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“Los italianos y franceses vienen aquí a producir artesanía y luego la ponen a precios astronómicos. No hay que tener miedo a subir los precios”

Asier Labarga y Valentina Zuloaga, los nuevos directores de la Mercedes Benz Fashion Week, explican su estrategia para darle una nueva vida a la pasarela en un Madrid lleno de clientes internacionales con alto poder adquisitivo

Valentina Suárez-Zuloaga, directora creativa de la pasarela Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, y Asier Labarga, director de la MBFWMadrid, en el Palacio Municipal de IFEMA, en Madrid. SAMUEL SÁNCHEZ

Ella es la cofundadora y socia de la plataforma multimarca de firmas españolas Es Fascinante, un proyecto que ha puesto a muchos diseñadores patrios en el radar de los grandes compradores globales. Él lleva 16 años especializado en poner en marcha nuevos proyectos en IFEMA, donde estaba al frente de la línea de negocio de música y entretenimiento. “Nos dimos cuenta de que la propuesta estaba fuera del estándar que se requiere hoy en día. Hacía falta un perfil experto y transversal que nos ayudase y que supiera de retail, de moda española, que estuviera en contacto con diseñadores y otras pasarelas de todo el mundo”, dice Asier Labarga (Donosti, 48 años), el nuevo director de la Madrid Fashion Week. Valentina Zuloaga (Madrid, 32 años), la nueva directora creativa de la semana de la moda se incorporó como “una baza para emocionar”. Hace un año, con un proyecto diseñado por ella como hoja de ruta, se pusieron mano a mano a dar un cambio de rumbo a la pasarela. En la segunda edición ya han conseguido que se respire moda en toda una ciudad llena de espectadores internacionales.

Pregunta. Una persona que tiene un proyecto tan personal, tan brillante y con tanto éxito, ¿por qué dice “me voy a meter en esto”?

Valentina Zuloaga. Sigo siendo socia y cofundadora de Es Fascinante pero cuando surgió esta oportunidad, que iba por concurso, me preparé un proyecto sin ninguna certeza pero con la esperanza de ganarlo. Mi objetivo siempre ha sido apoyar a la moda española y esta era una manera de apoyarla de verdad. Aquí vi un proyecto en el que estaba todo por hacer. Eso siempre es súper prometedor.

P. De las cosas que había en aquel proyecto inicial, ¿dónde encontraron más resistencia?

Asier Labarga. El gran debate del estado de la nación ha sido llevar los desfiles por toda la ciudad. Era algo que siempre había dado mucho miedo en IFEMA porque tienen una implicación logística increíble e irte fuera de casa es complicado. Al final, a pesar de las limitaciones de permisos que requieren muchos enclaves históricos, hemos conseguido justificarlos, organizarlos y hacerlos realidad. No sé si en algún momento dije “ni de coña”. A lo mejor sí, pero soy poco de eso, soy de: “A ver, cuéntame más”.

P. ¿Y por qué ese empeño en llevar los desfiles por toda la ciudad? ¿Para convertir la de Madrid en una semana de la moda importante, como las de Milán o París?

V.Z. En una Fashion Week la ciudad es un elemento importantísimo a nivel de imagen, el estilo de sus calles, su vida. Los diseñadores quieren eso, aunque más de la mitad hayan preferido seguir donde siempre. Ahora es todo ensayo y error y estar en contacto con todos los actores, de la prensa a los diseñadores. Que puedan decir: “Oye este espacio era muy pequeño para mis vestidos que son muy grandes. Vamos a buscar otros”. Nos iremos amoldando.

P. ¿Qué desfile de esta edición han dicho: esto era?

V.Z. El segundo día, en el Palacio Ferrán Núñez. La distancia a la que veías las colecciones, el crowd, el ambiente, el after, la energía de moda, el street style, la gente fuera haciéndose fotos. Se sentía muy moda y muy exclusivo.

P. ¿Y esa es la idea? ¿Hacerlo más exclusivo?

A.L. Queremos que sea una semana muy divertida y que tenga un punto muy, muy potente de artesanía. Todo el mundo sabe que si te interesa la moda sostenible vas a Copenhague sin saber el calendario. Deberíamos llegar al punto en que para moda con alto componente artesanal automáticamente voy a Madrid. Además la ciudad está viviendo un momento único ahora y estar en espacios únicos, arquitectónicos e icónicos en esta ciudad que vive en la calle es algo que todo el mundo aprecia.

P. ¿Usted que lleva tanto tiempo trabajando en IFEMA en qué momento dijo: está pasando algo nuevo en Madrid?

A.L. El año después de la pandemia empezó a haber un festival cada fin de semana a lo largo de todo el año con mucha música electrónica. De hecho, Madrid es ahora otra de las mecas de la electrónica en Europa. Y de ese calendario, el 65% de los espectadores eran extranjeros. De pronto esto era también extrapolable a restaurantes, hoteles, propuestas de ocio. Y además para nuestro estatus de puente cultural con el público latinoamericano, que siempre había sido más una quimera que otra cosa ahora es real. Antes pasaban por aquí para ir a Europa pero ahora viven, consumen y prescriben aquí.

P. ¿Y cómo se consigue que no se convierta en un acontecimiento solo para millonarios?

V.Z. Nosotros más que por poder adquisitivo nos queremos guiar por relevancia. Que la gente que vaya a la pasarela desde los buyers, hasta los influencers, pasando por la prensa sea relevante a nivel nacional e internacional. Y luego, aunque los desfiles tienen los aforos que tienen, involucrar a la ciudad completamente, como pasa en París, Nueva York o Milán. Que sea un evento muy democrático.

P. En Nueva York es algo democrático, pero en París no.

V.Z. Hay que encontrar un equilibrio. De hecho, el día del Fernán Núñez tenía mucho de eso. La gente iba a un desfile invitada, porque era un aforo muy reducido, 250 o así. Había prensa, prescriptores, clientes y poco más. Pero esa gente luego se quedaba todo el día y podía ver en pantallas el siguiente desfile aunque no tuviera acceso a él.

P. ¿Qué región del mundo diría que está descubriendo Madrid ahora mismo?

V.Z. Además de Latinoamérica, hay un público estadounidense muy potente y también mucha gente de Oriente Medio. Alucinan con los precios y la calidad.

P. Antes la conexión era Marbella. ¿Por qué es Madrid ahora?

A.L. Los hoteles de lujo son tractores importantísimos que determinan las rutas aéreas y que activan toda la maquinaria turística. El Four Seasons ha tirado mucho de estos perfiles que solo vienen a comprar si se pueden alojar ahí.

P. ¿La vieja guardia se queja?

A.L. Quizás les cuesta más meterse o inundarse de ese espíritu que se genera porque muchos llevan 40 años desfilando pero creo que este público internacional también nos va a permitir a nosotros poder subir los precios. Y yo creo que es necesario que muchas de nuestras marcas suban los precios porque tienen que comer.

P. La influencer Leandra Cohen comentó en redes que lo mejor de Madrid es que un café de especialidad aún vale 3,50. ¿Cómo se evita el dumping?

V.Z. No podemos abanderar ser de muy buena calidad y baratos. Tenemos que proyectar que nuestra calidad y nuestro imaginario tienen un valor muy alto que es perfectamente comparable con el de los franceses o los italianos. O más bien ellos vienen aquí a producirlo y luego ponen unos precios que no te puedo explicar. Hay un público. Yo asesoro en temas de pricing y a veces aconsejas a las marcas que sean más competitivas. Pero luego hay muchas otras que producen en España, con una mano de obra carísima, unas telas impresionantes, un diseño maravilloso y no tienen márgenes. No hay que tener miedo a subir si tienes ese público internacional. Para ser interesante, llegar al extranjero y sobre todo a mayoristas, un vestido de pasarela brutal, de seda, de 30 metros de seda no puede costar 500 euros porque las plataformas de Oriente Medio, Estados Unidos o Italia no te toman en serio. Les parece que no es lujo y eso no puede ser, porque lo es.

P. ¿Qué ha aprendido usted de Asier?

V.Z. Yo he aprendido que es muy importante el control y la calma dentro del dinamismo. Quizá por mi juventud tiendo a ponerme más nerviosa

P. ¿Y usted de Valentina?

A.L. El ímpetu y la valentía al plantear cosas. Eso de que te diga: “A lo mejor te va a parecer loco, pero he pensado esto”.

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