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Red de redes
Columna

El bulo racista sobre James Gracey

La muerte accidental de un estudiante estadounidense en Barcelona se convierte en las plataformas en un crimen cometido por inmigrantes

Los Mossos localizaban el pasado jueves el cadáver de James Gracey (en la imagen pequeña) en el mar, en Barcelona.Quique García (EFE)

En una sobremesa, la conversación desemboca enseguida en el tema del momento: ¿pero a este chico lo han matado? La pregunta supone una especie de aldabonazo al amor propio. No importa que los periodistas hayamos contado que las cámaras lo grabaron cayendo, que la autopsia descarte indicios de criminalidad o que prácticamente desde un inicio los Mossos considerasen como hipótesis más probable que fue un accidente. Al final, a la gente en general, a aquella mayoría que escucha las noticias de refilón en la tele, a quienes no siguen ningún medio de comunicación y la información les llega en vídeos de pocos segundos en las redes sociales, les ha quedado la misma música de fondo: a James Gracey lo mataron para robarle el móvil mientras pasaba una noche de fiesta en Barcelona.

Gracey era un joven de 20 años, estudiante de contabilidad en la Universidad de Alabama, que murió la madrugada del martes en Barcelona. Estaba de spring break, unas vacaciones escolares de primavera célebres en Estados Unidos, y eligió Barcelona —como decenas de miles de turistas al año— para pasar unos días con unos amigos. A las tres de la mañana seguía de fiesta en la discoteca Shoko, en el frente marítimo de la ciudad. Se separó de sus amigos, que se empezaron a preocupar cuando vieron que no regresaba al apartamento que habían alquilado a través de Airbnb en la ronda de Sant Pere, en el centro de la capital catalana. La familia y sus amigos denunciaron su desaparición. Las peores noticias se confirmaron el jueves, cuando los buzos de los Mossos hallaron su cuerpo en el agua a cuatro metros de profundidad.

La policía catalana buscó al joven casi desde un principio en una zona del muelle de la Marina, en la bocana del puerto olímpico, donde al final fue lozalizado el cadáver. No supimos hasta después del hallazgo por qué centraban sus esfuerzos allí: unas cámaras de seguridad lo habían grabado la misma madrugada del martes. Se le veía caminando solo y cómo al llegar al final del muelle se caía al agua. Los Mossos consideran que fue un accidente que acabó con la muerte de Gracey ahogado en la ciudad donde había ido a pasar unos días de vacaciones. Tenía pensado regresar a Estados Unidos el pasado sábado.

“¿Pero, y el teléfono móvil?”, insisten algunos mensajes en las redes sociales, donde se ha alimentado la idea de que un ladrón, inmigrante por supuesto, mató al estudiante con la intención de robarle en la insufriblemente peligrosa Barcelona, un lugar en el que apenas se pone el pie uno se expone a ser asesinado. En X no importa en absoluto la información de contexto: en Cataluña se cometieron el año pasado 58 homicidios. Resulta más fácil morir de manera violenta en un accidente de tráfico (193 el año pasado) o por suicidio (547 en 2024, la última cifra disponible) que ser asesinado. ¿Pero y el móvil del chaval?, insisten otras personas en el mundo real, en el que la mentira del asesinato, creada en X, se sigue difundiendo sin problema. Se refieren al hecho de que un ladrón habitual tuviese el teléfono de Gracey. Fue recuperado por la Guardia Urbana, y el ladrón, denunciado por apropiación indebida explicó que se lo había encontrado. Sea verdad (se lo encontró) o no (lo robó), la policía considera que no hay una relación directa entre ese episodio y la muerte del joven. Cada día se presentan en Barcelona unas 180 denuncias por el robo de móviles. Los Mossos añaden que, probablemente, el aparato le fue hurtado a Gracey sin violencia, ya que encontraron su cartera en el mar, con el dinero y las tarjetas dentro. De haber sido un robo violento, también se la habrían sustraído.

Unas redes cada vez más odiosas cumplen a la perfección la máxima de que la realidad no te arruine un buen bulo racista.

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