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Nutricion
Tribuna

Comer con un plástico en la boca: la última propuesta en redes sociales que fomenta los trastornos de la conducta alimentaria

Cuando las redes se usan para promover este tipo de prácticas, el algoritmo muestra contenido similar, creando un efecto que normaliza y refuerza la delgadez

Tres usuarios de redes sociales en China, con el peligroso plástico en la boca.

Cuando comenzaron las redes sociales, pensamos que serían una buena manera de estar más comunicados y de no perder el contacto con gente con la que no coincidimos a diario. Pero la verdad es que se están convirtiendo en un espacio bastante oscuro y hostil, donde la desinformación y los bulos campan a sus anchas.

En el caso de la alimentación, por la sobreinformación y porque cualquiera puede comunicar lo que quiera sin hacerse responsable de lo que publica, esto supone un riesgo muy grande para la salud en muchas ocasiones. Para los trastornos de la conducta alimentaria se ha convertido en el caldo de cultivo perfecto; hay muchísimos trucos para comer menos, para quemar más calorías, para compensar, para restringir, se comparten retos que ponen en riesgo la salud de las personas y, sin ningún pudor, se replican y se promocionan.

De hecho, en redes como TikTok, hay comunidades que incitan a la pérdida de peso con todas las conductas patológicas relacionadas con los trastornos de la conducta alimentaria, lo cual es extremadamente peligroso.

La última propuesta ―al menos la más reciente, porque mientras escribo esto seguramente hayan aparecido dos o tres igual de insanas― consiste en introducir un plástico en la boca antes de meter un bocado, masticar la comida con el plástico y luego escupirla.

Los vídeos que muestran esto lo presentan como algo “seguro”, dicen que así puedes quedarte con el sabor de la comida, hacer el acto de masticar y reducir la ansiedad por comer, pero sin ingerir calorías. La realidad es muy distinta: al masticar a través del plástico, no se percibe el sabor. Además, se pueden estar ingiriendo sustancias tóxicas y microplásticos, y puede llevar, en una mala práctica, a la asfixia. Lo más grave es que esta conducta restrictiva y compensatoria reduce la ingesta y refuerza la purga mediante la expulsión del alimento.

Aunque pueda parecer novedosa, en realidad esta práctica es bastante común en trastornos de la conducta alimentaria. La novedad es que por redes sociales se propaga como la pólvora y, por supuesto, se vende como el truco definitivo para calmar la ansiedad por la comida, quitar las ganas de masticar, pero sin subir de peso. Lo venden como una manera de engañar al cerebro con una ingesta con un total de cero calorías.

Incluso figuras relevantes la han practicado. Por ejemplo, Karl Lagerfeld, el modisto que decía que no hacía tallas mayores de la 38 para mujeres, porque eso no encajaba con su alta costura, y cuyas palabras textuales fueron: “Nadie quiere ver gordas en las pasarelas”. Este señor, que toda la vida fue gordo, decidió perder 30 kilos y se jactaba en declaraciones públicas de que, cuando tenía mucho antojo de comer algo, se lo metía en la boca, lo masticaba y lo escupía. Este tipo de comportamientos ayudan a normalizar conductas peligrosas cuando se reproducen en espacios públicos o en redes.

Esta práctica, además de reforzar la compensación y agudizar el miedo a las calorías y a engordar, se relaciona con mayor insatisfacción corporal, pérdida del control sobre la alimentación y, por supuesto, inicia un camino hacia otras conductas desordenadas con la comida.

El problema de estas prácticas es que parecen inocuas y muy controlables; la realidad, como nutricionista clínica que lleva más de 15 años en consulta trabajando con trastornos de la conducta alimentaria, es que nunca es suficiente. La delgadez es muy seductora y se recibe mucho elogio ante la pérdida de peso; muchas de mis pacientes han recibido los mayores halagos cuando más enfermas estaban.

Como en una espiral sin salida, los elogios refuerzan esas conductas, por eso es importante dejar de hablar de los cuerpos de la gente. Estoy segura de que tú recuerdas el primer comentario feo que te hicieron sobre tu cuerpo y no has conseguido olvidarlo. Imagina cómo impacta en una persona en un proceso de enfermedad como es un trastorno de la conducta alimentaria.

Cuando las redes se usan para promover este tipo de prácticas, el impacto se multiplica; el algoritmo empieza a mostrar cada vez más contenido similar, creando un efecto de retroalimentación que normaliza y refuerza la delgadez como objetivo. Así es más fácil caer en retos que la promueven, como el de no comer nada en un día y competir con otros usuarios.

Además, dejar de comer determinados alimentos, no tomar un dulce o renunciar al postre genera mucha admiración porque se cree que es la fuerza de voluntad la que les permite hacer esas acciones, y es el terror a la comida. A su vez, para la persona que puede abstenerse de esos alimentos, aunque tenga hambre y muchas ganas, también supone una “superioridad moral”, en la que están los pobres humanos que caen en las redes de la “glotonería”, mientras ellos se sitúan en otro punto.

Una revisión sistemática realizada por investigadoras de la Universidad de Valencia señala que una mayor exposición a redes sociales puede actuar como detonante, sobre todo en adolescentes y adultos jóvenes, en el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria. Esto se debe a la exposición constante a cuerpos con estándares poco realistas y a la comparación continua con otros, así como a la recepción de información muy rápida sobre rutinas de ejercicio, alimentación saludable o cómo preparar postres fit, todo ello enfocado hacia la delgadez.

La exposición constante a contenidos que promueven ideales estéticos está asociada a mayor riesgo de desarrollar o mantener un trastorno de la conducta alimentaria. No es que un solo contenido genere un trastorno, pero sí fomenta ambientes emocionales y psicológicos donde estos problemas pueden activarse o reforzarse. De hecho, estudios experimentales demuestran que disminuir el uso de redes sociales puede ayudar a aliviar y reducir los síntomas en trastornos de la conducta alimentaria.

No es solo un vídeo más. Es la normalización de una conducta propia de un trastorno convertida en “truco saludable”. Es la delgadez por encima de la salud. Es el sufrimiento disfrazado de autocontrol. Y cada vez que se comparte se legitima.

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