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Celia B, la historia de la marca de moda de Oviedo nacida en Shanghái que conquista Estados Unidos (y Netflix) con sus diseños coloridos

La diseñadora asturiana Celia Bernardo ha construido una firma con un ADN reconocible basado en el color, los estampados y una defensa consciente de la diversidad estética frente a la uniformidad dominante

Para Celia Bernardo, “rodearse de color es un posicionamiento político”. Esta convicción es la base conceptual sobre la que se asienta Celia B, la marca con la que desde hace 14 años combate la neutralidad cromática dominante en Occidente y fácilmente contrastable, como ella misma señala, dando un paseo por las calles de cualquier gran ciudad. “Últimamente cada vez que lo hago quedo horrorizada al ver la predominancia de chaquetas acolchadas negras… En Oviedo veo mucha más variedad y color en la vestimenta y eso me alegra”, asegura a S Moda sobre su ciudad natal rompiendo los estereotipos que relacionan el norte de España con una estética clásica, formal y de cierta oscuridad cromática. “Caminar todos los días por el colorido casco antiguo de esta ciudad es ciertamente inspirador. También lo es ver como aquí, en contra de lo que piensa mucha gente, se apuesta por el color y los estampados”, insiste.

Su cruzada contra la color extinctionla desaparición progresiva del color en nuestro entorno cotidiano, tanto natural como cultural— comenzó en 2012 en Shanghái, ciudad donde la diseñadora, formada en Publicidad y Relaciones Públicas en Madrid y Comunicación de Moda en Milán, vivió durante casi una década. Con la experiencia previa de haber trabajado en grandes firmas de la industria de la moda, Bernardo decidió convertir su universo particular en el punto de partida de una marca que aúna sus pasiones: “El amor por el color, los estampados, las combinaciones audaces, la libertad y el disfrute con la moda”. Con un enfoque internacional desde los comienzos —“La primera feria a la que fui fue Rooms, en Tokio, y luego París”, recuerda—, Celia B ha logrado hacerse un hueco en la industria a nivel global con unos diseños concebidos en su taller de Oviedo y ejecutados en Shanghái. “Entrar en el mercado estadounidense fue un punto de inflexión para la marca y es hoy en día nuestro principal mercado. También lo es Oriente Medio, y más recientemente Europa”, cuenta. En total, sus creaciones están disponibles en más 40 países, con presencia en puntos de venta como Neiman Marcus, Anthopology, Revolve o Harvey Nichols.

Su participación en la pasada edición de la semana de la moda de Copenhague, evento que no deja de ganar peso situando la capital danesa como la quinta más influyente en cuestión de moda, confirma ese interés por sus diseños coloridos, reconocibles y especiales. “En la próxima edición volveremos a estar porque Copenhague es el centro de una moda más divertida, menos elitista, más inclusiva pero también profesional y con tirón comercial. Y nuestra estética encaja 100% con lo que está ocurriendo allí”, dice. Ver cómo mujeres de todo el mundo se enamoran de su visión del vestir, una radicalmente opuesta a la estética monocromática y un tanto aburrida impuesta por el lujo silencioso las últimas temporadas, es la mejor recompensa a su trabajo. “Es muy emocionante ver mis diseños cobrando vida en otras personas. Cómo los llevan, cómo se sienten, la cantidad de piropos que reciben… Digamos que es el caramelín que compensa tanto sacrificio”.

Más aún cuando sus diseños llegan incluso a las pantallas de millones de personas en todo el mundo a través de sus ya constantes cameos en Netflix. Sex Education, Emily in Paris o Sin Medida, de Lena Dunham, son algunas de las series internacionales en las que sus creaciones han copado la conversación sobre el vestuario llegando incluso a viralizarse. Y también se han colado en ficciones nacionales como Valeria o Élite. Para ella, lo interesante de estas apariciones no es tanto el aumento de ventas o pedidos en su web, sino “cómo consiguen atraer el interés de los medios convirtiéndose en un respaldo muy importante para la credibilidad y visibilidad de la marca”.

Para atender la demanda y continuar creciendo, Celia B cuenta con tres centros operativos: Oviedo, Madrid y Shanghái. “Yo estoy principalmente entre los dos primeros, aunque voy mínimo una vez al año a Asia”, explica. En Oviedo está el departamento de diseño; en Madrid gestionan las operaciones y tienen un showroom de comunicación y desde Shanghái se encargan de la parte de producción y logística. “Tenemos también agentes de ventas y comunicación repartidos en varios países como Estados Unidos, Emiratos Árabes, Reino Unido, Japón o Grecia. Es una operativa bastante compleja, por eso estamos en fase de consolidación y mejora de muchos aspectos de la empresa”.

En una industria tan competitiva y saturada como la de la moda, para ella la clave del éxito está en haber logrado diseñar un producto con un ADN claro y diferenciado, “algo que no puedas encontrar en otro sitio; que emocione a la gente y les haga sentirse partícipes”. Pero ni siquiera eso es suficiente, “la calidad impecable y un buen servicio de atención al cliente” son las otras bazas que considera imprescindibles para hacerse un hueco en el sector. Y, en su caso, también una filosofía que pasa por algo más que hacer ropa. Ella, que se define como “activista del color”, defiende que la colorfobia que nos asola y que se traduce en la pérdida del color en lo cotidiano empobrece nuestro entorno. “Para mucha gente es más superficial que otras extinciones que desgraciadamente estamos presenciando en nuestros días, pero yo llevo años defendiendo que van de la mano”, afirma subrayando que incluso en India, desde donde responde estas preguntas, está siendo testigo de cómo el negro va invadiendo los espacios de un país considerado el epicentro mundial del color. “Ocurre en la moda, pero también en la arquitectura, el interiorismo o el diseño industrial y nos priva de la diversidad estética. Las causas son variadas, el capitalismo y la necesidad de aumentar los márgenes en bienes de consumo es una de ellas. Por eso yo veo que vestirse y rodearse de color es un posicionamiento político, con un significado mucho más profundo del que se pudiera ver a priori”, sentencia.

Tras 14 años al frente de su marca, la asturiana hace un balance positivo y proyecta sus próximos objetivos. “Celia B me ha dado la libertad de diseñar la vida que quería. Viajar por el mundo recogiendo inspiración, volver a Asia una vez al año, ver mis diseños en varios puntos del planeta, colaborar con artistas que admiro, crear un mundo rodeada de las cosas que me gustan… Es todo lo que podría haber soñado”, confiesa. En el futuro su sueño por cumplir pasa por diseñar un hotel o un espacio 100% Celia B capaz de transmitir a mucha gente su filosofía de marca. “También tengo pendiente en mi wishlist escribir un libro”, añade. De llegar a materializarse, todo apunta a que su portada será tan llamativa y reconocible como el universo visual que ha construido alrededor de Celia B.

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