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Fórmulas menos agresivas y resultados no tan esclavizantes: cómo los barros capilares le comieron terrero al tinte tradicional

Estos pigmentos vegetales, que ni oxidan ni abren la cutícula, prometen una coloración más natural y un mantenimiento menos exigente. Expertos analizan la tendencia

Barros capilares

Teñirse el pelo es uno de los rituales de mantenimiento más extendidos en el universo de la belleza. Según Intel Market Research, alrededor del 60% de las mujeres y el 30% de los hombres se tiñen el pelo para realzar el color natural, cubrir canas, retocar raíces o cambiar de imagen. Pero algo está cambiando. El Hair Colour Market Report de Market Growth indica que la demanda de productos naturales y orgánicos para la coloración se ha disparado y el 65 % de los consumidores prefiere hoy fórmulas más suaves libres de químicos agresivos, como el amoniaco, frente a los tintes tradicionales.

En la búsqueda de opciones menos agresivas, muchas peluquerías incorporan en su carta de servicios la coloración con barros. Noelia Jiménez, estilista y propietaria del centro que lleva su nombre confirma el fenómeno “hay una búsqueda clara de naturalidad, bienestar y coherencia. Los barros conectan con un cuidado consciente y también con cierto cansancio frente a colores muy artificiales y mantenimientos esclavizantes”. Debora y Rebeca Casals son hermanas y propietarias desde hace más de 20 años de La Poupée, una de las primeras biopeluquerías de Barcelona en implementar estos colores vegetales a base de plantas que ellas mismas personalizan en cada servicio. “Cada vez más personas buscan alternativas naturales al tinte tradicional y, como biocoloristas, les acompañamos en ese proceso. Muchas llegan para teñirse por primera vez y buscan potenciar su color natural o difuminar las primeras canas. Otras vienen cansadas de años de tintes y mechas convencionales y quieren liberarse del efecto raíz que obliga a retocar cada mes. Con los barros, ese problema desaparece”, afirma Debora Casals. Empezamos aclarando conceptos.

¿Qué son los barros en realidad?

“Es un sistema de coloración que utiliza polvos de plantas tintóreas mezclados con agua caliente para aportar color al cabello. Los barros 100 % puros, no contienen amoniaco, peróxidos ni agentes oxidantes, tampoco metales, y su INCI deber incluir únicamente plantas pulverizadas y agua”, explica a S Moda la Dra. Cristina Romera, especialista en dermatología médico-quirúrgica y medicina capilar de Instituto Médico Ricart. Iván Torres, tricólogo experto en restauración capilar de Clínica Planas, añade “son productos elaborados a partir de extractos vegetales, arcillas y minerales, sin colorantes sintéticos ni procesos oxidativos. Suelen combinar arcillas con pigmentos vegetales, como índigo o henna, además de otros componentes que mejoran la textura y el brillo”. La diferencia se percibe en el olfato (no huele a tinte) y en su modo de actuación. Mientras los tintes tradicionales abren la cutícula, alteran la melanina natural y modifican la estructura del cabello, “los barros actúan por depósito, no por reacción química. Los pigmentos vegetales no penetran, sino que se adhieren a la superficie del tallo capilar y forman una película que envuelve la cutícula”, dice la dra. Romera.

Aportan color, pero también pueden mejorar la calidad del cabello. “Algunos barros ayudan a reforzar la fibra capilar, aumentan el brillo y protegen frente a agresiones externas como la radiación solar. En cueros cabelludos sensibles, arcillas como la bentonita o la montmorillonita tienen un efecto calmante y contribuyen a reducir la inflamación y la irritación. Y en cueros cabelludos grasos, ingredientes como el caolín o la bentonita ayudan a regular el exceso de sebo y a mantener el cuero cabelludo más equilibrado y confortable”, explica el doctor Torres.

Resultados naturales sin efecto raíz

Durante años, los barros arrastraron mala fama por ser una pasta barata de herbolario que se aplicaba sin demasiada ciencia, teñía a parches y desaparecía con pocos lavados dejando un color desigual. Hoy el resultado es otro. “Los tonos son suaves, llenos de matices y con una profundidad que depende de la base, la luz y el propio movimiento del cabello. Nada que ver con los colores uniformes y compactos de los tintes tradicionales”, dice Noelia Jiménez. En La Poupée, la estilista Rebeca Casals añade, “conseguimos colores naturales, duraderos y sin efecto raíz. Las canas se integran en un efecto mecha porque la planta actúa como un barniz luminoso y natural. En castaños aparecen tonos marrón chocolate, avellana o caramelo; los rubios se vuelven dorados y vainilla, y los caobas ganan intensidad sin perder naturalidad”. Desde el punto de vista médico, este efecto tiene una explicación “al no penetrar en la corteza, los barros no transforman el color desde dentro. Por eso el resultado es más traslúcido y menos homogéneo, pero también menos duradero”, advierte la doctora Cristina Romera.

No cubren canas por completo

Ni cubren canas por completo ni permiten aclarar el cabello. “Los barros no bajan tonos ni aclaran. Siempre trabajan sumando pigmento. Esto hay que explicarlo bien para evitar frustraciones. Para aclarar hay que combinar técnicas o valorar otros sistemas. Sí que cubren las primeras canas de forma progresiva, sin bloquearlas ni crear una raíz marcada. A medida que el color se va con los lavados, el tono se aclara de forma natural: en rubios evoluciona hacia un beis suave y, en castaños, se mantiene en matices fríos. Esto permite espaciar los retoques y evita contrastes bruscos con el crecimiento del cabello”, dice Gloria Segura, formadora nacional de Secretos del Agua. En canas abundantes o completamente blancas, la cobertura es parcial y traslúcida, por lo que hay que asumir un resultado diferente al de un tinte tradicional. “No están pensados para cubrir al 100 % ni para igualar el color de forma homogénea. Cuando se busca intensidad, un cambio marcado o un resultado muy duradero, el tinte convencional sigue siendo la herramienta más eficaz”, señala Romera.

¿En casa o en el salón?

Los barros no funcionan igual en todos los cabellos ni admiten una aplicación fácil y automática. Además, no existe un ‘barro universal’ y eso dificulta su uso casero. Cada cabello necesita una combinación específica de plantas, tiempos y técnicas. Incluso dos personas con un color similar pueden requerir tratamientos muy distintos según su base, su historial químico o el estado del cuero cabelludo. “La coloración vegetal no es simple, es más sutil y requiere más conocimiento. Cada mezcla se adapta al punto de partida del cabello, al objetivo y al tiempo de exposición. Es una práctica mucho más artesanal, casi alquímica”, dice Jiménez. Según el Departamento Técnico de Salerm Cosmetics, “el resultado en casa no es predecible. En el salón hay diagnóstico, técnica y control del proceso para adaptarse a cada caso; en casa la aplicación es estándar y sin personalización”.

La colorista pesa y mezcla los distintos barros, añade el agua casi hirviendo y remueve hasta lograr una pasta sin grumos. Un error en la proporción, la temperatura o el tiempo de exposición se traduce en un color distinto al esperado. “En cabellos rubios, sometidos a mechas o procesos de decoloración, el margen de error es mayor. Los rubios son delicados y, según lo que se aplique, pueden quedar muy naranjas o demasiado oscuros. En bases muy oscuras con un alto porcentaje de cana, una mala proporción o una temperatura incorrecta puede derivar en colores irregulares y poco armónicos”, dicen las hermanas Casals. La diferencia no es solo estética. “Nosotras diseñamos el color a medida, teniendo en cuenta el momento vital del cabello. El secreto está en saber qué necesita para trabajar las plantas con las temperaturas y los tiempos adecuados”. Cuando los barros se aplican en casa los errores son habituales. Colores demasiado naranjas, mechones oscuros, tonos apagados o cabellos endurecidos por exposiciones excesivas son algunas de las consecuencias más frecuentes. “Plantas como el índigo o la henna requieren especial cuidado, ya que pueden saturar el cabello y resultar muy difíciles de matizar después. A ello se suma el uso de productos económicos de baja calidad que suelen estar llenos de hojas sin fuerza pigmentaria y dan malos resultados”, advierten las hermanas Casals. El servicio en salón tampoco es barato. “Antes de dar un presupuesto hacemos una valoración previa, ya que el precio varía según el largo o la cantidad de cabello, pero suele superar los 90 euros”, dicen desde La Poupée.

Natural no es sinónimo de inocuo

Uno de los grandes errores es pensar que, por ser de origen vegetal, los barros están exentos de riesgos. Algunas plantas pueden provocar irritación o alergias de contacto, por eso los expertos insisten en la importancia de conocer la formulación y valorar cada caso de forma individual. “Los barros bien formulados suelen ser mejor tolerados por cueros cabelludos sensibles, pero no dejan de ser activos que interactúan con la piel”, recuerda el tricólogo Iván Torres y subraya la necesidad de utilizar arcillas y pigmentos de alta pureza para evitar contaminantes como metales pesados.

El peluquero David Lorente expresa sus recelos “no todos los barros son 100% vegetales y también pueden provocar alergias. En el caso de la henna auténtica, la que aporta reflejos rojizos, sí se puede hablar de una fórmula exenta de química, pero en los barros actuales, con tonalidades marrones o doradas, intervienen procesos que implican cierto tratamiento químico. En el pasado, algunos barros muy oscuros llegaron a retirarse del mercado por su contenido en metales, un aspecto que obliga a prestar atención a la formulación”. Más allá del color, añade, los barros también modifican la textura del cabello. “Los pigmentos se depositan en la superficie, lo que engrosa la fibra y le aporta cierta rigidez. Puede ser una ventaja en cabellos finos o con poco volumen, aunque en algunos casos también puede traducirse en una mayor sensación de sequedad”, concluye.

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