Cómo y por qué el ‘look de tenis’ sigue siendo relevante en 2026
Este deporte está experimentando una evolución cultural a medida que más marcas de lujo se inspiran en la cancha para vestir a la calle


El tenis y la moda, match point. El deporte más elegante de la historia resulta que es una de las grandes tendencias de nuestro tiempo, con un atractivo atemporal que trasciende lo atlético y que habla de tradición, de buen gusto y de un ideal de vida. La expresión cultural de ese deseo se llama tenniscore -un cruce entre el club de campo y la funcionalidad de la ropa deportiva moderna-, lleva varios años en ascenso y así lo seguirá haciendo en las próximas temporadas, en las que seguiremos viendo faldas plisadas, cortavientos de aire retro y zapatillas vintage inspiradas en la cancha, según un análisis del gigante de las tendencias Heuritech.

Si esta estética de club tan específica está más viva que nunca es, según el informe, por “su posición privilegiada en la encrucijada de la cultura, el estilo de vida y el comercio”. Primero, la cultura pop le ha dado una visibilidad estratosférica: películas como Challengers, protagonizada por Zendaya —la actriz a la que todos querían vestir durante la promoción, lo que consiguió el diseñador del momento, Jonathan Anderson en su marca personal—, colaboraciones de alto perfil (como la alianza ASICS x A.P.C., o Kith x Wilson) y la moda en la pista de los Grand Slam (por ejemplo, la colección deportiva-alta costura de Gucci inspirada en el tenis presentada de cara al Australian Open 2026) mantienen esta estética como una aspiración masiva.
Punto dos para mantenerse relevante: encajar con el espíritu del momento. Si bien el look de tenis no es nada nuevo, sí ha conectado con un deseo muy actual, el del privilegio, que se ha rebautizado en la moda como “lujo silencioso” o “rico de toda la vida”. Elegante e informal, su imaginario bebe de décadas de estilo, de los impecables blancos de Wimbledon, las campañas de Ralph Lauren, el cocodrilo más significador y el aire universitario de la Ivy League de los ochenta y los noventa. Hoy, esos códigos clásicos se reinterpretan en forma de faldas plisadas, polos de punto, vestidos ligeros y jerséis anudados con estudiado descuido sobre los hombros. Los colores siguen siendo fieles —blanco, crema, verde Kelly, detalles de rojo, azul marino— y los materiales evocan su universo: piqué, punto fino y nailon técnico. Lo hemos podido ver todo, revestido de un nuevo aire, en las colecciones de otoño de Lacoste o Y-3 (una colaboración entre Adidas y Yohji Yamamoto) y también en las faldas plisadas y polos de Miu Miu para la primavera de 2026.
A diferencia del athleisure, centrado en el rendimiento y la comodidad, el tenniscore busca algo más aspiracional. No se trata de practicar el deporte, sino de evocar su elegancia.

Su permanencia también responde a un cambio generacional en las pistas. Gucci fichó al reciente campeón de Wimbledon y número uno del mundo, Jannik Sinner, como embajador global de su marca. Louis Vuitton hizo lo mismo con Carlos Alcaraz, ganador de Wimbledon 2023, Burberry seleccionó a su talentoso talento británico, Jack Draper, y hace unas semanas Bottega Veneta anunció al tenista italiano Lorenzo Musetti como la nueva celebridad representante de la marca. En el sector femenino, la colaboración de Miu Miu y New Balance con Coco Gauff no ha pasado desapercibida, y Naomi Osaka se ha incorporado como embajadora por parte de Tag Heuer. Es así: hoy resulta imposible ver un partido de tenis sin apreciar la presencia de la moda.

Una breve mirada al pasado nos recuerda que todo comenzó hace casi cien años, con tipos marcando la pauta del estilo moderno del tenis como René Lacoste (tenista y creador del cocodrilo más famoso de todos los tiempos), Arthur Ashe y Bjorn Borg. Por la misma época, Suzanne Lenglen revolucionó Wimbledon enseñando brazos. Más tarde Chris Evert lució un vestido de encaje blanco en el US Open de 1971 que rompió con las convenciones de la moda deportiva de la época y en los ochenta el joven Agassi inyectó una dosis de rebeldía al look, con sus zapatillas Nike de hot lava y sus shorts vaqueros —sin mencionar su peinado—. Después llegaría Anne White, la primera tenista en lucir un mono en Wimbledon. Todos ellos corrieron para que Serena Williams pudiera volar: inolvidable su imagen con monos, tutús y looks de alto impacto, fruto de colaboraciones con Puma, Nike, Virgil Abloh o Riccardo Tisci.

Esta relevancia cultural ha colocado el look de tenis con cierto estatus de subcultura en las fotografías que rodean a las Semanas de la Moda: de Copenhague a París, en las últimas temporadas hay una generosa dosis de inspiración entre invitados a desfiles, prescriptoras de estilo y gente del mundillo de la moda. No hace falta ni pisar la cancha para emularlo.
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