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Critica/ Pop
Crítica

091 trascienden aquel siglo XX al que dieron por muerto

La veterana banda rock granadina, superviviente a modas durante varias décadas, ofreció anoche un magnífico concierto en la sala Republicca de Mislata

Un momento de la actuación del grupo.Loy Bittersweet

Macerados en barrica de roble. Curtidos en el yunque de la adversidad. Envejeciendo como los buenos vinos. Sustentados en una inveterada reciedumbre. Tonificantes como un viejo bourbon. Sobrados de una actitud que con los años ha adquirido un porte señorial. Ya me perdonarán, pero ver a los 091 en directo y tratar de expresar lo que transmiten es recurrir a un cúmulo de clichés y frases manidas que ya hemos escuchado cientos de veces: se me caen los topicazos de los bosillos. Directamente. Pero es que seguramente no hay una forma más válida de aproximarse a una descripción de lo que representa el quinteto rock granadino en 2026. Es de esos grupos que nunca pasaron de moda porque en realidad nunca lo estuvieron. Quizá mejor.

Anoche era la tercera vez que volvían a Valencia tras su resurrección en 2015, las tres en la misma sala, la Repvblicca de Mislata (en 2016, 2020 y ahora), y fue una gozada comprobar que ni su capacidad de convocatoria mengua con el tiempo (diría que más público que en cualquiera de sus anteriores visitas: qué lejos queda aquel poco concurrido bolo de la Roxy en 1996, en su primera despedida) ni tampoco el inoxidable vigor de su directo (más de dos horas) ni la capacidad de José Ignacio Lapido, su guitarrista y compositor principal, para expedir clásicos instantáneos, prendados de ese descreído y lúcido existencialismo, donde lo sueños se confunden con la realidad, que acreditan su clase como uno de los grandes letristas del rock en castellano. Porque Espejismo nº 9 (2026), el reciente y noveno álbum de los cero, es un notable disco que puede mirar cara a cara a cualquiera de los trabajos más celebrados de su carrera. Sus canciones, como Piezas de desguace, No tiene sentido escapar, Nadie quiere oír tu llanto, Ven vestida de nube o Dormir con un ojo abierto (ese mojo tan ryhtmn and blues), no desentonan en un cancionero inmaculado de más de veinte piezas, que anoche desbrozaron con el oficio acostumbrado. José Antonio García como intachable frontman (fino como un pincel, cantando estupendamente) y Tacho González, Víctor Sánchez y Jacinto Ríos haciendo lo suyo al mando de batería, guitarra y bajo, respectivamente. Escuché a alguien decir que son sosos, quizá porque no hablaron mucho entre canción y canción. No puedo disentir más: son sobrios. Sus canciones ya lo dicen todo.

¿Puntos de inflexión? Unos cuantos. Para mí, El baile de la desesperación, Cómo acaban los sueños, La canción del espantapájaros (en acústico al comenzar el primero de los dos bises), Este es nuestro tiempo y Esta noche. Y para rematar, aquel atisbo de hit imposible que fue La vida qué mala es y un poco antes, ¿Qué fue del siglo XX?, aquella autopsia precoz (¡en 1991!) a un tiempo al que ellos, ahora que en sus conciertos se ven por fin juntos a padres e hijos, han sobrevivido contra cualquier pronóstico y gozando de una salud inquebrantable. Como para no celebrarlo.

Carlos Pérez de Ziriza

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