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cartas al director
Opinión

El coste invisible de la menopausia

Las lectoras y los lectores escriben sobre de los gastos médicos de las mujeres, el pacto PP y Vox en Extremadura, aprobar unas oposiciones y la defensa de la lectura

Una mujer en edad menopáusica alivia los sofocos con un abanico, en Igualada. Susanna Sáez

Mis 52 años llegaron regalando insomnio, lo que me llevó a plantarme en el médico sin cita por primera vez, y salir con benzodiacepinas recetadas. Pero el insomnio vino para quedarse. Llegaron también unos sudores nocturnos. Dicen las estadísticas que un 40% de mujeres sufren de insomnio en la menopausia. Como el problema me preocupaba, volví al médico, y me recetó una medicación bastante nueva, que no causa intolerancia, pero que no cubre la Seguridad Social, por lo que el paquete para 30 días cuesta algo más de 98 euros. Esta medicación no me quita los sudores nocturnos, así que, mientras averiguamos si puedo tomar hormonas, me han recomendado un suplemento, cuyo módico precio es de 25 euros. Tardaré semanas en saber si funciona. A esto se añaden mis pruebas con magnesio y melatonina, no cubiertas por la Seguridad Social. Creo que me puedo permitir esos 123 euros cada 30 días de medicación más suplemento, pero ¿pueden permitírselo ese 40% de mujeres que sufren de insomnio?

Ángeles Rodríguez de Cara. Madrid

Taparse la cara

Según la entente cordiale extremeña entre PP y Vox, se prohibirán en el espacio público el burka y niqab, algo que no apruebo que se impida, como tampoco que se vista, pero con la religión prima la libertad individual. Entiendo que cuando los escuadrones uniformados de asociaciones y partidos de extrema derecha neofascista antisistema desfilen por la calle con un pasamontañas o similar también se les prohibirá el tránsito, ¿no?

Juan Manuel Granados Dávila. Madrid

Por fin

Recibí este viernes una de esas noticias que te cambian la vida: “Has aprobado la oposición. Tienes plaza”. En ese instante, por la cabeza se te agolpan un cúmulo de emociones, recuerdos y personas. Decidir opositar es, en cierto modo, poner la vida en pausa, reducir el tiempo con quienes quieres y aceptar renuncias. Un esfuerzo que no todo el mundo puede permitirse. En un tiempo en el que parece que la cultura del esfuerzo ha sido sustituida por la de la inmediatez y la visibilidad, comprometerse con la perseverancia, el sacrificio y renunciar a lo fácil no siempre es lo más cómodo, pero sí, muchas veces, lo correcto. Echo la vista atrás y veo la cara de orgullo de mis padres. Y, entonces, todo cobra aún más sentido.

Javier Berges Palacio. Zaragoza,

Resistencia

Leer fue durante siglos un ejercicio de lentitud: atención sostenida, casi física. Hoy la lectura compite con una economía de estímulos que la interrumpe de forma constante. No leemos menos; leemos distinto: en fragmentos, con prisa, siempre a un clic de abandonarlo. Conviene reivindicar la lectura no como refugio nostálgico, sino como ejercicio de resistencia. Leer exige algo que empieza a escasear: tiempo sin rendimiento inmediato, silencio sin notificaciones, concentración sin recompensa instantánea. En ese esfuerzo hay una forma de libertad. Porque quien lee de verdad no solo consume palabras: se detiene, duda, imagina, se transforma. Defender la lectura es preservar una de las pocas experiencias que todavía nos obligan a ir más despacio que la prisa.

Gonzalo Sánchez Diéguez. Valdemoro (Madrid)

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