Dani y el mérito
No siempre pasa que alguien alcance el éxito y sepa qué hacer con él


Me pasa aún que, antes que el algoritmo, es la radio la que me descubre música nueva o que yo no había escuchado antes. Quizá sea porque el algoritmo me trae canciones que cree que me van a gustar o que quiere que me acaben gustando y en la radio encuentro una mezcla más diversa. El caso es que fue por la radio por la que descubrí hace unos años a Dani Fernández, y empecé a querer saber de su música. Ahora él llena estadios enteros, pero no hace tanto se enfrentó a sus dudas cuando se decidió por una carrera en solitario, entre sus propios miedos: no hace tanto que tocaba en salas de 60 personas.
Aquellos inicios los recordó él mismo la otra noche, ante un Roig Arena abarrotado que se le echó a los pies en las dos horas que duró el concierto. Sobre todo, cuando se abrió paso entre la multitud para cantar sin micrófono —con su voz y nada más— en medio de un recinto inmenso que pareció encogerse de pronto, como si los que estaban en la localidad más alta pudieran sentirse abajo, justo a su lado. Él dio las gracias muchas veces y confesó cómo, por muchos años que lleve, se sigue sorprendiendo de las cosas que le ocurren, que son las que se ha ganado.
Él daba las gracias igualmente, como si supiera que no alcanza con el mérito para llegar al éxito, sea el éxito lo que sea. Hace falta que te vean, que confíen, que haya suerte o al menos que no se cruce la mala suerte; porque es mentira —o es una verdad a medias— que cada uno pueda conseguir todo lo que se propone. No siempre llega el mejor. No siempre el tiempo pone las cosas en su sitio: a veces el tiempo se retrasa sin remedio. No siempre suceden las cosas más justas, si tan a menudo se dan las más injustas.
No es verdad que el mérito y el esfuerzo sean siempre una garantía, pero otro camino no hay si uno quiere dormir tranquilo, sin pisar a nadie. No todos llegan ni llegan siempre los que más lo merecen. A veces llegan quienes apenas se lo trabajan o quienes lo valoran menos: quizá de otra manera. Por eso importa tener claro en qué decidimos que se nos vayan las horas, para que valga la pena el recorrido si es que el objetivo acaba por ser imposible.
No siempre pasa lo que tiene que pasar, aunque igual pasa. A veces el talento y el sacrificio te dejan en tu sitio, con lo difícil que es eso. No siempre pasa, desde luego: que alguien tenga el éxito y sepa qué hacer con él. Sucede con Dani Fernández, tan sencillo y en la cumbre. Uno sale feliz de sus conciertos. Por su música en directo y por su voz desgarrada, claro. Y por esa especie de reconciliación cuando te das cuenta de que a veces pasa: a veces las cosas se ponen en su sitio.
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