Penélope Cruz: “Yo nunca permitiría a nadie que me quitara la voz a la hora de denunciar el machaque a los civiles y a los niños”
Pocas veces el lugar común que dice “no necesita presentación” es útil. Esta es una. Estrella absoluta del cine español, actriz total, celebridad a todos los niveles, Penélope Cruz —embajadora de Chanel, activista por los derechos humanos, invitada de Bad Bunny y ahora, arcilla en manos de Los Javis— nos cuenta cómo consigue renovar la ilusión por su oficio y sus alrededores


“Me tenía que subir a un tanque y me había hecho unas pruebas médicas. Después de la pausa para cenar, mientras me estaban poniendo la peluca, tenía a un médico al teléfono que me dijo: ‘Parece que tienes un aneurisma cerebral”, explica la actriz que ha protagonizado algunas de las escenas más memorables del cine de las últimas décadas, dentro y fuera de España. Pero Penélope Cruz (Alcobendas, 51 años) otorga un doble matiz al adjetivo inolvidable cuando relata lo que le ocurrió en su primer día de rodaje de La bola negra, la esperadísima próxima película de Javier Ambrossi y Javier Calvo (que competirá por la Palma de Oro en el Festival de Cannes), mientras se forjaba una de esas escenas que prometen grabarse en las retinas de los espectadores: su personaje tiene que unirse a un grupo de unos 300 figurantes e interactuar con ellos mientras canta y baila. “Yo nunca me olvidaré de esa escena. Primero por la libertad que dan ellos. La energía de ese momento no se puede construir de otra manera, no se puede ensayar de más, tenía que tener algo muy salvaje. Y después por esa llamada del médico. Yo empecé a llorar, intentando que no se me estropeara demasiado el maquillaje, mientras al otro lado había 300 personas esperando para seguir con el número musical. ‘¿Cómo que parece?’, le contesté. Y me dijo que no era seguro, que había que repetir las pruebas. Yo solo le pregunté: ‘¿Puedo hacer ejercicio ahora mismo? Porque tengo que bailar y cantar toda la noche’. Y me dijo: ‘Sí, tranquila, lo puedes hacer’. Entonces me subí al tanque, y siempre recordaré la sensación de estar escuchando el inicio del número musical, pensando que tenía que darlo todo, y a la vez con un miedo… Mi cabeza iba a mil por hora, combinada con la adrenalina del número musical, que es impresionante”.

Pregunta. ¿Y cómo consigue disociarse en un momento así?
Respuesta. Porque el médico me dijo que podía hacerlo. Pero siempre recordaré esa sensación, lo extraordinarias que son algunas situaciones que se viven en esta profesión. Al día siguiente se lo conté a ellos, porque necesitaba sacármelo de dentro. Y se portaron genial y me dieron todo el apoyo del mundo, porque me tiré tres o cuatro días pensando que tenía un aneurisma mientras seguíamos rodando. Luego me repetí las pruebas y se despejaron las dudas, que al parecer son frecuentes. No tenía nada, era una cuestión anatómica.
Ese temor, tan insólito como la llamada que lo provocó, no tiene nada que ver con otro que acompaña a la actriz: “Al comienzo de cada rodaje tengo miedo de que me despidan. Creo que sin ese miedo no me reconocería. Para mí es un indicador de que mi trabajo me sigue importando tanto como al principio”.
Su participación en la película de Ambrossi y Calvo surgió de una comida: “Yo quería sentarme con ellos porque me parece que tienen un talento impresionante y porque nos habíamos visto en algunas ocasiones y siempre nos decíamos: ‘tenemos que trabajar juntos’. Entonces Katrina [Bayonas, representante de la actriz] organizó una comida. Y en esa comida, ellos me contaron que estaban escribiendo La bola negra. Y me dijeron: ‘Hay un personaje… lo que pasa es que nos da cosa mandártelo porque es pequeño’. Y yo les dije que para mí no hay personaje pequeño, hay personaje bueno o malo. Y cuando me lo mandaron les dije: ‘¿Pero estáis locos? ¿Cómo habéis dudado? ¡Si es un bombón de personaje, con dos números musicales y una escena!’. Yo creo que ahí ha empezado una relación, hemos tenido tal conexión… Tenemos muchos planes juntos”.
Además de La bola negra, y tras el estreno de La novia, a las órdenes de Maggie Gyllenhaal, Penélope tiene varias películas pendientes de estreno. Entre ellas, The invite, el remake norteamericano de Sentimental, la película de Cesc Gay. “Me parece un director buenísimo, pero cuando me mandaron este guion yo no sabía que estaba inspirado en una película suya. Sabía que iba a dirigirlo Olivia [Wilde, que también lo coprotagoniza], que me encanta como actriz y directora, y me habían dicho que era una comedia muy inteligente. Mientras leía el guion no podía parar de reír. Después me contaron que provenía de Sentimental y entonces la vi. Y también he visto hace poco Mi amiga Eva [del mismo director], que me encantó”. Y en febrero terminó el rodaje de Búnker, de Florian Zeller, donde comparte metraje con Javier Bardem, tras Todos lo saben (2018), su última película juntos. “Tenemos mucho cuidado a la hora de elegir trabajar juntos en la misma película. Y tanto él como yo no vamos a forzar nada, ni nos da miedo decir que no hasta que llega algo que realmente merece la pena, como este caso. Nosotros no vamos a generar proyectos solo para trabajar juntos, porque tampoco sería sano. Que vengan cuando tengan que venir”.
P. Usted ha dicho alguna vez que su trabajo se nutre de la exploración del comportamiento humano. ¿Cómo se consigue observar al resto cuando una suele ser la observada?
R. Siempre he estado en el lugar de la observadora. En clase me sentaba más atrás para poder ver a todos: copiaba la letra de una, otro día la de otra, y así intentaba mimetizarme con ellas. Y en la peluquería de mi madre me sentaba en un sofá detrás de las clientas, me ponía delante el libro para estudiar y colocaba dentro alguna revista de moda, pero estaba todo el tiempo espiándolas. Y en un restaurante no puedo evitar mirar al resto e imaginarme sus vidas, lo que ellos me transmiten. Voy al supermercado, al gimnasio, a las clases de mis hijos, donde coincido con un montón de padres y madres que acaban siendo amigos, ambientes donde soy una más. Si yo hubiera perdido eso, me habría dedicado a otra cosa.

P. La bola negra coincidirá en recorrido nacional e internacional con El ser querido [la última película de Sorogoyen, protagonizada por Javier Bardem] y con Amarga navidad, entre otras. ¿Cómo ve el año de cine español que se viene?
R. Y con Búnker, que es coproducción española y está rodada en un 80% en español. La posición del cine español en el mundo me hace feliz. Llevamos unos años muy fuertes y además me entusiasma ver cómo tantas directoras con tanto talento y guionistas maravillosas tienen posibilidad de sacar adelante sus películas.
P. Cuando recibió el Premio Nacional de Cinematografía, en 2022, usted dijo: “El trato de la mujer en el cine no está cambiando tanto como está de moda decir”.
R. A mí me llevan preguntando desde los 20 años, sobre todo en Estados Unidos, si me da miedo envejecer. Y aunque las cosas han cambiado, siento que a veces no es que hayan dejado de preguntar ciertas cosas porque se les haya caído la ficha, sino porque no está bien visto. Pero la ficha tiene que caer, tenemos que llegar a un lugar de igualdad real, y eso pasa por la educación en igualdad y respeto a niños y adolescentes, desde que son muy pequeños. Cada uno hace lo que puede en casa, pero luego está la tecnología…
P. Lo ha mencionado en alguna ocasión en su cuenta de Instagram. ¿Le preocupa la exposición de sus hijos [Leo y Luna, ahora adolescentes] a las redes?
R. Ese tema para mí es muy importante y no solo por mis hijos. Yo tardé muchos años en tener smartphone y redes sociales, no quería entrar en esa rueda. La única que tengo es Instagram y la uso justamente para denunciar esas cosas, sí, en su propia plataforma. Se están consiguiendo cambiar leyes en muchos países. Y ojalá en el nuestro también se consiga, porque yo sé que cualquier adolescente que ahora mismo se pueda sentir ofendido con eso, dentro de tres o cuatro años lo va a agradecer, lo va a entender y seguramente, si más adelante tiene su propia familia, lo va a aplicar. Ellos ya saben lo que hay ahí, son muy listos. Pero son las presas más codiciadas para estas empresas, se comercia con su atención. Y esto trasciende a los jóvenes, es una cuestión que tiene que ver con dónde estamos en el mundo, ¿no? El peligro de perder la democracia. El poder de las redes sociales es muchísimo más grande de lo que pensamos.
P. Y más allá de las redes, ¿teme que sus hijos cumplan 18 años en cuanto a la exposición mediática?
R. No, ellos decidirán lo que quieren hacer y decidirán si son profesiones de cara al público o no. Y si no son profesiones de cara al público, pues haremos lo que hemos hecho siempre, igual que conseguir que se respete que mi madre pueda tener una vida normal.
P. Usted y Rosalía son amigas. ¿Hablan de los paralelismos entre sus carreras?
R. Nosotras hablamos de todo. Fuimos al fútbol y nos pillaron comiendo patatas fritas y sin parar de hablar, eran unos planos tan cortos que yo creo que se veía hasta lo que estábamos diciendo. Que la gente dirá: “¿Pero por qué no lo vieron en la tele de su casa?”. A nosotras nos encanta hablar, nos lo contamos todo. Es una relación de mucha confianza, aunque no pasamos mucho tiempo juntas, pero cuando nos vemos, confiamos mucho la una en la otra. Me encanta pasar tiempo con ella, y admiro muchísimo lo que está haciendo.
P. Tengo entendido que ir a la casita de Bad Bunny hizo que sus hijos le dijeran: “¡Por fin eres cool, mamá!”. ¿Qué le da acercarse a artistas jóvenes?
R. (Ríe) ¿Eso lo he contado yo en algún sitio? Bueno, es que tienen cada cosa… En mi vida, lo primero que llegó fue la música porque yo hacía ballet desde los cuatro años y estuve 18 años bailando. Mi afición era sentarme al lado del tocadiscos con los vinilos y con los cascos gigantes. Me sabía cada nota de Prokófiev, Tchaikovsky, Chopin. Y de ahí pasaba a los Bee Gees, Alaska, Radio Futura... En mi casa los domingos limpiábamos todos juntos con música de fondo. Y yo les obligaba a todos a sentarse en el sofá y ver mis actuaciones. Luego siempre he usado la música para ayudarme a llegar a lugares que tenía que encontrar como actriz, a generar emociones. Entonces soy muy fan de los músicos que me gustan, y Benito es uno de ellos. Lo que está haciendo y los lugares a los que está llevando nuestro idioma me parece algo alucinante. Y muy valiente. Me da mucho subidón su música, fui a verlo tres veces seguidas en Puerto Rico.
P. Ahora que menciona la valentía de Bad Bunny, quiero hablar de la suya. ¿Le ha pasado factura profesional posicionarse en ciertas causas?
R. Sí, alguna vez, pero eso me ha servido para darme cuenta de que no tenía que trabajar con esa persona. Yo nunca permitiría a nadie que me quitara la voz a la hora de denunciar el machaque a los civiles y a los niños en cualquier lugar del mundo, porque para mí la vida de un niño tiene exactamente el mismo valor en cualquier lugar del mundo, y desgraciadamente parece que para muchas personas no es así. Me centro en los niños, porque siempre me han importado mucho desde muy joven. A los 18 años fui a Calcuta, quería estar allí trabajando con la madre Teresa, y vi cosas muy duras, me marcó mucho ese viaje.

P. En la última gala de los Oscar, uno de los pocos invitados que se pronunció sobre la actualidad fue Javier Bardem. ¿Cree que hay miedo en Hollywood?
R. Yo creo que hay mucha gente que tiene miedo a hablar, con todo lo que está ocurriendo con el ICE y con los demás conflictos. Es que si no es miedo, ¿qué es? Prefiero pensar que es miedo…
P. … A creer que es indolencia.
R. La cantidad de imágenes que nos han llegado de niños y civiles en Gaza, que a mí me afectan exactamente igual que las imágenes de todos los civiles que murieron en Israel el 7 de octubre... Veo a esos niños en Gaza sufriendo y muriendo de esa manera, ese nivel de agonía y de horror y me pregunto: ¿Cómo podemos ver eso y no decir nada, no escribir nada, no hacer nada? Allá cada uno.
P. Hace poco se publicó la primera entrevista a Harvey Weinstein desde la cárcel y él negó haber cometido ninguna agresión sexual. ¿Qué le suscitó?
R. Tengo amigas que pasaron por cosas muy fuertes con él. Y no me lo habían contado hasta que todo salió a la luz. Yo nunca les podría echar en cara que no me lo contaran antes. Tenían miedo. Y aunque a mí no me pasó, obviamente eso da igual. Ellas lo pasaron muy mal.
P. Pedro Almodóvar ha contado que desde que empezó a trabajar con usted siempre se la imaginó siendo madre. De hecho, en Carne trémula la puso, literalmente, a parir.
R. Y eso que ahí nos conocíamos muy poco y aún no le había contado qué nivel de obsesión tenía con convertirme en madre algún día. Pero sí, él siempre me ha visto así. Y siempre me ha dado personajes de madre o de mujer embarazada salvo en Los abrazos rotos.
P. El nombre de su productora, Moonlyon, es la suma de los de sus hijos. ¿Qué puede adelantar del documental que está dirigiendo y produciendo?
R. Llevo tres años y medio y tengo 45 horas de material. Llevo meses montando y me quedan bastantes más. Y es la cosa más intensa que he hecho, lo que más me ha exigido, porque es muy personal, tiene que ver con cosas que me han pasado a mí y a muchas otras mujeres. Es una carta de amor a las mujeres.

P. Otra de sus pasiones es la moda. Usted fue nombrada embajadora de Chanel en 2018 y fue muy amiga de Karl Lagerfeld. ¿Qué cree que pensaría del desembarco de Matthieu Blazy [director creativo de la firma desde diciembre de 2024]?
R. Creo que estaría muy contento con él porque Karl siempre arriesgó mucho. Siempre mantuvo intacta la esencia de Gabrielle Chanel y la de la marca. Y a la vez fue muy valiente, rompía moldes todo el tiempo. Siempre revolucionaba en cada desfile. Y además de hacer todas las colecciones de Chanel y las fotos de casi todas las campañas, sacaba adelante dos marcas más, era incansable. Yo de niña soñaba con poder tener algún día algo de Chanel. Un bolsito. Quién me iba a decir que iba a poder ser embajadora durante tantos años y tener esa relación preciosa que tuve con Karl y después también con Virginie [Viard, sucesora de Lagerfeld]. Y ahora Matthieu es una revolución, porque está consiguiendo mantener esa esencia de la marca y al mismo tiempo atraer a un público muy joven. Está haciendo algo espectacular.
P. Aquella joven, que soñaba con un bolso 2.55, a los 18 años estaba protagonizando Jamón, jamón y dejando para el recuerdo un vídeo muy tierno en el que con total desparpajo cuenta la película entera. Usted lo compartió hace años. ¿Qué le diría a esa chica?
R. Yo a los veintitantos me convertí en una workaholic tremenda. Me despertaba en medio de la noche para que nada se quedara sin contestar. Llevaba un ritmo muy loco, hacía cuatro películas al año. Ahora le diría todo lo que me decía mi madre: “Descansa más, duerme mejor, cuídate más”.



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