‘Más que rivales’: hace falta valor
Desde que los personajes gais se han asentado en el ‘mainstream’ televisivo, logro que celebro, el ‘mainstream’ televisivo ha colonizado a los personajes y universos gais


Quiero ver una serie protagonizada por hombres gais gordos, calvos, feos, sin dinero; una serie en la que esos señores tengan amigas, compañeras de trabajo, familia, una vida más allá de sus intereses amorosos y/o sexuales, conflictos que no solo tengan que ver con su orientación sexual. Quiero ver una serie en la que se hable del sistema de castas dentro de la sigla más privilegiada del colectivo, de cómo perseguir el éxito normativo está haciendo infelices a muchos hombres homosexuales. Quiero ver una serie en la que los personajes gais no solo sean víctimas, sino que también puedan ser villanos. O las dos cosas a la vez. O ninguna. Una serie cuyos protagonistas pongan los ojos en blanco ante esa representación de belleza escultural doliente, lujo vacuo y sexo blanco y aséptico que les devuelven las series actuales de más éxito que abordan la cuestión gay. Quiero ver, en definitiva, una serie en la que sus protagonistas se rían de Más que rivales.
Algunas ha habido desde que se estrenara Queer as Folk hace 25 años. Pero mi sensación es que desde que los personajes gais se han asentado en el mainstream televisivo, logro que celebro, el mainstream televisivo ha colonizado a los personajes y universos gais, otrora habitantes de series que se podían permitir audacias que en la actualidad solo olemos de lejos. Nos hemos acostumbrado a tener que transigir con series anodinas que se disfrazan de importantes cuando lo único que quieren es dar para paja —es fascinante que en la era de cualquier tipo de porno a un clic, esto siga funcionando como reclamo—. ¿Por qué en el último año hemos visto ficciones protagonizadas por mujeres lesbianas tan dispares como Pluribus, La bestia en mí o The Last of Us, pero en el caso de los hombres homosexuales cuesta tanto salir del anuncio de colonia adornado con mensaje? Para el resto del colectivo, necesito otra columna.
Por supuesto, la culpa de esto no la tiene Más que rivales, este Cincuenta sombras de gais canadiense que se ha convertido en un éxito internacional y acaba de llegar a Movistar Plus+. Es injusto responsabilizar a una serie de un fenómeno del que solo es consecuencia. Es injusto también exigirle esto a las series que representan a minorías cuando ocurre todo el rato en las que no, solo que por número les resulta más fácil registrar variedad. El mercado va a seguir pidiendo escuelas de calor cuando lo que hace falta es valor.
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