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El Supremo confirma 50 años de cárcel a un joven que retuvo y violó durante 35 días a una menor

El tribunal advierte que el cuerpo de la chica, “lacerado y lesionado en toda en su extensión”, corrobora el testimonio de la víctima, que el agresor intentó desacreditar

Sede del Tribunal Supremo, en Madrid.Pablo Monge

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de casi 50 años de cárcel a un joven que retuvo durante 35 días a su pareja, que entonces tenía 16, y la sometió a toda clase de agresiones sexuales, físicas y psíquicas. El acusado, de 19 años entonces, alegó drogodependencia y abuso del alcohol para recurrir la pena, pero el alto tribunal descarta ambas circunstancias y confirma la condena por siete delitos: asesinato en grado de tentativa, detención ilegal, agresión sexual continuada, malos tratos físicos y psíquicos habituales, delito contra la integridad moral, lesiones en el ámbito de la violencia de género con instrumento peligroso y amenazas continuadas.

Los hechos sobre los que se ha pronunciado la Sala Penal ocurrieron en Fuenlabrada (Madrid), entre el 18 de octubre y el 23 de noviembre de 2021. E. H. y A. M. llevaban saliendo desde julio y él le propuso que se fueran a pasar unos días a la casa en la que el chico vivía con su padre y la pareja de este. Convenció a la adolescente, según han dado por probado los jueces, con la promesa de que iba a vivir “un cuento de hadas” y la trataría “como a una reina”.

Ella aceptó y no se lo dijo a sus padres pensando que estaría fuera poco tiempo. Sin embargo, vivió un infierno de 35 días en los que E. H. la tuvo permanentemente bajo control para asegurarse de que no contactaba con su entorno ni saliera de su habitación ni de su casa si no era acompañada por él. En el cuarto que compartían, además de insultos y humillaciones, le dio continuas palizas y la violó de forma salvaje. La sentencia recalca que la “virulencia, vileza y crueldad” de las agresiones hicieron que la joven viviera en “un ambiente de absoluto terror”.

Las agresiones que empezaron en la casa del padre del joven continuaron en otra a la que E. H. decidió mudarse con la adolescente el 5 de noviembre. El agresor alquiló una habitación de un piso compartido en el que residían dos hombres que eran hermanos y la pareja de uno de ellos.

“Una vez en el nuevo domicilio, E. aumentó progresivamente su vil propósito”, señalan los jueces, que dan por probado que la menor podía haber muerto si no hubiera recibido asistencia sanitaria el 23 de noviembre. Ese día, la chica “tenía tan amoratado, hinchado y ensangrentado todo su cuerpo por las numerosas y brutales palizas recibidas, que se hallaba al límite de perder su vida debido a su deterioro físico y anímico”, advierten los magistrados. Pese a ello, E. H. volvió a agredirle, pero, esta vez, los gritos de la chica alertaron a los compañeros de piso, que entraron en la habitación y socorrieron a la joven.

En el recurso presentado en el Supremo, el acusado intentó desacreditar el relato de la víctima y puso en duda la coincidencia entre lo que contó la menor y lo que declararon los jóvenes con los que compartían piso. La sentencia de la Sala Penal, de la que ha sido ponente el magistrado Andrés Palomo, rechaza ese argumento y advierte: “Es el propio cuerpo de la víctima, lacerado y lesionado en toda en su extensión, de gravísimo modo y en múltiples formas, corroboración fidedigna de su testimonio”. Los médicos que la atendieron en el hospital al que fue trasladada confirmaron en el juicio las múltiples lesiones y subrayaron que la chica presentaba sangrado interno y externo, “que de no haber sido tratado rápidamente en el hospital la hubiera conducido a la muerte”.

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