Javier Coronas, cómico: “Llamo padre a Javier Cansado y Broncano me lo llama a mí”
El humorista celebra en 2026 los 18 años y casi 20 temporadas en antena de ‘Ilustres ignorantes’, donde comparte mesa con Pepe Colubi y Raúl Cimas, mientras el otro fundador, Javier Cansado, se recupera de un cáncer


Quedamos a la una de la tarde en un bar de menú en una de esas callejuelas de detrás de la Gran Vía de Madrid donde lo mismo te encuentras a los colegas de la oficina comiendo solos con el móvil que a unos guiris tratando de descifrar lo que es el potaje de vigilia y las torrijas. Coronas llega pelín tarde, avisando cada cinco minutos por SMS, eso sí, porque no gasta WhatsApp, pero lo cortés no quita lo valiente, ni viceversa. Vestido entre motero y hippie, con unas gafas de presbicia colgando del cuello, se pone a las órdenes del fotógrafo y empieza provocando: “La entrevista está muy bien, pero tú y yo sabemos que lo que importa es la foto”. Va de farol, porque luego entra, noblote, a todos los trapos.
La entrevista sale el domingo antes del día del Padre...
Me viene fenomenal que me lo digas porque a mi madre tengo que informarle exactamente de cuándo sale todo lo mío.
Será su mayor fan, claro.
Bueno, digamos que es una mezcla entre mánager y crítica. Ve todo lo que hago, se cabrea muchísimo si hay partido de la Champions, por ejemplo, y dan el programa más tarde. Pero también me dice que la camisa me hace más gordo, que los regalitos que les doy a los invitados son absurdos, o que Raúl Cimas trabaja mucho mejor que yo. Y fíjate que dice “trabajar”, como se decía antes de los actores: “Rock Hudson trabaja muy bien”. Digamos que es mi Carlos Boyero particular: me saca las faltas a muerte y sin filtro.
Bueno, el trabajo es un campo abonado para hacer humor. Acuérdese de Forges y sus funcionarios.
Todos los mundos son fértiles para la comedia. Te lo digo yo, que he trabajado en tantos sitios que sería largo de enumerar. Mi afán es buscarle a todo una brizna de tontería para hacer comedia. Eso es inherente a mí. Aunque estés en la absoluta mierda, tienes que encontrar algo bonito y tirar para arriba. El humor es un salvavidas. Unas gafas de ver el mundo de otra manera: hacer grande lo pequeño y pequeño lo grande para poder soportarlo.
O sea, unas gafas progresivas.
Más bien progresistas.
Bueno, también hay otra clase de lentes y perspectivas.
Sí, están las de mirar hacia otro lado. Pero da igual lo que te diga: lo importante es la foto.
Lleva gafas de presbicia, pero ¿tiene la vista cansada?
No puedo tenerla, si te dedicas al humor, como se te tuerza la vista y el oído estás jodido. Tengo la vista más avispada que nunca porque observo todo lo que pasa a mi alrededor para sacarle punta. Me encanta escuchar las conversaciones, en el AVE, en un restaurante como este. Cuando hemos entrado, había cuatro clientes: dos chicos y dos chicas, y uno llevaba una camiseta del del Real Zaragoza, ¿a que no te has fijado? Me viene bien porque soy muy cotilla. Y tengo una memoria prodigiosa. En las quedadas con los que hicimos juntos EGB me acuerdo del profe al que se le cayó la dentadura en un pasillo, por ejemplo, y los otros flipan.
¿Y todo eso para qué le sirve?
Para no robar un banco, por ejemplo. Y, sí, a la vez que estoy fijándome en todo, estoy atendiendo a la entrevista, no te preocupes. Puedo hacer dos cosas a la vez, tengo mucha parte femenina, para empezar, tengo tetas, mira [muestra su camisa hindú, ciertamente apretada en la parte pectoral].
Podría ser espía.
Perfectamente. Y ladrón, porque siendo espía, tendría información privilegiada. Yo he robado mucho en mi vida. Antes de empezar en la tele, me puteaban, me trataban mal y mi venganza era robar tonterías. Ahora robo legalmente, facturando y pagando impuestos.
Su papel en Ilustres ignorantes es repartir juego entre cómicos. ¿Cómo se gestiona?
No hay que gestionar ningún ego porque mi función como presentador es repartir el tiempo, y en eso soy salomónico: quiero que todo el mundo hable lo mismo. Ese es mi único sufrimiento: el tiempo. Y todo el mundo juega a favor de obra. Solo invito a gente a la que admiro por su trabajo y que me parece buena persona. Eso es innegociable. Invitamos a gente que no es humorista, que viene cagada y mi obsesión es que venga a disfrutar. No hay guion, convocamos a la magia. Si lo pasamos bien nosotros, la gente lo va a pasar bien. Y ahí sí que soy un dictador: como soy el director, nadie puede gritar más alto que yo, y yo no grito a nadie. Nunca he tenido una movida. De eso sí que estoy orgulloso.

¿Tiene un paciente cero con el que prueba su humor, o su test es que algo le haga gracia a sí mismo?
No tengo ningún test. Nadie lo tiene. Hay chistes que solo puedes contar en petit comité porque son muy bestias, aunque a veces los sueltas en el teatro y te sorprendes de que la gente los acepta bien. El problema no son los límites del humor, sino los límites de la gente que lo recibe. ¿Cuál es el tuyo?
Que me revuelva el estómago, quizá.
Entonces, tienes la opción de no oír, o de no leer, o de no ver a ese pavo nunca más. Y si eso le pasa a mucha gente, pues dejará de trabajar porque no irá a verlo nadie.
¿Se ha tenido que envainar muchos chistes en pos de la corrección política?
[Silencio]. Me he comido más broncas que chistes me he envainado. Pero broncas a posteriori, después del chiste. Tampoco soy una persona que haya tenido polémicas por haber dicho o hecho cosas que no hayan gustado.
Tampoco tiene redes para poder ser cancelado.
No tengo redes ni WhatsApp, me gusta más estar con la gente que todo el puñetero día dependiendo del móvil. Tengo mi correo al 99,8% de su capacidad y si dentro de 14 días ya no puedo mandar ni recibir mensajes, te aseguro que no me va a subir la tensión en absoluto. No me da ansiedad. Nunca me ha dado por esa droga.
Hay gente que toma ansiolíticos para soportar ir a trabajar, ¿lo entiende?
Tengo la grandísima suerte de que llevo 25 años trabajando en lo que me gusta. Me fui del sitio donde estaba trabajando y me la jugué. Empecé a disfrutar de la vida y a quitarme una lápida de puta madre y una mochila llena de piedras. Me la jugué, salió bien y ya está. Otros igual no tienen tanta suerte.
Ilustres ignorantes lleva 18 años y casi 20 temporadas en antena. ¿Suerte o trabajo?
No tengo ni idea. Soy de los de no plantearme el futuro y disfrutar del día a día. Digamos que igual he estafado poco a poco a mucha gente porque he pasado de salir un día a hacer una sección de Lo más plus, de Canal + y pensar que al día siguiente me iban a echar, y aquí sigo. No se me ha ido nunca el síndrome del impostor, pero nunca he tenido miedo a lo que pudiera pasar. El mundo de la tele es superefímero y un día estás y el otro no, pero nunca lo he vivido con miedo.
Estará forrado.
Tú flipas: la prueba de que llevo 25 años en la misma empresa. He tenido bastantes ofertas muy tochas de otras cadenas, pero aquí hago lo que quiero, tengo mis convicciones y no las voy a abandonar cuando lo que estoy haciendo es lo que creo que hay que hacer.
¿Qué cosas no le hacen ni puñetera gracia?
Las tertulias.
Ilustres ignorantes no deja de ser una tertulia de humor.
Sí, pero de gilipollas. Bueno, en realidad, en casi todas las tertulias hay gilipollas, pero no me hacen gracia. La mía, sí.
¿Qué le cabrea?
Muchas cosas. Las noticias las aguanto. Creo que es súper importante estar informado. Ahora quedaría fenomenal que dijera que me cabrean las injusticias y todo eso. Pero sería muy populista, porque eso le cabrea a todo el mundo. Bueno, a casi todo. Pero lo que más me cabrea del mundo es la gente que está muerta en vida.
¿En ocasiones ve muertos?
Todos los días. Toda esa gente que te cruzas en un pasillo, le dices buenos días y no te contesta. La gente que no se ha dado cuenta de que lleva muerta años y sigue deambulando con el móvil en la mano y la cabeza gacha. Me cabrea la gente que no tiene empatía con la gente que está currando. Me toca mucho los cojones estar en un AVE y que haya un pavo que le esté montando un pollo a una camarera porque le falta no sé qué ginebra para el gin-tonic. Ahí sí que me tocan la moral, ahí sí que broto.
Pues nada, feliz día del Padre, si no hablamos antes.
Mira, fuera de bromas: si de una cosa estoy orgulloso es de que yo empecé a llamar “padre” a Javier Cansado, en el sentido de reconocer a la persona que te ha guiado en el camino del humor, y ahora que está enfermo, todo el mundo me pregunta ¿cómo está ‘padre’? Porque todo el mundo acepta a Javier Cansado como el padre vivo de la comicidad en España. Me acuerdo de ser un crío de 14 años y ver a Faemino y Cansado en cintas de VHS y decir: no sé cómo, pero yo quiero hacer eso. Ese tío nos alimentó, nos despertó la idea de que se puede hacer humor gilipollas. Y, luego, cuando empezó Broncano, como yo era el más viejo y siempre he tenido estas pintas, me empezó a llamar padre a mí, y yo llamo “hermanico” a Cimas. De eso sí presumo.
CORONAS
Javier Coronas (Barcelona, 56 años) inició su carrera como locutor y colaborador en medios de comunicación en Zaragoza, pero confiesa que, cuando empezó realmente a disfrutar de la vida, fue cuando se la jugó profesionalmente y decidió dedicarse al humor en exclusiva. De eso hace un cuarto de siglo. Desde 2008, es el presentador de Ilustres ignorantes (Movistar Plus+), la tertulia de humor por la que han pasado cientos de invitados con la única premisa y guion de sacarle punta a a todo y a todos. Sus regalos absurdos para los invitados son tan míticos como sus capotes y estocadas a sus compañeros. Desde septiembre de 2025, Raúl Cimas ocupa en la mesa el hueco dejado por la baja de Javier Cansado mientras se recupera de un cáncer.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































