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La tortura del ‘ghosting pasivo’: cuando la ambigüedad indica el fin de una relación

El denominado ‘ghosting’ pasivo o ‘soft ghosting’ consiste en esperar que una cita comprenda que las respuestas ambiguas, pasivo-agresivas o cortantes son una indirecta para hacerle ver que el idilio se ha terminado

Una joven consulta su móvil.MementoJpeg (Getty Images)

Uno de los términos que las aplicaciones de citas han convertido en un clásico del léxico relacional es indudablemente el ghosting, que supone cortar repentinamente todo tipo de comunicación con alguien con quien se ha establecido algún tipo de vínculo. Tan común es este doloroso comportamiento, que deja a quien padece sus consecuencias en un situación de incertidumbre en la que la clausura le es arrebatada, que cuenta ya con mutaciones. Es el caso del ghosting pasivo, también conocido como soft ghosting.

Para comprender de qué se trata, imaginemos una situación. Dos personas han tenido ya varias citas y conversan diariamente, convirtiéndose esos mensajes en parte de una diaria que, en el caso de cesar, dejaría un vacío comunicacional. La química y la ilusión están presentes hasta que una de las partes descubre que esas sensaciones no eran compartidas: de la noche a la mañana, la otra persona espacia sus mensajes y responde cada vez más tarde con respuestas cada vez más secas o incluso con emojis. Y es entonces cuando quien ha advertido el cambio de actitud excusa el comportamiento del otro alegando que quizás esté ocupado. Pero para todo hay solución, ¿no? “Es un simple bache”. Propone quedar para tomar algo. No se topa con una negativa, sino con un “Vamos hablando”, “Estoy liado esta semana pero la siguiente, sin falta”... Y ese encuentro nunca llega. Y así, sin anuncio oficial ni conversación pendiente, la energía cambia. Lo que parecía estar construyéndose con naturalidad comienza a diluirse en silencios intermitentes y excusas suaves.

Cuando alguien sabe que no va a volver a quedar con aquella persona con quien se estaba viendo, pero sigue respondiendo a sus mensajes y prometiendo que pronto volverán a verse a sabiendas de que jamás será así, tiene la esperanza de que quien recibe esos esquivos textos pille la indirecta. Supone una forma de refuerzo intermitente, pues en lugar de frenar del todo la comunicación, está premiando con mensajes de forma irregular. Y por eso quienes han vivido experiencias parecidas aseguran que el ghosting pasivo es más doloroso que ser dejado en visto.

Precisamente el presentador Andy Cohen hablaba sobre este comportamiento poniendo como ejemplo una conversación de WhatsApp en la que una mujer agradecía a su cita haberle invitado a cenar. Le comenta que el sitio elegido había sido tan genial que se lo había puesto complicado para elegir un lugar que estuviera a la altura para quedar la siguiente vez. “Me lo pasé genial y espero que tú también”, le dice, a lo que él contesta con el emoji del pulgar. “Es otra forma de ser un poco grosero y también pasivo-agresivo”, dice Cohen. Porque el soft ghosting implica también limitarse a reaccionar con emojis a los comentarios, entrando entonces en la ecuación la vagancia. “Este comportamiento ha sido alimentado por las aplicaciones de citas, pues el diseño de algunas plataformas premia lo inmediato (match/like) frente a la comunicación honesta. Esto puede alimentar una cultura de ‘no debo explicaciones’, cuando en realidad, un mínimo de respeto emocional mejora la experiencia de todos”, matiza entonces Tony Espigares, coach de desarrollo personal.

Ana Lombardía, experta en salud y bienestar sexual de We-Vibe, aclara que en ocasiones no se trata de que alguien no entienda el mensaje, sino que no le agrada la respuesta, por lo que se aferra a lo que puede para conservar la esperanza, entrando así en negación de la realidad.

¿Cómo ha de actuar el que está esperando una respuesta y se encuentra del otro lado emojis ambiguos, silencios o apariciones breves? “Aunque lo ideal en muchos casos sería obtener una negativa directa y clarificadora por parte de la otra persona, es importante entender que eso puede no suceder... Y debemos aprender a entender el mensaje que nos está mandando la otra persona”, asegura.

Indica que los mensajes ambivalentes, las idas y venidas, las desapariciones frecuentes, el ‘dar largas’ y las contestaciones escuetas suelen ser una señal clara de que la otra persona no está interesada o disponible. Aunque no está a favor con la práctica, considera preciso entenderla dentro del marco cultural y aprender a leer y entender el rechazo enmascarado. “No siempre es necesario, obligatorio o deseable una confrontación directa del ‘no’. Confrontar al otro y pedirle una explicación de su comportamiento puede ser una opción, pero debemos estar preparadas para bien recibir una negativa muy directa y dolorosa, o para obtener de nuevo una ambigüedad desconcertante”, asegura.

Espigares recomienda pedir claridad y observar la respuesta… O la ausencia de ella, claro. “Un mensaje sencillo y adulto puede ser: ‘Me gusta hablar claro. Si no te apetece seguir, lo entiendo, dímelo y lo dejamos aquí’. Si tras eso sigue la intermitencia, ya tienes la respuesta en los hechos. Intentar ‘sacar’ una confirmación a alguien que no está disponible suele alargar la ansiedad. Lo más sano es cerrar el ciclo tú: dejar de invertir energía donde no hay reciprocidad”, recomienda.

Pero, ¿por qué cuesta tanto decir un sencillo ‘no’ y marcar límites? Maria del Carme Banús Villarroya indica que en muchas ocasiones, la gente tiene habilidades comunicativas limitadas. “Nos resulta muy fácil decir algo positivo a alguien, pero se nos complica inmensamente cuando tenemos que comunicar algo negativo. Eso sucede porque tenemos tendencia a ponernos en un tono agresivo automático, dada la incomodidad que nos provoca el hecho, o asumimos que la otra persona va a entonar un discurso defensivo que al final, va a llevar a un conflicto. Como queremos evitar este destino a toda costa, tendemos a eludir comunicar cosas negativas, como que la relación ya no da para más, o que no sentimos lo que esperaríamos sentir”, explica. Espigares añade otro motivo. “Puede deberse a la inmadurez emocional: se evita la conversación difícil para proteger la propia comodidad. Y a veces, hay ambivalencia: ‘No me interesa, pero me gusta tenerte ahí’. Decir la verdad con respeto requiere valentía y responsabilidad”, asegura.

Pero ya todo ha cambiado. La complicidad se ha esfumado, la ansiada quedada se perfila imposible y esos mensajes intermitentes carentes de química indican que el idilio ha terminado… Aunque quien quiere que así sea no es lo suficientemente valiente como para hacérselo saber al otro. Lombardía considera que lo que debe evitar la persona que sufre estas apariciones intermitentes es caer en la trampa de estar pendiente las 24 horas del día de si el soft ghoster le responde o no, dejando el resto en segundo plano. “Quizás la clave está en entender que el rechazo sí nos va a afectar, y no pasa nada. Vivimos en un momento histórico en el que intentamos evitar el malestar a toda costa; las relaciones pueden doler, producir enfrentamientos y confrontaciones, rechazos, rupturas... ¡Es un riesgo que hay que correr! Que te rechace alguien que te gusta es incómodo, doloroso y no puede ser de otra manera”, asegura.

Comenta la importancia de aceptar esa emoción incómoda y no huir de ella pues de lo contrario, nadie se arriesgaría jamás a intentar establecer vínculos. “Recordemos que, aunque esa emoción que nos produce el rechazo sea dolorosa, se acabará pasando. A veces, el querer evitar el dolor del rechazo es lo que nos lleva a seguir aferrándonos a esas migajitas de atención, en vez de ver el panorama completo”, dice. Porque a Pulgarcito las miguitas no le fueron del todo mal pero en el cada vez más complicado mundo de las relaciones, lo oportuno es huir de comportamientos pasivo-agresivos y de personas que eluden la confrontación sin tener en cuenta las emociones e ilusiones de aquellos con quien ha establecido algún tipo de vínculo. Las miguitas de atención son información por sí mismas, pero ante todo lo es el silencio, que paradójicamente es el que grita más alto.

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