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La guerra y la impunidad propagan la violencia sexual en Darfur: “El primer hombre me violó dos veces; el segundo, una vez; el tercero, cuatro”

Un nuevo informe de Médicos Sin Fronteras constata que el conflicto en Sudán, la inseguridad creciente, el colapso de las comunidades y la total ausencia rendición de cuentas han multiplicado estos abusos

Varias mujeres supervivientes de violencia, en muchos casos agresiones sexuales, en uno de los espacios seguros que Médicos Sin Fronteras (MSF) ha construido en el campo de desplazados de Daba Naira, en la localidad sudanesa de Tawila, en Darfur Norte, en febrero de 2026.Cindy Gonzalez/MSF

“Cada día, cuando la gente va al mercado, hay cuatro o cinco violaciones. Cuando vamos a cultivar ocurre lo mismo. Los hombres se cubren la cabeza y violan a mujeres. Si hay más de una, intentan escapar, pero cuando una mujer está sola, le resulta difícil huir”. Así describe su día a día una sudanesa de 40 años a los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF). Su testimonio está incluido en un informe publicado este martes por la organización médico-humanitaria, el más detallado hasta la fecha, en el que se concluye que desde el inicio de la guerra en Sudán, en abril de 2023, las agresiones sexuales han sido generalizadas y sistemáticas. “No hay forma de detenerlos. La única solución es intentar quedarse en casa y no salir mucho”, agrega la mujer.

Según MSF, la contienda, el desplazamiento de millones de personas, el colapso de redes comunitarias, la poca atención médica y la impunidad han propiciado su proliferación tanto en el frente como lejos de él. “Nos llevaron a un descampado. El primer hombre me violó dos veces; el segundo, una vez; el tercero, cuatro veces; y el cuarto, una vez. Además, nos golpearon con palos y me apuntaron con pistolas a la cabeza” describe con crudeza a MSF otra mujer, refiriéndose a su huida de la capital del Estado sudanés de Darfur Norte, El Fasher, tomada en octubre por las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por las siglas en inglés).

Entre enero de 2024 y noviembre de 2025, más de 3.396 supervivientes de violencia sexual acudieron a centros de salud apoyados por MSF solo en los Estados de Darfur Norte y Darfur Sur, el 97% de los cuales fueron mujeres y una proporción significativa del total, niñas y menores. Mientras que el primer Estado fue uno de los principales y más violentos frentes de la guerra en el período cubierto por el informe, el segundo ya se encontraba bajo el control de las RSF.

“Lo que está ocurriendo ahora mismo en Sudán es una guerra también contra los cuerpos de las mujeres y de las niñas”, desliza Andrêza Trajano, una de las responsables del programa de violencia sexual de MSF en el país, que ha colaborado estrechamente con los equipos de la organización en Darfur. “Y siento que apenas estamos viendo la punta del iceberg”, alerta.

Lo que está ocurriendo ahora mismo en Sudán es una guerra también contra los cuerpos de las mujeres y de las niñas
Andrêza Trajano, MSF

Arma de guerra

El informe recoge que la mayoría de los agresores son hombres armados y que el aumento de la violencia sexual coincide con escaladas de los combates y con el desplazamiento de civiles, lo que refleja un patrón para castigar, humillar y aterrorizar a la población. Las supervivientes cuentan que a menudo estos abusos van acompañados de otras agresiones, como ser violadas ante familiares, sufrir palizas, ser obligadas a presenciar ejecuciones o terminar raptadas.

En Darfur, además, la violencia contra civiles guarda una fuerte dimensión étnica que precede a la guerra pero que se ha acelerado y expandido durante la contienda actual, principalmente con ataques de las RSF y de milicias tribales árabes aliadas contra comunidades de otros orígenes. El informe de MSF señala que la violencia sexual “parece seguir los mismos patrones” y que existe la posibilidad de que se haya “dirigido deliberadamente contra grupos no árabes”.

Las supervivientes de estos abusos han identificado repetidamente a los perpetradores como combatientes de las RSF. Y la organización médico-humanitaria indica que, en Darfur Norte, los casos de violencia sexual se dispararon durante la intensificación de los ataques y la toma por parte de los paramilitares del campo de desplazados de Zamzam, uno de los mayores de Sudán, en abril de 2025, y posteriormente de la ciudad de El Fasher, a finales del mismo año.

En este Estado de Sudán, más del 90% de las supervivientes fueron agredidas mientras huían por carretera, sobre todo de Zamzam y El Fasher a lugares más seguros como la localidad de Tawila, controlada por un grupo armado neutral. Entre mayo y junio de 2025, mujeres desplazadas que querían regresar momentáneamente a sus hogares para recoger pertenencias pidieron anticonceptivos porque anticipaban que serían violadas de forma “inevitable” en el camino, según el informe.

Impunidad cotidiana

Lejos del frente, la violencia sexual también continúa siendo un fenómeno rutinario para muchas mujeres y niñas en Darfur, debido a una inseguridad creciente incluso cuando no se producen combates. A ello se suman los efectos de más de dos décadas de conflicto en la zona, incluida la fragmentación de familias, el colapso de comunidades, las carencias crónicas y la falta de rendición de cuentas por parte de los perpetradores, según señala el informe.

Esta realidad se hace patente en Darfur Sur, que desde 2023 se encuentra bajo dominio de las RSF, que no han mostrado ninguna voluntad de administrar los territorios que controlan ni de garantizar su seguridad o limitar a las diferentes milicias locales que los integran. Allí, cerca de un 25% de supervivientes identificaron a los agresores como civiles, incluyendo a sus parejas y otros familiares, y alrededor de un 60% de las víctimas explicaron haber sido atacadas por más de una persona.

Muchas de estas agresiones, además, se producen mientras las mujeres realizan actividades cotidianas. Por ejemplo, más de 800 supervivientes fueron agredidas mientras se encontraban trabajando en el campo o se dirigían a las tierras de cultivo, y más de 500 fueron atacadas simplemente mientras estaban recogiendo leña o iban a buscar agua o comida.

Muchas mujeres también describen actos de violencia sexual cometidos por sus parejas o por gente de su entorno, que aprovechan la falta de justicia y la desigualdad de género que impregna la cultura local para perpetrar estos abusos. “Yo misma he sufrido violencia. Es algo entre mi marido y yo”, reconocía otra mujer de 25 años en un campo de desplazados de Darfur Sur, que admitió estar buscando a alguien que pudiera poner “una barrera” entre ellos.

Cada día, cuando la gente va al mercado, hay cuatro o cinco violaciones. Cuando vamos a cultivar, ocurre lo mismo. Los hombres se cubren la cabeza y violan a mujeres
Víctima sudanesa

Trauma en soledad

Pese a la magnitud de esta crisis y las consecuencias inmediatas y a largo plazo que entraña, MSF critica que el sistema humanitario “ha fracasado rotundamente” a la hora de responder o cubrir las necesidades de las supervivientes. También constata que existen pocas iniciativas de protección, de apoyo a la recuperación y de prevención de nuevos abusos en el país.

“Una de las preguntas que hacían las mujeres era ¿cómo podemos prevenir la violencia?” explica Trajano. “¿Cómo puedo ir a trabajar en mis tierras de cultivo con seguridad? ¿Cómo puedo ir a buscar agua sin sufrir abusos sexuales? ¿Cómo puedo ir al pueblo a vender mis productos? Porque así es como obtengo ingresos”, detalla.

Esta inacción, sumada a la escasez de espacios seguros, al arraigado estigma que acalla cualquier violencia sexual, al temor de verse expuestas públicamente y a la poca información sobre los servicios disponibles, disuaden a muchas supervivientes de buscar ayuda, según MSF. El resultado es un profundo trauma que a menudo se ven obligadas a soportar en total silencio y aislamiento.

Como parte del informe, MSF organizó grupos de discusión con 56 mujeres, incluidas líderes comunitarias, parteras tradicionales, investigadoras y activistas, que coincidieron en señalar que la respuesta humanitaria para abordar la crisis debe priorizar mecanismos de prevención, en especial de carácter comunitario. También garantizar el acceso rápido a servicios de apoyo y de atención que sean integrales, gratuitos, de calidad y confidenciales.

La organización médico-humanitaria destaca que la sociedad civil sudanesa cuenta con una experiencia importante en materia de protección y que sigue activa pese a la falta de recursos y los obstáculos de las autoridades. Pero al mismo tiempo critica que las supervivientes han sido “sistemáticamente abandonadas” por quienes tenían el mandato de protegerlas y que el sistema humanitario internacional no ha proporcionado una respuesta a la altura de la crisis.

Trajano explica que cuando estuvo en Darfur Sur a finales de 2024 “era evidente que no había otros socios que proporcionaran atención médica” en el lugar. “Y luego, cuando empezamos a descentralizar nuestra atención médica a sitios donde las poblaciones que también habían sufrido esta violencia pudieran recibirla, fue cuando empezamos a ver la enorme cantidad de mujeres, niñas y niños supervivientes que habían vivido esta experiencia traumática”, indica.

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