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Migraron a Tenerife y ahora montan un hotel-escuela en Senegal para que otros jóvenes tengan la opción de quedarse en su país

En uno de los puntos de salida de cayucos del norte de África, se inaugura un espacio construido con materiales locales para la formación y el empleo

Edificio principal del hotel escuela Baobab, con la recepción y el restaurante, a la luz de la luna.Hotel Baobab

Kayar es el típico pueblo pesquero de Senegal, con una playa llena de cayucos y una lonja donde cada tarde decenas de muchachos descargan las capturas del día. Aquí, a diferencia de Gorée, Casamance o Saint Louis, apenas se ve un turista. Sin embargo, en unas dunas próximas al pueblo ha brotado un hotel con sus 20 habitaciones, su recepción, sus zonas comunes y hasta un agujero en la arena que algún día será una piscina. Eso sí, no es un alojamiento corriente. El hotel escuela hogar Baobab, que se inauguró el pasado sábado, nace con el objetivo de ser un espacio de formación para dar oportunidades laborales a los jóvenes de la zona, que en los últimos años han optado masivamente por la emigración hacia España. De ellos mismos surgió la idea.

Cuando Modou Gueye salió de Kayar en octubre de 2023 era poco más que un adolescente obligado a trabajar como pescador para mantener a su madre y siete hermanos pequeños. Ahora tiene 19 años, papeles de residencia en España y un trabajo de albañil y ha vuelto al pueblo por primera vez. Su madre tiene cáncer y quería verla a toda costa. Sin embargo, aprovecha un momento de respiro para pasarse por el hotel escuela. “Mira esto, parece increíble que lo hayan hecho en tan poco tiempo”, dice. Gueye observa todo con un punto de satisfacción porque sabe, en el fondo, que al menos una pequeña parte, un ladrillo quizás, procede de su propio esfuerzo.

La historia de este hotel escuela comienza el 6 de enero de 2020. Ese día, el sacerdote José Félix Hernández, al que todos llaman Padre Pepe, se dirigía a dar misa en la iglesia de Los Gladiolos, en Tenerife, y se encontró con un grupo de africanos que dormían en un parque cercano. Entonces decidió habilitar una pequeña morgue que había en el sótano del templo para que tuvieran un lugar caliente donde pasar la noche. Aquel gesto se convirtió en un proyecto de acogida por el que han pasado desde entonces unos 500 jóvenes llegados en cayuco y que hoy cuenta con varios pisos repartidos por la ciudad, todo bajo el paraguas de la Fundación Buen Samaritano que dirige Padre Pepe.

“En todas las conversaciones que teníamos con los chicos nos decían que lo que más falta hacía en su país era formación para el empleo, así que allá por septiembre de 2022 empezamos a acariciar el sueño de hacer algo en origen”, recuerda Hernández. La mayoría de los jóvenes acogidos eran senegaleses que salían del campamento de Las Raíces o de la cárcel, donde ingresaban tras ser condenados por ser patrones de los cayucos, así que se optó por este país. Tras barajar varias ubicaciones, en 2023 la fundación compró un terreno en Kayar que, además, era uno de los puntos de salida más importantes en aquellos años. Los propios migrantes tuvieron voz en todo el proceso, “ellos nos hicieron descubrir cuáles eran las necesidades más perentorias”, dice Hernández.

En todas las conversaciones que teníamos con los chicos nos decían que lo que más falta hacía en su país era formación para el empleo
José Félix Hernández, sacerdote

El diseño del edificio se encargó a Jorge Duque Arimany, arquitecto que ha desarrollado numerosos proyectos en África y que, desde el primer momento, tuvo claro que había que construir con materiales locales, en particular con ladrillos de tierra cocida, con el objetivo de generar toda una economía local a partir de este elemento. Además, se trata de un inmueble concebido para disminuir el impacto de las altas temperaturas y la salinidad ambiental que cuenta con amplios espacios, tanto interiores como exteriores, para las sesiones formativas previstas en el mismo.

Con un coste de unos 500.000 euros, la fundación logró el apoyo del Gobierno canario, el Cabildo de Gran Canaria e infinidad de donantes privados, tanto empresas como particulares. Sin embargo, una parte del dinero procedió de migrantes como Modou Gueye. “Tenemos un grupo de teatro, otro de baile y también ahora estamos con una coral. Lo que sacábamos de nuestras actuaciones iba para financiar proyectos como este. Yo estaba durmiendo en la calle y me acogieron. La fundación nos ayuda a nosotros, nosotros hemos ayudado a la fundación. Si algo he aprendido en la vida es que hay que pensar en los demás, tú solo no vas a salir adelante”, asegura Gueye.

La construcción ha sido todo un desafío. “Vi partir esto de cero”, comenta Moussa Niang, quien ha coordinado los trabajos en Senegal, “los primeros días eran dos albañiles y yo me puse de peón. Buscaba obreros, pero no fue fácil, aquí mucha gente trabaja en la pesca o la agricultura pero no saben de construcción, ni coger una pala. Hemos pasado calor de día y frío por la noche, hemos tenido viento que nos ha volado cosas y lluvia, pero ahora que está terminado estoy feliz”. Muchos vecinos pensaban que iba a ser un hotel de lujo para turistas, pero Niang hizo correr la voz de que se trataba un hotel escuela para los jóvenes de Kayar. “Se lo decía a los carreteros que nos traían el material y a los influencers del pueblo para que hicieran vídeos en las redes”, comenta. Tuvieron que hacer hasta la pista de tierra que lleva al edificio, en torno a la cual hoy han surgido numerosas casas en construcción. “Ven el movimiento de nuestra gente y se sienten atraídos”, remacha.

Aicha Gueye, de 24 años, no se lo pensó dos veces. Su hermano Ousmane, migrante en Tenerife, sabía que el hotel-escuela estaba a punto de abrir y ella había hecho un curso de formación profesional en cocina. “Me llamaron y me preguntaron si quería trabajar aquí. Les dije que sí, esto es una oportunidad para mí”, asegura. Desde que llegó el pasado 18 de febrero le ha ido cogiendo el truco a los fogones. “En un hotel donde hice prácticas hacía pizza, tacos o brochetas de pescado. Aquí he aprendido ya a hacer tortilla española”, dice.

El Baobab tendrá visitantes, pero la idea es que no sean turistas normales. “Que todo el que venga tenga algo que aportar. Ya hemos hablado con las familias del pueblo y vamos a hacer formaciones en construcción, energías renovables y nuevas tecnologías. Diez jóvenes de Kayar se van a especializar en paneles solares y, si todo va bien, la idea es que los más capacitados puedan recibir microcréditos para emprender su propio negocio. Un costurero también se ha ofrecido a dar cursos. Queremos apoyar el talento local”, resume Padre Pepe, quien avanza que ya están trabajando en próximos proyectos, como un hogar para mujeres viudas que trabajarán el reciclado de plásticos y apoyo al puesto de salud de la zona.

Para la inauguración, un nutrido grupo de voluntarios de la fundación se trasladó desde Tenerife y se alojó en el propio hotel, estrenando así las habitaciones. Durante las reuniones, destacaron todo lo que habían aprendido de los migrantes y de África. “Es una filosofía de intercambio, de transferencia de conocimientos en ambos sentidos”, concluye José Félix Hernández, “estos chicos han cambiado nuestra visión de la emigración. Con este proyecto nadie les dice si tienen o no que emigrar, sabemos lo importante que es para ellos trabajar en Europa y mandar dinero a sus familias, pero queremos que el hotel-escuela hogar Baobab les ofrezca la posibilidad de no hacerlo, de quedarse en su propio país si así lo desean”.

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