Intento de atentado a Trump: Magnicidio pop
Tras el fallido atentado del sábado me pregunto qué hace falta realmente para acometer un magnicidio


Billy Pilgrim sabe que Paul Lazzaro le matará. Así ha sido y así es. Pilgrim ha viajado al planeta Tralfamadore y ha aprendido a ver el tiempo como un todo en lugar de como una línea recta sin marcha atrás. Lazzaro no se mancha las manos; no es él quien empuña el arma, y la muerte de Pilgrim tampoco reparará su presunta falta. Weary (de cuya muerte Lazzaro culpa a Pilgrim) no volverá a la vida con el asesinato. La inevitabilidad del atentado es el centro de la novela Matadero cinco.
Tras el fallido atentado del sábado (sucedido en nuestra madrugada del domingo) en la Casa Blanca me pregunto qué hace falta realmente para acometer un magnicidio. La carrera política de Trump ha sido desde el principio como su figura mediática: excesiva, grotesca, ramplona y muy hortera. A los dos intentos de asesinato hay que añadir el culmen de la astracanada guerrillera, aquella tropa de indigentes mentales que asaltaron la Casa Blanca disfrazados de los Village People, los Hermanos Macana, los Sawyer, y los Lamecacerolas. “Go home, we love you”, dijo Donald Trump sin añadir una palabra de condena a los actos de sus fans. Desde el retén español de apoyo a MAGA se dice que ese ataque lo perpetraron grupos antifas disfrazados de buenos americanos. Del tipo vestido de nativo americano (Jake Angeli) lo sabemos todo, y del resto de colgados de tronío también. Lo sabemos todo de Mateo Morral (aunque un conocido sostiene conocer a los descendientes del verdadero Mateo Morral, huido después de fallar el tiro a Alfonso XIII), igual que lo sabemos todo de Luigi Mangione.
No pretendo ser conspiranoica, pero si a Donald Trump quisieran matarle, ya le habrían matado. Si le quisieran deponer, ya le habrían depuesto. Por algún motivo sigue en la presidencia, diciendo y haciendo barbaridades que tendrían gracia si no tuvieran consecuencias en nuestras vidas. No le deseo la muerte, pero sí la cárcel y sobre todo el silencio. El mundo iba mejor cuando a este señor le quitaron Twitter. Donald Trump sabe que no le matarán. Su país creó el magnicidio como obra pop, como materia para la fabulación. MAGA ya tuvo su mártir (Charlie Kirk), y no añadirá uno más. El magnicidio es a plena luz del día, con público, con una mano ejecutora clara y unas motivaciones oscuras. El magnicidio pop necesita estar a la vista de todos, como los buenos trucos de magia.


























































