El inmunólogo que pasó de despachar quinielas a revolucionar el tratamiento de la diabetes tipo 1
Francisco León ha completado el desarrollo del primer fármaco aprobado por la UE que retrasa el inicio de la enfermedad


La familia de Francisco León regenta desde hace tres generaciones una administración de loterías en la céntrica calle Gil y Carrasco de la ciudad llamada igual que su apellido. En su adolescencia, este inmunólogo que emigró a Estados Unidos tras acabar la carrera echaba ocasionalmente una mano en el negocio despachando quinielas. No recuerda si alguna vez repartió algún premio importante, pero en su mente sí sigue grabado a fuego el día en el que hizo la apuesta de su vida.
“Era 2018 y habíamos fundado Provention Bio dos años antes en Oldwick (Nueva Jersey). El objetivo era desarrollar una terapia para frenar la diabetes tipo 1 y otras enfermedades autoinmunes. Lo intentamos primero con una vacuna y luego con dos fármacos. Pero no tuvimos éxito y estábamos en una situación muy delicada, casi sin fondos y cotizando en mínimos en bolsa. En cierta manera, nos lo jugamos todo a una carta”, recuerda.
Teplizumab fue la molécula elegida para un último intento. “Como inmunólogo, sabía que era un fármaco prometedor, pero la verdad es que en aquel momento tenía mala fama. Había fracasado en un ensayo fase III [el último en el desarrollo de un medicamento] y las dos empresas que lo habían hecho, Eli Lilly y MacroGenics, habían abandonado las investigaciones. Pese a todo, decidimos comprarlo”, sigue León.

El fármaco es hoy una realidad en la práctica clínica. La Comisión Europa acaba de autorizar su comercialización en el continente y al menos 22 pacientes españoles ya lo han recibido gracias al programa de acceso temprano a medicamentos en fase de aprobación. Sanofi, el gigante farmacéutico que acabó comprando Provention Bio por cerca de 2.700 millones de euros en 2023, lo comercializa bajo la marca Teizeild (Tziel en Estados Unidos).
“Es el primer fármaco que consigue cambiar el curso de una enfermedad que, en lo esencial, tratamos igual que hace un siglo. Ha habido grandes mejoras en las insulinas y los dispositivos para su administración y el control de la glucemia. Pero seguíamos sin poder frenar la destrucción de las células beta que producen esta hormona en el páncreas por parte del sistema inmune″, cuenta Luis Castaño, pediatra endocrinólogo del Hospital Universitario de Cruces (Bizkaia) y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Diabetes (SED).
Según los datos de los ensayos clínicos, los pacientes de riesgo que reciben la terapia retrasan dos años el momento a partir del cual necesitarán inyectarse la insulina que su organismo ya no es capaz de producir: quienes recibieron el fármaco tardaron una mediana de 48,4 meses para llegar a ese momento, plazo que se redujo a 24,4 meses entre los que recibieron placebo.
Desde que Frederick Banting descubrió la insulina en 1921 y convirtió en crónica una enfermedad hasta entonces mortal, ningún medicamento había generado tantas expectativas. “Es el fruto de cuatro décadas de investigaciones. En los años 80 del pasado siglo, supimos que la diabetes tipo 1 era una enfermedad autoinmune y esto dio pie a investigaciones para hallar un fármaco que frenara su desarrollo. El teplizumab es el primero y abre la puerta a que estos dos años puedan ir extendiéndose, quizá hasta que sea de forma indefinida”, aventura Castaño.
Niños como Isabella, que tiene 12 años y vive en Vigo, son los que más pueden beneficiarse de los avances de la molécula. Aunque el llamado “debut” —el momento en el que se manifiestan los síntomas y empieza la dependencia a la insulina— puede presentarse en otras etapas de la vida, la gran mayoría de los casi 3.000 nuevos casos diagnosticados al año en España son niños y adolescentes.
“En esas edades, dos años son un mundo. Todo lo que sea retrasar el debut, permite un mejor control de la enfermedad y también prepararse para el enorme cambio que supone la diabetes tipo 1 en la vida del paciente y toda la familia”, explica su madre, Sonia Benedito. Su hijo pequeño, Sandro, tiene nueve años y desde los tres también sufre la dolencia.
José Luis Chamorro, endocrinólogo infantil en el Hospital Álvaro Cunqueiro, de Vigo, es uno de los especialistas que atiende a Isabella. “Desde hace un par de años, con el teplizumab en el horizonte, las sociedades científicas empezamos a tener clara la necesidad de cribar a los hermanos de las personas con diabetes tipo 1 y también a sus padres menores de 45 años o que quieran tener más hijos”, explica.
El objetivo de estas pruebas es detectar si, de forma silenciosa, el sistema inmune ya ha empezado a atacar las células beta, lo que acabará minando la capacidad del organismo de producir la insulina que necesita. “Hay tres fases o estadios. En la primera, podemos detectar dos o más tipos de anticuerpos que revelan que el proceso está en marcha, pero los niveles de glucosa aún son normales. En la segunda, la glucemia ya está alterada. La tercera es cuando el paciente ya sufre síntomas [sed intensa, hambre, cansancio, pérdida de peso...] y necesita insulina”, cuenta Chamorro.
Isabella está en la segunda, momento en el cual está indicado el tratamiento. Los médicos y la familia —con el apoyo de la asociación Anedia, que ayuda a las personas con la enfermedad en Galicia— han solicitado y conseguido la autorización para que la adolescente pueda tener acceso temprano al teplizumab. Tras la aprobación por la Comisión Europea, la incorporación completa del fármaco en la sanidad pública está pendiente de las negociaciones entre el Ministerio de Sanidad y Sanofi. El precio oficial del tratamiento supera los 170.000 euros.
Francisco León, que hoy tiene 54 años, decidió hacerse inmunólogo tras ver en su adolescencia cómo su madre sufría el fracaso de un trasplante de riñón. “Su sistema inmune rechazó el órgano. Quería entender cómo el organismo respondía así a algo que iba a salvarle la vida”, explica.
Tras acabar la carrera de Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid y el MIR en el Hospital Ramón y Cajal (donde recibió el premio Sanitas al mejor residente), León se enfrentó a la otra gran decisión de su vida: elegir entre seguir con la asistencia clínica o dedicarse a la investigación, el motivo por el que se había hecho inmunólogo. “Ahora las cosas han cambiado, pero entonces si querías investigar, Estados Unidos era el lugar al que ir. Fue duro. Tuve que dejar atrás a mi madre, que acabaría falleciendo por una sepsis después de un segundo trasplante”, rememora.
Tras unos años en los Institutos Nacionales de Salud (el NIH, el mayor centro de investigación del mundo) y la industria farmacéutica, León fundó ProbentionBio junto al emprendedor en el ámbito de la biotecnología Ashleigh Palmer. Tiempo después, se sumó al equipo Leni Ramos, que había coincidido con León en Bristol-Myers Squibb (BMS) y tenía una amplia experiencia en el desarrollo de nuevos fármacos inmunomoduladores.
Los avances que la pequeña empresa estaba logrando con el teplizumab no tardaron en llamar la atención a las grandes farmacéuticas. “Era la terapia en investigación más avanzada y algunos líderes de opinión influyentes nos dijeron: 'Es un medicamento extraordinario’. Esto supuso el inicio de nuestro diálogo con Provention Bio. Francisco ayudó mucho. Es un científico excepcional y muy comprometido con cambiar el curso de las enfermedades autoinmunes", cuenta Paul Spittle, el director de operaciones comerciales de Sanofi, que lideró en 2023 la compra de ProbentionBio por el gigante farmacéutico francés.
La irrupción del fármaco y otros aún en desarrollo abre un nuevo escenario con grandes retos en la lucha contra la diabetes tipo 1. “Por fin tenemos un fármaco que puede ayudar mucho a los pacientes, ahora el objetivo es poder identificarlos. El primer paso son los cribados a familiares de primer grado, pero solo el 10% de personas que debutan tienen a un hermano o progenitor con la enfermedad. Es decir, por esta vía se nos van a escapar nueve de cada diez personas que desarrollarán la enfermedad”, cuenta Castaño.
El futuro pasa, pues, por cribados a la población general. “Esto supone un gigantesco desafío para los sistemas sanitarios que todavía no sabemos cómo afrontar de forma efectiva y sostenible. Apenas estamos dando los primeros pasos con algunos planes piloto, los próximos años serán clave para encontrar la forma de ayudar a millones de personas en todo el mundo″, afirma Castaño.
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