La reinvención del ‘murder mystery’: Dalí como sospechoso de asesinato, turistas en Lisboa imitando a Sherlock y famosos jugando al Cluedo
Un género infalible para el entretenimiento se hace omnipresente esta temporada. Siguiendo la estela de ‘Solo asesinatos en el edificio’ y ‘Puñales por la espalda’, Antena 3, Filmin y Disney+ abrazan el ‘whodunit’


La fórmula es infalible. Un puñado de personajes quedan encerrados en un lugar seductor y aparente justo después de que ocurra un asesinato, del que son sospechosos o incluso los encargados de investigarlo. Tras el éxito de la serie Solo asesinatos en el edificio y la saga cinematográfica Puñales por la espalda, esta temporada televisiva se llena de propuestas que buscan reinventar el género conocido como murder mystery. Las recién estrenadas miniseries Esto no es un misterioso asesinato (Filmin) y Si es martes, es asesinato (Disney+) y el inminente programa especial Una fiesta de muerte (Antena 3) siguen esta estela.
Hace casi un siglo, en 1928, llegaba a las salas de cine la primera adaptación audiovisual de un texto de misterio de Agatha Christie, la británica The Passing of Mr. Quin. Las del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle (nacido 30 años antes que la escritora) se adelantaron varias décadas. En 1900, Arthur Marvin usó un mutoscopio, un primitivo dispositivo cinematográfico, para crear la primera película de detectives de la historia: el cortometraje mudo Sherlock Holmes perplejo. De las páginas de las novelas por entregas, los relatos cortos y los libros, el incombustible género del murder mystery pasó a la radio y al teatro antes de llegar al cine y luego a la televisión.
El belga Paul Baeten, uno de los creadores de Esto no es un misterioso asesinato, celebra la repercusión internacional que está teniendo esta serie paneuropea gracias a su temática. “El murder mystery es uno de esos géneros que gustan a todas las edades. Es el primer proyecto que he hecho en el que literalmente todos en mi entorno, desde mi hija adolescente hasta mis abuelos, dijeron: ‘Oh, me apetece verlo”, contaba a este periódico justo antes de su estreno en España.
Esta miniserie, que ya está disponible en Filmin, se basa en un hecho real (la exposición que reunió en 1936 a los grandes artistas del surrealismo) para construir una ficción. Un joven René Magritte acepta participar en una muestra privada en una lujosa finca inglesa junto a otros creadores como Salvador y Gala Dalí, Lee Miller, Man Ray y Max Ernst. La aparición de un asesino en serie y de Scotland Yard les obliga a mantenerse encerrados hasta que se resuelva el crimen.
“En tiempos de consumo rápido, todo relato tiene que plantear cuestiones en sus primeros 15 minutos para lograr que la audiencia se quede mirando hasta el final. Y pocas son tan efectivas como el whodunit: ¿Quién es el asesino?“, apunta Baeten.
El giro en esta serie reside en colocar a personajes ilustres en el centro de la trama. Pero se trata de la versión menos conocida de ellos, la anterior al éxito, para que “puedan amoldarse como personajes a la ficción”, explica el guionista belga. Todo el guion está repleto de referencias artísticas, desde su título, que hace referencia al cuadro Esto no es una pipa de Magritte, y de infinidad de guiños visuales. El asesino recrea en sus crímenes las imágenes sugeridas en las obras de los protagonistas. Tanto el juego de falsas apariencias del surrealismo como añadir un punto de comedia ayudan a los creadores de Esto no es un misterioso asesinato a jugar con el género.
También apuesta por el humor a la española Si es martes, es asesinato. El director Salvador Calvo (Adú, La fiera, 1898: Los últimos de Filipinas) solo se ha acercado al murder mystery mezclado con comedia cuando ha colaborado con el showrunner Carlos Vila, en esta serie de Disney+ y en Los misterios de Laura (La 1). “Quería hacer un proyecto que por fin pudiera ver mi hija de ocho años”, confiesa el cineasta a EL PAÍS, destacando de nuevo el carácter transversal de la versión más luminosa de estas historias.
En esta serie, con un poderoso reparto encabezado por Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener y Biel Montoro, un variado grupo de turistas españoles se encuentran en un viaje organizado a Lisboa. Terminan en un hotel decadente, en el que se desvelan varios secretos ocultos. Cuando encuentran a uno de los viajeros muerto al día siguiente de su llegada, otros cuatro, amantes de los misterios y las novelas policiacas, deciden ponerse a investigar quién podría ser el responsable… incluso si se trata de alguien dentro del propio grupo. “No son personajes que a priori se sientan cómodos yendo juntos, porque hay muchos prejuicios entre ellos. Las circunstancias les unen y terminan cogiéndose cariño”, avanza Calvo.
El propio director cree que una de las razones por las que el género sigue funcionando después de tanto tiempo es “su carácter interactivo en el que el espectador es sujeto activo que también quiere averiguar quién es el asesino. Tenemos la tendencia a tratar al espectador como un sujeto pasivo, al que vas bombardeando con información, sin que termine de entrar en la dinámica, en el juego”, comenta.
Como ocurre con la serie de Filmin, los referentes de esta comedia española son igualmente clásicos. Su título recuerda a Si hoy es martes, esto es Bélgica (1969), comedia estadounidense que parodia los viajes turísticos organizados por Europa y su ritmo frenético. Y, aunque se trata de una aventura expansiva, grabada en exteriores en “una Lisboa bella, decadente y misteriosa, que funciona muy bien como personaje, llena de escaleras y callejones y capaz de mostrarte un universo completamente distinto al doblar una esquina”, apunta Calvo, no podía faltar un hotel grande y tenebroso con el que ambientar la historia a lo Agatha Christie. El edificio en el que se ha rodado esta parte de la serie es un antiguo palacete semiabandonado, situado en Sintra y perteneciente a una de las familias más ricas de Portugal. Es un lugar lúgubre, pero altamente estético, “como salido de una película de Wes Anderson”, comenta el cineasta.
Para combinar un asesinato con una reacción tan antagónica como la risa, Calvo cree necesario que “los personajes lo vivan como lo que es, algo trágico que les genera miedo y sufrimiento. No es que ellos estén haciendo comedia, sino que la situación es divertida y eso hace que el espectador se ría”, analiza.
Pero el murder mystery no solo alimenta la ficción. Traitors, el reality de moda en medio mundo, también juega a encerrar a los participantes en un castillo. La mayoría son fieles y una minoría son traidores, encargados de asesinar cada noche a uno de sus compañeros mientras sus potenciales víctimas intentan desvelar su identidad. Antena 3 probó suerte con el formato, pero no funcionó. Carmen Ferreiro, directora de programas de entretenimiento de Atresmedia, consideraba hace unos días en este periódico que un factor cultural hacía que al programa le costara triunfar en los países latinos “quizá porque rechazan ese elemento de traición que plantea el juego”, decía.
La cadena ha decidido darle un giro amable con Una fiesta de muerte, adaptación de un programa creado, como tantos otros de la parrilla española, en Países Bajos. En él, Ángel Llàcer recibe a siete celebridades en un evento nocturno donde uno de ellos va a ser asesinado. El resto de supervivientes tiene que descubrir qué famoso oculto es el culpable del crimen. Su primera entrega, que se emitirá en breve, transcurre en un lugar tan sugerente como el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, con Marta Sánchez, Bertín Osborne y la humorista Esperansa Grasia entre los invitados.
Para Melisa Moya, productora ejecutiva del programa, por mucho que busques innovar en el género no puedes obviar algunas reglas, “como que tus protagonistas sean un grupo de personajes que llamen la atención y que sean muy distintos entre sí y que se les sume un gran anfitrión, que en este caso es Llàcer”, comenta. Durante 90 minutos, los participantes de este formato van a enfrentarse a un buen número de pruebas de habilidad dentro del museo y a recibir varias pistas que les ayuden a resolver el enigma, en una propuesta híbrida entre Traitors y Mask Singer. “Queríamos que la experiencia fuera lo más inmersiva posible para ellos, para que se involucraran lo más posible, de forma natural”, defiende la productora ejecutiva. La segunda entrega tendrá un nuevo enclave que Moya se guarda en secreto.
🗡️ Uno de los siete va a morir, pero el asesino no está entre ellos
— atresplayer internacional (@atresplayerint) April 3, 2026
🔎 ¿Quién es el culpable?
🔥 El mayor misterio de la televisión llega muy pronto a #atresplayer y @antena3int
🍾 #UnaFiestaDeMuerte: noche en el museo pic.twitter.com/hOYgJapNKm
La ventaja de ser un murder mystery que no es ficción, comenta Moya (habituada a trabajar en realities), es que Una fiesta de muerte no está escrito de principio a fin. “La mejor parte siempre es la que queda al azar: las reacciones de los participantes”, dice. Aunque grabado, el programa cuenta con una mecánica única en España, que permite jugar en tiempo real, ampliando la experiencia del espectador mediante el escaneo de un código QR. La emisión se convierte en un reto compartido y totalmente interactivo en el que está en juego un premio de 3.000 euros para la audiencia.
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