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¿Mañana o tarde? La ciencia revela cuándo es mejor entrenar y maximizar tus resultados

Después de décadas de investigación en ejercicio físico, los mayores beneficios se observan cuando la carga de entrenamiento está bien prescrita

Una mujer hace levantamiento de pesas.GETTY IMAGES

Hay dos tipos de personas en el gimnasio. Los que llegan cuando aún no ha amanecido, con el café en la mano y la determinación intacta. Y los que aparecen al caer la tarde, cuando el cuerpo parece por fin haber despertado del todo. Y ambos creen tener razón.

Durante años, la cultura del fitness ha alimentado una pregunta aparentemente sencilla: ¿Es mejor entrenar por la mañana o por la tarde? ¿Se gana más músculo al final del día? ¿Mejorará más mi salud cardiovascular si entreno a una hora concreta?

La respuesta, como casi siempre ocurre, es algo más compleja que los eslóganes motivacionales. Nuestro organismo está regulado por ritmos circadianos, ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas controlados por un marcapasos central en el cerebro: el núcleo supraquiasmático. Este sistema sincroniza variables como la temperatura corporal, la presión arterial, la secreción hormonal o el estado de alerta.

La temperatura corporal, por ejemplo, alcanza su punto más bajo de madrugada y su máximo entre las cinco y siete de la tarde. Y esto no es un detalle menor, ya que cuando la temperatura es más alta, la función neuromuscular suele ser más eficiente. No es casualidad que numerosas revisiones hayan mostrado que el rendimiento en fuerza, potencia y velocidad suele alcanzar su pico por la tarde. En condiciones basales, solemos ser ligeramente más fuertes al final del día.

Pero una cosa es rendir más en un momento concreto y otra muy distinta es mejorar más con el entrenamiento. Y aquí es donde empieza la parte interesante.

Hace unos años, un metaanálisis que analizó estudios de entrenamiento de fuerza comparando mañana frente a tarde concluyó algo revelador: aunque la fuerza suele ser mayor por la tarde en mediciones iniciales, las ganancias tras varias semanas de entrenamiento son similares independientemente de la hora del día. Es decir, entrenar por la tarde puede hacer que hoy levantes un poco más de peso, pero no necesariamente hará que dentro de tres meses hayas ganado más fuerza o más masa muscular que quien entrenó por la mañana. Rendimiento puntual no es lo mismo que adaptación a largo plazo.

Más recientemente, se ha ampliado el foco más allá de la fuerza y se han analizado intervenciones que incluyen también entrenamiento de resistencia. Estas revisiones han evaluado no solo el rendimiento, sino también resultados relacionados con la salud, como la capacidad aeróbica, la composición corporal, la presión arterial o los marcadores lipídicos. Y la conclusión es que actualmente no existe evidencia sólida que apoye que entrenar a una hora concreta del día produzca mayores beneficios globales en salud que entrenar a otra.

En teoría, entrenar cuando el metabolismo está más preparado podría potenciar ciertas adaptaciones. Sin embargo, los resultados son inconsistentes. Algunos estudios individuales han sugerido ligeras ventajas del ejercicio vespertino en ciertos marcadores, como la reducción de triglicéridos o mejoras en el control glucémico en personas con diabetes tipo 2. Pero cuando se analizan de forma conjunta, estas diferencias no son robustas ni consistentes.

En términos prácticos, la reducción de la presión arterial, la mejora del perfil lipídico o el aumento de la capacidad cardiorrespiratoria dependen mucho más de la regularidad, la intensidad adecuada y la duración del programa que del momento exacto en el que se realiza. El mensaje es contundente: para la salud cardiovascular y metabólica, la adherencia supera al reloj.

No obstante, si hay que destacar un hallazgo interesante, no es si es mejor por la mañana o por la tarde, sino que las mejoras tienden a ser mayores cuando el entrenamiento y la evaluación se realizan a la misma hora. Es decir, el cuerpo se adapta en parte al contexto temporal en el que entrena. Si siempre entrenas por la mañana, mejorarás tu rendimiento matutino. Si entrenas por la tarde, tu pico de rendimiento puede mantenerse más marcado en ese horario.

Después de décadas de investigación en ejercicio físico, los mayores beneficios se observan cuando la carga de entrenamiento está bien prescrita: volumen semanal acumulado suficiente, intensidad adecuada, progresión en el tiempo, regularidad sostenida y ausencia de largos periodos de inactividad. El horario aparece, en comparación, como una variable secundaria. Y, por supuesto, es recomendable ponerse en manos de un profesional de la actividad física y el deporte para ajustar el programa a las características individuales.

Un aspecto clave que raramente se menciona en este debate es el sueño. El ejercicio regular mejora la calidad del descanso, pero realizar sesiones muy intensas inmediatamente antes de acostarse puede interferir en algunas personas sensibles. Y el sueño insuficiente sí tiene efectos claros sobre la salud metabólica, la presión arterial y el riesgo cardiovascular. En ese contexto, elegir una hora que no comprometa el descanso puede ser más relevante que buscar una supuesta ventaja fisiológica marginal.

Existe además una dimensión conductual: la sostenibilidad. Muchas personas abandonan programas de ejercicio no porque la carga esté mal diseñada, sino porque eligieron un momento incompatible con su realidad. Forzarse a entrenar a las seis de la mañana cuando el cuerpo y la agenda no lo permiten puede convertirse en una estrategia de abandono.

Si tu objetivo principal es mejorar tu salud cardiovascular, controlar el peso, incrementar la fuerza o mantener tu autonomía funcional, la evidencia actual permite una respuesta liberadora: entrena cuando puedas hacerlo de forma regular. La pregunta clave es: ¿cuándo es más probable que mantengas este hábito durante meses?

Si por la mañana te sientes despejado y eso asegura que no cancelarás la sesión, ese es tu mejor momento. Si por la tarde tienes más energía y menos estrés laboral, ese es tu mejor momento.

En conclusión, desde un punto de vista fisiológico, las diferencias en resultados de salud entre mañana y tarde son pequeñas o inexistentes. Lo que sí sabemos con certeza es que el sedentarismo prolongado aumenta el riesgo cardiovascular, empeora la regulación metabólica y acelera el deterioro funcional. Así que, entre moverse y no moverse, muévete.

El cuerpo tiene reloj, sí. Pero la salud depende mucho más de moverse que de mirar la hora.

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