animales, eso podría dejarlo en una situación de vulnerabilidad ante confrontaciones por el espacio, la comida o el estatus. Sin embargo, su historia es distinta: Bruce es el macho alfa.
Este ave no repite las mordidas ni la forma habitual que tienen los kea de fijar el cuello del rival para dominarlo. En su lugar, avanza de frente, se proyecta, impulsa su cuerpo contra el de su adversario y usa su pico inferior, el único que tiene. Así lo documenta una investigación que se publica este lunes en la revista Cell Press.
Alex Grabham, investigador de la University of Canterbury (de Nueva Zelanda) y autor principal del estudio, cuenta que Bruce es capaz de aplicar su estrategia en distancias cortas y también en más largas distancia o en pleno movimiento. Se trata de una técnica irreplicable por sus congéneres: la anatomía de los kea —con el pico superior cubriendo el inferior— les impide imitar ese tipo de ataque.
Según explicó este biólogo, inicialmente el equipo buscaba analizar las hormonas del estrés de los kea en cautiverio en la reserva neozelandesa Willowbank Wildlife, en Christchurch, en la costa este del país. Sin embargo, lo que ocurría con el ave les sorprendió. “No esperábamos que le fuera mal con la discapacidad, pero sí que sobreviviese lo mejor que pudiera”, apunta el investigador. Sin embargo, Bruce no estaba simplemente haciendo eso. “La verdad es que le va muy bien”, incide Grabham.
En cuatro semanas, la investigación registró 227 interacciones de keas, 162 de ellas entre machos. Bruce ganó los 36 combates en los que participó y se hizo con el liderazgo de la dominación. Ningún otro macho logró superarlo. “Es un ejemplo de que discapacidad no tiene por qué implicar debilidad”, afirma Grabham.
Para la etóloga Sara Álvarez, cuando un individuo convive con una discapacidad, tiene alguna malformación o ha sufrido alguna patología que le ha dejado secuelas “puede ser relegado a una posición más subordinada”. Por eso, admite, “es bastante sorprendente que en este caso no ocurra”. Y apunta que existen casos documentados de especies donde habilidades como el conocimiento del entorno o la capacidad para encontrar recursos pueden compensar otras desventajas. “Seguramente, este individuo tiene ciertas habilidades que le permiten mantener el estatus”, plantea.
Más privilegios, menos niveles de estrés
El liderazgo de Bruce no se limita a las peleas. Gracias a su estatus, tiene acceso prioritario a los comederos: nunca fue desafiado mientras se alimentaba y en varias ocasiones monopolizó los cuatro puntos de comida durante al menos 15 minutos, constataron los investigadores.
Además, recibió acicalamiento. Los machos de menor rango se encargaban de limpiarle el pico. Aunque durante años se interpretó como una cuestión de higiene, ese comportamiento se entiende hoy como una herramienta social. “Está relacionado con el estatus jerárquico y con la reducción de tensiones”, afirma Álvarez.
El caso de Bruce tiene otra particularidad. Mientras en muchos animales el estatus alfa suele asociarse a mayores niveles de estrés, este ave presentaba los niveles más bajos de metabolitos glucocorticoides fecales (fGCM), un indicador fisiológico que se usa para medir el estrés. “En la mayoría de especies, el individuo dominante presenta niveles más elevados”, explica Álvarez. La razón, dice, puede deberse a que el alfa soporta más presión. Pero no es una medida absoluta. “Tiene cierta variabilidad, puede enmascararse con otros factores, incluso de salud”, añade. “Los estudios de estrés no deberían basarse solo en hormonas, sino también en el comportamiento”, apunta la etóloga. Las conductas anómalas también pueden brindar pruebas.
Un liderazgo sin aliados
Durante décadas, se ha creído que en los enfrentamientos entre animales prevalece el individuo más fuerte, el más grande o el mejor armado. En algunas especies, si el líder tiene alguna debilidad, mantienen su dominio con alianzas —así ocurre con los chimpancés y macacos―. Sin embargo, Bruce no parece necesitar aliados.
“Nuestros hallazgos proporcionan el primer ejemplo de un animal con discapacidad de cualquier especie que logra y mantiene individualmente el estatus de macho alfa únicamente mediante innovación conductual”, informaron los investigadores en el estudio.
Mientras en primates se trata de un método que se repite, en aves, sin embargo, el escenario puede variar. Aunque tener aliados suele ser ventajoso, señala Álvarez, no siempre es imprescindible. La clave podría estar en el entorno. “Si hay recursos suficientes y el área es grande, quizá no los necesita”, apunta. Es decir, en contextos con menor presión o conflicto, la dominancia puede sostenerse sin apoyo social.
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