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¿Funciona mejor el ejercicio físico que los fármacos para tratar la depresión?

Una revisión de estudios sugiere que la actividad deportiva tiene tantos beneficios como la terapia o los medicamentos, pero la calidad de la ciencia despierta dudas

Ejercicio fisico

El estudio de los beneficios del ejercicio sobre la salud durante las dos últimas décadas ha transformado la visión de su importancia médica. Hace unos meses, se publicaron los resultados de un trabajo que demostraba por primera vez que el ejercicio funciona como medicina contra el cáncer, al mismo nivel que la cirugía o los fármacos. En salud mental también se han visto efectos beneficiosos, pero comparar sus efectos con los de tratamientos convencionales como los fármacos o la psicoterapia aún parece prematuro.

Hoy se publican los resultados de una revisión sistemática de la Colaboración Cochrane en la que se analizan 73 estudios que incluyen a cerca de 5.000 pacientes en la que se compara el efecto del ejercicio físico en el tratamiento de la depresión, comparándolo con medicamentos y la psicoterapia. Concluye que el ejercicio físico puede ser un tratamiento de eficacia moderada para aliviar los síntomas de la depresión, pero también evidencia que faltan estudios de calidad que midan con precisión el poder del ejercicio contra esta enfermedad.

El análisis, liderado por Andrew Clegg, de la Universidad de Lancashire (Reino Unido), señala que, en comparación con no recibir ningún tratamiento, el ejercicio supuso una reducción moderada de los síntomas, algo parecido a lo que se suele observar con tratamientos como la psicoterapia o los fármacos. Igual que con otros medicamentos, los mayores beneficios se consiguieron cuando se dio una dosis específica en lugar de recomendaciones difusas y que el ejercicio leve o moderado funcionó mejor que el intenso. Los efectos secundarios fueron poco frecuentes y de escasa importancia, como lesiones leves o un empoderamiento temporal del estado de ánimo.

Ningún ejercicio concreto fue claramente superior, aunque los programas de ejercicios mixtos y el entrenamiento de fuerza parecieron más efectivos que el ejercicio aeróbico solo. Algunas formas de ejercicio, como el yoga, el qigong y los estiramientos, no se incluyeron en el análisis y los efectos a largo plazo no están claros, porque pocos estudios hicieron un seguimiento a los participantes después del tratamiento.

Clegg considera que sus “hallazgos muestran que el ejercicio parece ser una opción segura y accesible para ayudar a controlar los síntomas de la depresión”, pero puntualiza que “funciona bien para algunas personas, pero no para todas, y es importante encontrar estrategias que las personas estén dispuestas a seguir y que sean capaces de mantener”.

Aunque las conclusiones son prometedoras, los autores señalan importantes limitaciones en los estudios analizados, porque son pequeños o difíciles de cegar. Igual que es fácil dar una pastilla falsa a una persona en la rama de placebo de un estudio, no es fácil diseñar un ensayo en el que las personas no sepan si están haciendo ejercicio o no. En la comparación entre los efectos del ejercicio, la terapia y los fármacos también se reconoce que la calidad de la evidencia es limitada, en parte, porque se comparan intervenciones muy distintas.

La actualización de esta revisión de Cochrane añade 35 nuevos ensayos a las versiones anteriores publicadas en 2008 y 2013, pero, “pese a las pruebas adicionales, las conclusiones globales continúan en gran medida sin cambios”, dice el Centro Cochrane en una nota de prensa. “Esto se debe a que la mayoría de los ensayos fueron pequeños, con menos de 100 participantes, lo cual dificulta extraer conclusiones firmes”, reconocen.

Eduard Vieta, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona, coincide en que la baja calidad de los artículos empleados en la revisión hace difícil sacar conclusiones nuevas, “más allá de que puede tener efectos positivos sobre el estado de ánimo, que es algo que ya sabíamos”. “Nuestra recomendación no cambia: recomendamos ejercicio como terapia de ayuda para las depresiones leves y moderadas”, señala. “Para las depresiones graves, el ejercicio tiene muchas limitaciones, porque la gente no suele tener fuerzas para seguir un programa de ejercicio”, añadir Vieta. En este sentido, también advierte de un posible sesgo en este tipo de estudios que resultaría en un mayor beneficio aparente, porque “solo participa en el ensayo gente dispuesta a hacer ejercicio”.

Para el psiquiatra, también es importante fijarse más “en lo que puedes conseguir si añades ejercicio a los tratamientos habituales que plantear el dilema pastillas o ejercicio, que suele ser más ideológico”. No obstante, sí cree que la baja calidad de los estudios se debe a que faltan patrocinadores dispuestos a hacer grandes inversiones, como las que se emplean en los estudios de eficacia de fármacos, en algo como el ejercicio, que no se puede rentabilizar. “Para este tipo de estudios que no van a ser interesantes para un patrocinador privado, ese papel debería hacerlo la sociedad”, opina.

Sara Maldonado, directora del Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad del País Vasco, cree que, más allá del estudio que se publica hoy, “hay buena evidencia de los beneficios del deporte para diferentes patologías”, pero reconoce que “es necesario más tiempo y que haya más grupos de investigación dedicados a este tema”. Con su grupo, llevan más de seis años trabajando con el Hospital Universitario de Álava, en Vitoria, y ven beneficios. “Ahora estamos trabajando con personas con depresión resistente al tratamiento, con 10 y 15 años de depresión, aplicando ejercicio como adyuvante, además de los otros tratamientos”, explica.

“Una dificultad del ejercicio es que sus efectos no son tan rápidos como los de una pastilla, hace falta adherencia, porque el resultado de los efectos biológicos del ejercicio no va a ser inmediato”, afirma. En Vitoria ya han montado un gimnasio en el que los pacientes ya hacen ejercicio. “El siguiente paso, sería contratar especialistas en ejercicio físico”, concluye Maldonado.

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Sobre la firma

Daniel Mediavilla
Daniel Mediavilla es cofundador de Materia, la sección de Ciencia de EL PAÍS. Antes trabajó en ABC y en Público. Para descansar del periodismo, ha escrito discursos. Le interesa el poder de la ciencia y, cada vez más, sus límites.
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