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editorial

Los aranceles de Trump son ilegales

El Tribunal Supremo marca un límite constitucional claro al presidente, que ha jugado de manera caprichosa con el comercio mundial

El presidente de EE UU, Donald Trump, se dispone a dar una rueda de prensa en la Casa Blanca, este viernes. Kevin Lamarque (REUTERS)

El Tribunal Supremo de Estados Unidos asestó este viernes un golpe letal a la política de intimidación comercial del presidente Donald Trump contra el resto del mundo, al declarar ilegales la mayor parte de los aranceles a las importaciones aprobados por decreto por la Casa Blanca. Se trata de un golpe histórico al pilar sobre el que descansa la política económica del actual Gobierno de EE UU y una de sus principales herramientas de presión en política internacional. Pero sobre todo establece un límite claro al Ejecutivo al dictar que el mandatario ha excedido la autoridad que le otorgan las leyes estadounidenses. Después de un año de ejercicio del poder abusivo y autoritario, esta sentencia supone la mayor afirmación de los equilibrios de poder de los que presume la democracia estadounidense.

Tres magistrados conservadores se sumaron a los tres de sensibilidad demócrata para formar una mayoría poco habitual y reafirmar una cuestión constitucional inequívoca: los aranceles actúan como impuestos, y el Ejecutivo no tiene poder para subir impuestos. Trump ha utilizado de forma inconstitucional leyes de emergencia. Con este subterfugio, en febrero de 2025 impuso aranceles a Canadá, México y China y en abril estableció un arancel general del 10% sobre prácticamente todos los países. Los pequeños importadores y los Estados demócratas denunciaron la falta de autoridad del presidente para subir los impuestos a los estadounidenses. Los aranceles al acero, el aluminio o los automóviles no se ven afectados por esta sentencia porque fueron impuestos por otros métodos legales.

La sentencia tiene importantes implicaciones políticas, geoeconómicas y presupuestarias, y, por lo pronto, sume a las autoridades aduaneras del país en un auténtico caos. Desde que Trump declaró teatralmente la guerra comercial a prácticamente todo el mundo, el Tesoro estadounidense ha recaudado 240.000 millones de dólares por los aranceles según algunos analistas, 180.000 millones más que en el mismo periodo de 2024. Algunos cálculos sugieren que EE UU deberá devolver aproximadamente la mitad de esos ingresos adicionales, lo que equivale aproximadamente al 0,5% del PIB. En el plano internacional, no está claro de qué manera afecta a acuerdos como el que firmó la UE con Trump, por ejemplo. El propio Trump ha reconocido en este tiempo que un fallo contrario a su política arancelaria sería una “catástrofe”. En su primera reacción al fallo, hizo un vergonzoso señalamiento personal a los magistrados conservadores que firman la sentencia.

La Administración estadounidense puede intentar ahora reimponer los aranceles a través de otras leyes, pero pasando por el Congreso, donde los republicanos tienen una mayoría muy frágil y dividida, más aún en año electoral. Un reciente informe de la Reserva Federal sentenciaba que son los hogares y las empresas los que soportan el 90% del coste de los aranceles de Trump, en contra de las proclamas oficiales. La propia Casa Blanca ha tenido que dar marcha atrás en algunos aranceles (sobre el café, los plátanos o la carne) que encarecían considerablemente la cesta de la compra y agravaban la crisis de asequibilidad que sufre una parte importante de la sociedad estadounidense.

Pese a las incógnitas que ahora se abren y en un momento con crecientes tics autoritarios en la primera economía mundial, el mismo Tribunal Supremo que no ha dudado en interpretar las leyes a favor de Trump, le ha dicho ahora que no está por encima de la Constitución. Ese es un mensaje político casi tan importante como el alivio económico mundial.

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