La fuerza de la mujer bubi hecha tejidos
Una exposición en Madrid explora sobre telas el papel central femenino de uno de los pueblos bantúes más antiguos de África central

En el corazón de la Galería de Mamah Africa, el color no decora, vibra con una intensidad casi ritual. Sobre telas africanas de gran textura emergen rostros femeninos atravesados por líneas de ocre, escarificaciones simbólicas y miradas que parecen dirigirse simultáneamente al espectador y a otro lugar invisible. Son mujeres que sostienen, protegen, interceden o recuerdan. Mujeres que constituyen el eje de equilibrio de la comunidad bubi.
La exposición Mujer bubi en tejido africano, del artista ecuatoguineano Bësákkò Biá Rihóle, nombre artístico de Germán Paco Buika, nacido en Rebola, en la isla de Bioko, de Guinea Ecuatorial, propone un recorrido visual y simbólico por esa dimensión espiritual y cultural. Pintura, ilustración y arte textil se combinan para construir una iconografía contemporánea inspirada en las tradiciones del pueblo bubi, uno de los pueblos bantúes más antiguos de África central. Estará abierta hasta el 24 de mayo.
La muestra gira alrededor de la figura femenina como símbolo de continuidad y memoria dentro de la cultura bubi. Las obras dialogan con los tejidos africanos presentes en la galería, que se convierten en soporte artístico y en puente entre tradición y contemporaneidad. Para el autor, la mujer ocupa un lugar fundamental dentro de la cosmovisión de su pueblo.
Yo lo único que hago es contar la historia del pueblo desde la obra, artista ecuatoguineanoBësákkò Biá Rihóle,
Esta idea atraviesa toda la exposición. En cada obra, la figura femenina aparece como guardiana de un principio vital: la fertilidad, la protección de la comunidad, la transmisión de la tradición o el vínculo con la naturaleza. Las piezas reciben nombres que remiten a personajes simbólicos o funciones dentro de la cultura bubi. En Sibulawélo, por ejemplo, la figura representa “la defensora, la que protege y libra batallas”. En Maluna, la mujer encarna a la encargada del bienestar y la salud de la comunidad, mientras que Urí simboliza la prosperidad y la fertilidad. Estas figuras no son retratos concretos sino arquetipos culturales. Heroínas simbólicas que condensan historias, valores y mitologías transmitidas oralmente durante generaciones.

“La historia principal es la supervivencia”, afirma Rihóle en una entrevista con EL PAÍS. “La continuidad del pueblo bubi. Muchas veces tememos que algún día no haya bubis, pero mientras exista esta energía femenina el pueblo seguirá existiendo”.
Uno de los rasgos más singulares de la exposición es el soporte. Las obras se realizan sobre tejidos africanos de gran riqueza cromática, un material que introduce una dimensión adicional a la pintura. La idea surgió de forma casi accidental. Durante una visita a la tienda de la galería, el ecuatoguineano quedó fascinado por los textiles y comenzó a imaginar cómo sus personajes podrían habitar esas superficies. “Cuando vi esos tejidos me imaginé inmediatamente mi obra sobre ellos”, recuerda. “Pensé en las historias del pueblo bubi plasmadas en esas telas”.
El uso del tejido tiene también un significado simbólico. Bioko, la isla natal de Rihóle, a menudo ha vivido una relación ambivalente con el continente africano. Aunque forma parte geográficamente de África, su insularidad ha generado una cierta sensación de distancia cultural. Trabajar sobre telas africanas es, en cierto modo, una forma de reconectar con ese continente. “Somos africanos. A veces pensamos que África está allí y nosotros aquí, pero en realidad formamos parte de la misma historia”, subraya el artista. Las telas se convierten así en un lugar de cruce entre África y la diáspora, el mundo ancestral y el presente, la memoria y la creación artística.
Si el soporte material remite a África, el lenguaje visual de Rihóle se articula sobre otro elemento fundamental, el color. En su concepción artística, el color no es simplemente una elección estética sino un principio esencial. En la tradición bubi, todo lo creado por la divinidad posee un color que lo identifica y que se manifiesta a través de la luz.
El artista desarrolla esta idea en su proceso creativo. Para él, las figuras ya existen potencialmente en la tela antes de ser pintadas. “Siempre hago una pregunta cuando hablo de mi obra. Cuando el lienzo está en blanco, ¿la figura está ya ahí o la pongo yo?”, reflexiona. “Tal vez la figura ya está ahí y solo hay que liberarla”. Por eso en algunas piezas las formas parecen surgir parcialmente del tejido, como si estuvieran emergiendo de una dimensión previa. En otras, los patrones textiles se funden con los cuerpos, creando una sensación de movimiento o transformación. Las escarificaciones pintadas en los rostros —realizadas en tonos amarillos cercanos al ocre— refuerzan esta dimensión simbólica. “El amarillo representa el poder del sol, la luz. Es el color que conecta con la energía de lo creado”, comenta el artista.
Aunque la obra de Rihóle se nutre profundamente de la tradición bubi, su lenguaje visual es claramente contemporáneo. La composición, el tratamiento del color y la combinación de técnicas responden a un enfoque artístico actual. El artista es consciente de esa tensión entre pasado y presente. “La cultura no es estática”, afirma. “Si el mundo avanza en una dirección, no podemos darle la espalda. Tenemos que contemporaneizar la historia sin perder su esencia”.
Este equilibrio es precisamente uno de los retos del arte contemporáneo africano. El auge del arte africano en ferias internacionales ha multiplicado su visibilidad, pero también ha simplificado sus lecturas y corre el riesgo de ser absorbido por la etiqueta de lo exótico. Rihóle esquiva esa simplificación refugiándose en la narración cultural. “Yo lo único que hago es contar la historia del pueblo desde la obra. Lo importante es que la historia se cuente tal cual es”, comenta.
Esa idea narrativa es central en su práctica artística. Cada obra es, en cierto modo, un capítulo de una historia mayor: la construcción de una iconografía visual para el pueblo bubi. Rihóle señala que, a diferencia de otras culturas con representaciones visuales ampliamente difundidas, muchos personajes de la mitología bubi carecen de imágenes iconográficas reconocibles. Su objetivo es precisamente llenar ese vacío. “Quiero crear imágenes iconográficas del pueblo”, explica. “Héroes, heroínas y personajes de nuestras historias”.
Este proyecto conecta con una tradición cultural profundamente oral. Durante siglos, las historias se transmitieron a través de relatos, cantos y ceremonias. El arte visual se convierte ahora en un nuevo medio para preservar y reinterpretar ese patrimonio.
El arte es una forma de conservar y transmitir la cultura de un pueblo, pero también de adaptarla al mundo actual
Más allá de lo estético, la obra de Rihóle apunta a una pregunta de fondo: cómo preservar una cultura sin convertirla en pieza de museo. Una idea que él formula así: “El arte es una forma de conservar y transmitir la cultura de un pueblo, pero también de adaptarla al mundo actual”.
La trayectoria de Rihóle se desarrolla entre dos orillas. Se formó con maestros como Ricardo Madana y Fernando Nguema en el Centro Cultural Hispano-Guineano, así como con el artista Pocho Guimaraes. Posteriormente amplió su formación en la Escuela Superior de Arte y Diseño de las Islas Baleares.
Actualmente vive y trabaja en Bioko, aunque mantiene vínculos con España y otros países. Sus exposiciones recientes han tenido lugar en espacios culturales de Guinea Ecuatorial, Mallorca y Sudáfrica. Tras Madrid pasará por Bilbao y Mieres, y en noviembre expondrá en Bolivia.

En la tradición bubi, el universo se concibe como una relación constante entre dos dimensiones: la tierra del más acá y la tierra del más allá. Las mujeres —madres, guardianas, mediadoras— ocupan un lugar central en ese equilibrio. Las pinturas de Rihóle parecen situarse precisamente en ese espacio intermedio. Entre tejido y pintura, entre historia e imaginación, entre memoria cultural y arte contemporáneo. Un lugar donde el color es energía y la memoria, forma. Y donde el arte, como sugiere el propio artista, no hace más que abrir un camino que otros podrán seguir: “Este camino no es nuestro. Es un camino que abrimos para que otros lo recorran”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.



























































