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Rifles, cámaras y ciberacoso en la nueva ‘comedia de terror’ de HBO Max: como si las vecinas de Valencia vivieran en los Estados Unidos de Trump

‘Vecinos’, humor trágico en forma de serie documental, relata guerras mundanas que llegan a límites insospechados y que definen a una sociedad disfuncional obsesionada con su propio concepto de libertad

Melissa y Victoria pasan de la sororidad al odio por un metro cuadrado de césped en la serie documental 'Vecinos'. HBO Max

Cada semana, en apenas 30 minutos, los cineastas Dylan Redford y Harrison Fishman condensan en la serie documental Vecinos (en HBO Max) dos pequeños diarios de guerra. Son batallas de barrio que muestran, en varios rincones de Estados Unidos, situaciones (y personas) a menudo delirantes. A veces, el conflicto nace por un minúsculo trozo de césped o por una valla. O por algo todavía más pequeño, como el speedo de color amarillo fosforescente con el que un jubilado desea entrenar al aire libre. La disputa escala rápido y pronto aparecen armas de fuego, cámaras de seguridad y ciberacoso para protegerse y atacarse entre ellos.

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Su retrato coral, además de mostrar la involución de una sociedad postcovid, cuestiona el peligroso concepto de libertad trumpista que otros países y comunidades autónomas están deseando exportar. “Hacer lo que te dé la gana cuando te dé la gana es el epítome del ideal conservador”, comenta a EL PAÍS en conversación telemática Fishman, quien asegura haber buscado un equilibrio ideológico entre los protagonistas de la serie. “La palabra comunidad surge a menudo, como esa utopía a la que todo el mundo aspira, pero que es muy complicado de obtener cuando choca con tantos intereses individuales”, dice su compañero Redford al otro lado de la pantalla.

Como ejemplo, dos de los casos que aparecen en Vecinos. Darrell es algo así como un Liberace de clase media, que se ha montado un humilde palacete con mucho dorado, falsos bustos romanos y paredes de colores chillones (además de un jacuzzi en plena sala de estar) en un barrio residencial de Indiana. Solo quiere disfrutar en paz de su jubilación junto a su marido Bruce. En la parcela de al lado, Trever ha decidido ser autosuficiente y montar una granja con gallinas, cerdos y cabras en la casa, que pertenece a su abuela.

A casi 2.000 kilómetros de distancia del rancho urbano de Trever se encuentran Melissa y Victoria, examigas y residentes en West Palm Beach (Florida). Llega un día en el que no son capaces de ponerse de acuerdo sobre qué parte del césped de sus casas colindantes pertenece a cada cual. Una pone unas macetas, la otra el grito en el cielo, y la primera no tarda mucho en irse a una tienda de armas para defender sus plantas y su propiedad. Ambas pasan de inmediato de la sororidad al odio por un metro cuadrado de hierba.

Llega un momento en que los protagonistas son tan hipnóticos que sus conflictos dejan de ser lo más importante para el espectador. “La creación de Estados Unidos giró en torno al deseo de conquistar, dominar y proteger propiedades”, recuerda Dylan Redford, nieto del legendario Robert Redford. Si a ese “individualismo férreo” le sumas fanáticos de Ellen Degeneres, terapias alternativas, polemistas profesionales nacidos en las redes sociales y teorías de la conspiración en internet, como ocurre en Vecinos, te queda “algo muy estadounidense”, admite el cineasta.

A pesar del tono surrealista o de comedia, hay mucha sociología en estos seis capítulos. Los asuntos que tratan son trágicos y universales. “Muchos espectadores reaccionan con un: ‘¿Y por qué no se mudan a otro sitio?’. No es un simple asunto de orgullo. La crisis de la vivienda ha hecho muy difícil el que puedas coger tus cosas y largarte. Y para algunos de ellos, como Trever, su casa es su fuente de ingresos“, comenta Fishman.

Internet y todos los aparatos de grabación que tenemos al alcance de la mano hacen que las cosas se compliquen más que antes. “Hay veces que el conflicto de dos personas se convierte en el de un millón de personas opinando”, prosigue. “Con tantas cámaras disponibles, parece que muchos quieren convertirse en los directores del documental sobre su propia vida. Y quien consigue más reacciones positivas es el que gana. Porque los algoritmos de las redes sociales premian el conflicto. Sin olvidar que las grabaciones se han convertido en una habitual arma de defensa en un juicio”, apostilla Redford.

El tono narrativo y visual de Vecinos juega a veces a ser tan lisérgico como las realidades que muestra. Es una decisión artística que tiene su lógica, teniendo en cuenta que se trata de la primera serie de no ficción de la prestigiosa A24, el estudio indie que triunfa en todo el mundo con títulos como La zona de interés y Todo a la vez en todas partes. Esta serie documental cuenta con Josh Safdie como productor y con buena parte del equipo creativo de la película Marty Supreme. Y, para quienes se preguntan cómo Dylan Redford y Harrison Fishman han encontrado a tales personajes, hay un nombre propio que lo explica todo: Harleigh Shaw, la también directora de casting de otra asombrosa serie documental de HBO Max, How to with John Wilson.

Los relatos surgen de todo tipo de fuentes: Facebook, Craigslist, TikTok y, principalmente, de los periódicos locales, que han garantizado a los responsables de Vecinos encontrar a personas “que estaban deseando dar a conocer su situación para solucionar lo que sienten como una injusticia”, explica Fishman.

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