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La guerra Kavac-Skaljari: matar y celebrarlo con cohetes

Los Mossos investigan cuatro homicidos (dos en tentativa) en menos de un año entre los dos clanes balcánicos enfrentados

Terraza en la que fue tiroteado un mimebro de los Skaljari, el pasado martes, en Barcelona.Quique García (EFE)

Cuando un sicario de los Skaljari mató a tiros en Barcelona a Filip Knežević, de los Kavac, una fiesta de cohetes se desató en Kotor. Esa ciudad de la costa montenegrina es la cuna de una guerra que se ha cobrado entre 60 y 70 homicidios por Europa, según fuentes de los Mossos d’Esquadra. Y cada vez que ocurre, resuena la pirotecnia. “Hay una voluntad de exhibir el muerto, de publicitarlo”, explican esos mismos especialistas. En menos de un año, la policía catalana investiga dos asesinatos y otras dos tentativas en el área de Barcelona. La última víctima es Krsto Vujić, supuesto miembro de los Skaljari. El hombre, de 44 años, sigue hospitalizado en estado grave después de recibir dos tiros por la espalda mientras tomaba algo en una terraza con su mujer y su bebé.

Los sicarios de los Kavac querían matar a Vujic, igual que intentaron matar a Predrag Vujosevic, en agosto. Ambos han sobrevivido, una suerte que no tuvo otro hombre tiroteado en Castelldefels en diciembre. “Pero no es por la cocaína, hay mercado para todos. Es pura venganza”, explican las fuentes policiales. Y lo hacen sin escatimar en medios: de las armas de fuego, usadas en España, a explosivos, como bombas lapa, que han utilizado en Serbia. “Si quieren matar a alguien, y lo localizan, tiene la capacidad para enviar a gente y el dinero suficiente para pagar todos los gastos de viajes, hoteles y coches, hasta que encuentren el momento oportuno de hacerlo”, añaden las fuentes policiales, que se refieren a “francotiradores”. Lo que complica además la investigación: “No dejan rastro. Son investigaciones de mucha dificultad, que necesitan mucha información internacional”.

Ambas organizaciones -que deben su nombre al lugar de origen de sus integrantes- pasaron de colaborar a matarse por toda Europa en apenas tres años. Su negocio es la importación de cocaína desde Sudamérica. Al principio, trabajaban bajo una marca superior, el clan Kotor, como la ciudad, y después de 2011, con la caída de uno de sus líderes, con autonomía propia: los chavales de cada uno de los barrios -separados por una montaña y unidos por un túnel- dieron forma a los clanes Kavac y Skaljari. La alianza funcionó hasta 2014. “Los problemas surgen con un cargamento de 200 kilos de cocaína, que proviene de Sudamérica y va a Valencia. La droga se deja en un lugar que los Skaljari no esperaban, y se interpreta como una traición”, explican esas mismas fuentes. La prensa serbia ahonda en que la droga se depositó en un almacén, y cuando los Skaljari lo descubrieron, se la llevaron desairados. Eso desató una guerra, que se cobró su primer muerto en 2015: Goran Radoman, de los Skaljari.

Aunque la mayoría de las víctimas se ejecutan en la zona de los Balcanes, su disputa se ha extendido por Alemania, Austria, Países Bajos, Grecia, Ucrania, Turquía… Y también España. Los lazos internacionales entre la policía serbia y los Mossos d’Esquadra permiten dibujar el escenario actual en Cataluña, donde los criminales no se cobijan solamente de la justicia o de la guerra en su país. “Los puertos son muy importantes”, explican los especialistas. “Por ellos entra la droga. Luego hay que repartirla y darle salida. Y lo hace controlada por la estructura criminal”, ahondan. Por eso se asientan en en territorio, con documentación falsa, e incluso tejen una vida familiar y una mínima red social, con la que intentan pasar desapercibidos. Una operativa que repiten en Valencia o Andalucía.

Los Mossos d’Esquadra ubican sus primeras investigaciones contra los clanes Skaljari y Kavac en 2017, que han derivado en la desarticulación de algunas de sus facciones. El pasado mes de octubre, los Mossos y la Policía Nacional, en una operación con la policía Serbia, detuvieron a 13 personas, con vinculaciones con los Kavac. “No hay un año en el que no se produzcan incidentes”, explican fuentes policiales, sobre la actividad delincuencial de ambos grupos. Y a pesar de los cuatro homicidios (dos de ellos en grado de tentativa) en menos de un año, no consideran que la guerra entre ambos se haya recrudecido. Es un conflicto sostenido en el tiempo, candente, en el que “no se prevé un final amistoso”.

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