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La Salle rechaza un reconocimiento público y colectivo a 30 víctimas de los abusos sexuales del religioso Patxi Ezkiaga

El Defensor del Pueblo vasco da por cerrado el proceso de intermediación con el colegio donostiarra de la orden ante la negativa del centro a una reparación conjunta

Patxi Ezkiaga, religioso fallecido en 2018 acusado por abusos sexuales en el colegio La Salle de San Sebastián.Txema Fernández (EFE)

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es

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El colegio La Salle de San Sebastián y la congregación religiosa a la que pertenece se han negado a “asumir plenamente la dimensión comunitaria y colectiva del daño ni las responsabilidades institucionales por las omisiones y silencios del pasado” causados a un grupo de niñas víctimas de abusos sexuales cometidos por el hermano Patxi Ezkiaga Lasa durante los años en que este fue docente en este centro (entre 1976 y 2012). La negativa de La Salle a adoptar medidas reparadoras al conjunto de personas víctimas, hasta una treintena, ha provocado que se haya cerrado sin acuerdo el proceso de acompañamiento, escucha e interlocución abierto hace un año por el Defensor del Pueblo vasco-Ararteko, que activó su intervención a propuesta de las víctimas que denunciaron públicamente este caso a mediados de 2024 en EL PAÍS.

El Ararteko considera que la verdadera reparación por los daños causados “no puede reducirse a una compensación económica individual ni a gestos simbólicos aislados”, sino que “ha de ser integral: terapéutica, social, moral y colectiva”. Sin embargo, el colegio y la congregación La Salle se ha opuesto a dar este paso y se limita a aceptar como “opción exclusiva” la vía individual “como cauce de reparación”, según consta en el informe final elaborado por la defensoría del pueblo.

Tras el caso de pederastia de Patxi Ezkiaga (1943-2018), conocido a raíz el testimonio de Marisol Zamora, una de sus víctimas, recogido por este diario en mayo de 2024, el Ararteko mantuvo en enero de 2025 una primera reunión con varias mujeres que sufrieron abusos sexuales cuando eran menores de edad y alumnas del colegio La Salle de la capital guipuzcoana.

El informe del Ararteko, según los relatos recabados de las víctimas, expone en su dossier que el religioso y poeta Patxi Ezkiaga “violentaba a las chicas delante de la clase, traspasando su espacio íntimo y personal”. “Sentaba a alumnas en su regazo”, “iba tocando desde la cintura hacia el pecho de las alumnas”, tenía “alumnas favoritas” a las que citaba para aprovecharse de ellas en el club de escritura, durante las salidas al monte los fines de semana, en las clases de gimnasia rítmica y “en los casos más graves” cuando las citaba en su despecho e incluso “en su habitación en la parte superior del colegio”.

La congregación de La Salle conoció en los años noventa los abusos a mujeres menores de edad por parte del religioso y escritor vasco en su colegio de San Sebastián, desvelados por este diario. EL PAÍS recabó una veintena de testimonios de antiguas alumnas y alumnos, y 18 de estas mujeres relataron haber sufrido abusos del religioso.

El descubrimiento de este caso de pederastia en el seno de la Iglesia española provocó, entre otras acciones, que el Ayuntamiento de Legorreta (Gipuzkoa), localidad natal de Ezkiaga, retirara su nombre de la biblioteca municipal y una plaza, así como la eliminación de la estatua que erigió en su honor en el pueblo. La figura del religioso, acreedor de varios premios literarios, también fue reprobado por asociaciones de escritores e instituciones que le retiraron los premios concedidos.

El defensor del pueblo ofreció en abril de 2025 abrir un proceso de intermediación entre las víctimas y la congregación de Hermanos de La Salle. El centro respondió en un documento que reconocía el dolor de las víctimas y su voluntad de “escucha, cercanía y petición de perdón”, pero sin aceptar una reparación colectiva del caso de pederastia que se había dado en su colegio.

El grupo de víctimas, sin embargo, solicitó que para seguir adelante con el plan de reparación asumido por el Ararteko se aceptaran dos medidas colectivas: un comunicado de condena y reconocimiento, y un acto simbólico de reconocimiento del daño y petición pública de disculpas por parte de La Salle. Este reconocimiento público, según expusieron las víctimas, era necesario para lograr la “asunción de responsabilidades por parte de La Salle, no solo por los hechos de los abusos, sino por el ecosistema de impunidad que los permitió”. Este colectivo pedía, además, un compromiso de investigación interna, medidas de reparación moral colectiva, garantías de no repetición y un enfoque inclusivo que abarcara a otras víctimas que optaron por mantenerse en silencio.

La respuesta de La Salle, según contiene el informe institucional, limitaba cualquier forma de reparación “a la vía individual PRIVA y, en su caso, a las ayudas terapéuticas”, pero sin plantear “medidas adicionales ni mostrarse dispuesta a debatir sobre las propuestas de reparación colectiva presentadas por las víctimas”.

En una reunión del Arateko con las víctimas en diciembre pasado, estas expusieron que la negativa a las medidas de reparación colectiva suponía “un nuevo impacto doloroso”, por lo que “no se daban las condiciones necesarias para continuar”. Finalmente, en enero de este año, el intento de lograr una intermediación se fue al traste cuando La Salle confirmó que su “opción exclusiva” era aceptar una reparación individual y no colectiva, y comunicó su decisión de “finalizar el diálogo”, según recoge el informe final del Ararteko.

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