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Sofia Isella, la telonera de Taylor Swift que incomoda a la mirada masculina

Aprendió a tocar el violín con tres años, huye de las discográficas e interactúa intencionalmente con la suciedad. Pese a todo, la mujer que domina la otredad enamora a millones de personas

Sofia Isella

“¿Quieres ser la telonera de Taylor Swift?”. Con esa pregunta, cuya respuesta se antoja obvia, se despertó una mañana la cantante Sofia Isella, que descubrió a través de su madre que una de las figuras más importantes del pop quería que fuera la responsable de abrir su concierto en Wimbledon. La propuesta de Swift sorprendió a muchos. ¿Cuán malévola puedes ser en la gira Eras? Sofia Isella está abriendo un nuevo y oscuro camino en el pop, titulaba August Brown a un artículo publicado en Los Angeles Times en el que comentaba que la desconfianza de Ia cantante hacia las instituciones se extiende a su carrera discográfica, pues pese a estar en el radar de Swift, sigue siendo independiente. “He conocido a muchos peces gordos, y son gente muy amable, pero me encanta la sensación de ser independiente”, dijo Isella. “Quizás cambie de opinión, pero estoy intentando comprender completamente un sello y cuáles son sus funciones, así como qué es lo que le ofrece al artista en la era de las redes sociales. Estoy intentando evaluarlo a fondo antes de firmar ningún contrato”, explicaba la cantante, nacida en California y residente en Los Ángeles.

Un caballo de Troya en el pop

Es complicado no pensar que una mujer que desafía constantemente a la mirada masculina y convierte sus temas en balas antisistema no es un caballo de Troya que se ha adentrado en el pop por la puerta grande. Aunque este año es la telonera de Florence + The Machine, parece empeñada en seguir navegando en la otredad y se niega a que la complacencia module su carrera. Podría decirse que creció en un entorno artístico. O que es una nepobaby. Su padre es el director de fotografía chileno Claudio Miranda, ganador del Óscar por La vida de Pi y su madre, Kelli Bean, es escritora. “Lo que seguiré haciendo, algo que hacía cuando tocaba en bares o centros comerciales vacíos en Australia, es que mi familia forme parte de todo”, explica. “Mi madre dirige los tracks entre bastidores, desde los espacios vacíos hasta el estadio de Wembley, mi hermana pequeña me hace fotos y mi padre es quien hizo los vídeos de introducción que aparecen cuando salgo”, aclara.

Aprendió a tocar el violín a los tres años; a los ocho, componía sus canciones y a los 12, grabó su primer álbum, Baby Star. Pero sin una niña prodigio no le llevó, ni mucho menos, a ser una chica Disney… Sino lo contrario. Un buen ejemplo es su nuevo single, Above the Neck, en el que critica la sexualización de las jóvenes en la cultura actual y cómo no pueden cumplir con las expectativas de la sociedad.

Desagradar a la mirada masculina

Ser diferente en la industria musical es muy complicado, pero Sofia Isella parece haber encontrado la fórmula no solo para serlo, sino para siendo una figura radicalmente diferente y pretendidamente no complaciente, sea aplaudida por muchos. Con 2,5 millones de seguidores en Instagram, su discurso político araña e irrita, incomoda a la mirada masculina y pese a tener una belleza canónica con la que podría llenar estadios (“Me salgo con la mía con tantas cosas porque piensas que soy sexy”, canta en uno de sus temas), se enfrenta a los escenarios con looks que se esfuerzan por no agradar. La escritora Jamila Bradley reflexiona en su perfil de Instagram acerca de cómo Isella, además de ser una compositora talentosa cuyas canciones exploran temas como la degradación de existir en un cuerpo femenino bajo el patriarcado, es conocida por la manera en la que conduce sus actuaciones hacia el espectáculo, llevando así sus shows hacia el universo del arte escénico. Pero lo que aplaude con especial entusiasmo Bradley es el compromiso intencional de la música con la estética de la suciedad siendo una mujer blanca. “Lo que considero increíblemente radical de su parte es que, como mujer blanca, haya elegido interactuar intencionalmente con la suciedad. Lucir impura mientras crea canciones que desafían el patriarcado. La higiene es cultural, lo que significa que está racializada. Y la feminidad blanca siempre se ha asociado con la pureza, la limpieza y, por lo tanto, con la bondad. Por esta razón, las ideas de suciedad, incluso de mal olor y grasitud, siempre se han asignado a cuerpos y grupos no blancos. Y esta mujer blanca crea canciones que los hombres odian, con un aspecto increíblemente sucio”, asegura. “Esto es una traición inherente a ese sistema de creencias. Es una traición fundamentalmente a la feminidad blanca. Generalmente, cuando las mujeres blancas interactúan con la idea de lo sucio, suele seguir un camino que aún es consumible para la mirada masculina, que aún puede ser sexualizado de alguna manera”, asegura.

Ejemplos de esta idea los encontramos en el icónico vídeo Dirty, de Christina Aguilera, donde se pone en marcha un tipo de suciedad que evoca fantasía. Sin embargo, considera que lo que hace Sofia Isella supone involucrarse en un grado de estética que se centra en la inmundicia, algo que hace que “sea imposible ser consumida”. “No solo dice: ‘No puedes tenerme’. Dice: ‘Representó una hostilidad activa hacia los sistemas que quieren consumirme’. Dice: ‘Déjame ser repugnante contigo’. Y eso es mucho riesgo para una mujer blanca, especialmente en esta industria. Es una negación consciente de la inocencia, lo cual es peligroso para las mujeres blancas”. Reflexiona acerca de cómo la forma en la que actúa y se presenta Isella supone una clara negativa a ofrecer su pureza como su valor de una manera que reconforta el poder y la dominación. “Así es como se ve divorciarse de la deseabilidad a propósito. Así es como se ve saber que la deseabilidad nunca fue neutral. Si bien las mujeres blancas son obviamente privilegiadas, rechazar la pureza es un gran riesgo. Los sistemas omnipotentes quieren mujeres blancas suaves, limpias, maleables y manejables. Si no lo eres, no mereces protección”, señala. “Quiero que la gente se sienta más cómoda siendo fea, repugnante y grotesca, y que no tenga que esforzarse constantemente por mantener la cara tan quieta, bonita, perfecta y bonita. Es algo de lo que hablo mucho en mis conciertos, y que anhelo mucho de mí misma y del público”, dice al respecto la música a The Sydney Morning Herald.

Entre sus referentes cita a Trent Reznor, de Nine Inch Nails, a Beck, a Sylvia Plath y a Margaret Atwood pero por descontado, no se olvida de nombrar a Taylor Swift. “Es un modelo de referencia fantástico para todos, tanto hombres como mujeres. La admiro”, señala. La actuación en Wimbledon funcionó como el anticipo perfecto para el debut de su EP, I Can Be Your Mother, en el que sus canciones exploran la fama y las mujeres. “Esas dos cosas me vienen a la mente una y otra vez. Desde pequeña, la manera en la que la fama afecta a las mujeres siempre ha sido uno de los temas que más me han fascinado, porque la gente trata a los famosos de forma muy extraña”, explicaba a NME. Y ella, que de alguna vez ya conoce de cerca la fama, parece estar trazando un camino propio para transitar a través de ella sin permitir que los demás le digan cómo hacerlo. Mientras que Taylor Swift ha mostrado al mundo lo que supone ser una ‘showgirl’, Sofia Isella está enseñando lo que supone ser un espectáculo en sí misma en el que no hacen falta plumas ni purpurina, sino suciedad y rabia.

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