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Las ratas son “una bomba de relojería” contra los ecosistemas de las costas de Perú

Expertos, asociaciones ambientales y organismos públicos preparan proyectos de erradicación para proteger a especies como zarcillos o pingüinos de estos roedores invasores

Una rata capturada dentro de una trampa Tomahawk en Punta San Juan, en diciembre de 2025.Brayhan Cáceres

Poco después de las seis de la mañana, en una cueva rocosa de las costas de Perú, numerosos zarcillos se asoman desde sus pequeños escondrijos mientras emiten un sonido lastimero que se mezcla con el de las olas. La población de estas aves marinas, conocidas por su plumaje negro, pico rojo y un curioso ribete blanco, está disminuyendo peligrosamente en las costas de América del Sur. “Son las principales víctimas de las ratas”, dice la bióloga Susana Cárdenas, directora del Programa Punta San Juan (PPSJ), destinado a conservar y proteger la biodiversidad de la zona, mientras revisa una trampa que puso la noche anterior. El mecanismo es simple: una jaula pequeña en la que se pone un cebo y cuando el roedor entra, la rejilla se cierra. “No ha caído ninguna hoy”, lamenta Cárdenas, explicando que en los últimos meses han capturado decenas.

Hasta ahora, los peligros que diezmaron a las aves fueron la recurrencia del fenómeno climático El Niño y la gripe aviar, que fue devastadora, como apunta la directora del PPSJ. También causaban un enorme daño la excesiva actividad de la pesca industrial, que impacta sobre la anchoveta, alimento principal de estas aves. Pero desde hace más de una década, una amenaza importante para este ecosistema son estos rodeores invasores, las Rattus rattus.

Tanto que la Universidad Cayetano Heredia, la Universidad Científica del Sur, Island Conservation y el Ministerio de Medio Ambiente trabajan para preparar proyectos de erradicación que puedan ser aplicados en áreas naturales protegidas a partir de este 2026, previa aprobación de los comités de ética animal. Estos incluirán cebos con un raticida específico, que disminuya el impacto en los ecosistemas y en otras especies. El propósito es salvaguardar las aves amenazadas, y conservar ecosistemas como Punta San Juan.

En junio, agosto, octubre y diciembre de 2025, el PPSJ colocó en la zona 532 trampas y capturó 85 ratas capaces de comerse los huevos de los zarcillos o del pingüino de Humboldt, una de las especies de aves por la que más se teme en Perú, que es pequeño y se desplaza lentamente. Pero los roedores también atacan pichones de petrel o ponen en peligro las poblaciones del guanay o del piquero peruano. Además, causan un daño indirecto, puesto que los excrementos de los pingüinos, los guanay y el piquero sirven para fabricar guano, un fertilizante orgánico, que en el siglo XIX le otorgó al Perú grandes riquezas, y que se sigue produciendo, aunque en cantidades menores.

“Las ratas son una verdadera bomba de relojería”, afirma José Cabello, director para América Latina y El Caribe de Island Conservation, una organización dedicada a restaurar ecosistemas insulares y proteger su biodiversidad.

El experto subraya que tienen una reproducción sumamente rápida. En su vida, de más o menos un año, pueden producir cinco camadas de hasta 10 crías cada una. “Lo único que las limita es el alimento”, dice. Pero cuando lo encuentran, colonizan un lugar, se asientan y se expanden, que es lo que pasa en Punta San Juan. En Perú, también se ha confirmado que hay colonias de ratas y ratones muy importantes en las islas Chincha Norte y Lobos de Tierra. Se les ha visto en las playas donde se recolectan algas y andando entre los sargazos que expulsa el mar, buscando crustáceos, moluscos o larvas de insectos.

En junio, agosto, octubre y diciembre de 2025, se colocaron en la zona 532 trampas y se capturaron 85 ratas capaces de comerse los huevos de los zarcillos o del pingüino de Humboldt, una de las especies de aves por la que más se teme en Perú.

Tras la huella de los roedores

No está claro desde cuándo hay ratas en esta zona y cómo llegaron hasta ella. El efecto devastador de los roedores en los zarcillos, pingüinos y otros especímenes de la fauna local es una cuestión en la que tampoco se ha ahondado mucho hasta ahora. Pero sí está claro, por ejemplo, que la recolección del guano contribuye a la presencia de las ratas, que, hambrientas, buscan restos de comida donde están las personas que trabajan con el fertilizante. “Pero cuando esos trabajadores guaneros se van, las ratas buscan su comida en los nidos de las aves o atacando pichones”, relata Cárdenas.

Así ocurrió cuando se descubrieron las primeras señales de esta invasión, en 2013, justo después de que finalizara la temporada de recogida del guano. “Una mañana de diciembre fui a revisar un nido de zarcillos donde el día anterior había visto dos huevos. Los encontré rotos y pensé que había sido una gaviota; sin embargo, observé en la arena unas huellas pequeñas y restos de heces. Era obvio que se trataba de una rata”. recuerda la bióloga Lyanne Ampuero.

Alarmada, Ampuero se quedó en Punta San Juan hasta enero para monitorear lo que pasaba. También puso algunas trampas, pero en ese mes las ratas se devoraron los huevos de 30 nidos de zarcillos y de otros 16 nidos artificiales que ella preparó para sus investigaciones.

Ya en 2014, un informe emitido por Ampuero, Cárdenas y el biólogo Marco Cardeña, concluía que el 75% de los nidos naturales y el 40% de los nidos artificiales de zarcillo tenían huevos. Y al cabo de tres semanas de observación, se constató que el 100% de los nidos “habían sido pasto de los roedores”. En la primera mitad del 2015, sólo el 14% de los huevos puestos en nidos artificiales lograron convertirse en pichones. Los demás fueron destrozados por las ratas.

“Acá atrapamos una rata”, celebra la veterinaria Leticia Escobar. El lugar está al lado de las instalaciones de Agro Rural, empresa encargada de recolectar el guano. La rata está viva dentro de la trampa y en breve, será sacrificada para explorar si sus órganos alojan a algún patógeno peligroso. Su proliferación es un problema de salud ambiental, animal y humana. Carlos Calvo, también veterinario, sostiene que estos roedores “pueden transmitir leptospirosis, toxoplasmosis, salmonella, gripe aviar” o incluso expandir la peste bubónica.

“Una espada de Damocles”

Dada la emergencia del problema, el Ministerio de Medio Ambiente ha puesto en marcha un Plan Nacional sobre las Especies Exóticas Invasoras en el Perú 2022-2026. En este documento, se incluye a las ratas y se describe a la Rattus rattus como una especie que se alimenta “casi de cualquier cosa comestible” y que “ha ocasionado la disminución de la población de varias especies de aves”.

El plan dispone aumentar las labores de vigilancia y monitoreo de estas especies, así como programas de restauración de los ecosistemas afectados. En algunos casos más graves, como algunas islas y puntas, se prevé directamente la erradicación.

Estos roedores “pueden transmitir leptospirosis, toxoplasmosis, salmonella, gripe aviar” o incluso expandir la peste bubónica.

Según Cabello, de Island Conservation, las ratas son “una espada de Damocles” que ponen en la cuerda floja a los ecosistemas. El experto señala por ejemplo, que las islas que tienen aves a salvo de las ratas hacen que indirectamente haya “un 40% más de peces”, que comen algas, nutridas a su vez por el guano que generan los zarcillos y otras especies.

Pero es difícil detener a las ratas aquí y en otros lugares del mundo. Se han reportado invasiones de roedores en las islas Galápagos, en la isla Gough del océano Atlántico, en el atolón de Midway, ubicado en el Pacífico, en las islas Marion, donde se reportó ataques a pichones de petrel (Thalassoica antárctica) y Georgia del Sur (cercanas a la Antártida), y en otros ecosistemas.

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