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Columna

El retorno de los giligafas

Por culpa del nuevo proyecto de Meta, ya no vamos a poder fiarnos de nadie que lleve unas Wayfarer

El consejero delegado de Meta, Mark Zuckerberg, en una charla en septiembre de 2025 con las gafas conectadas Orion, cuyo lanzamiento está previsto para 2027.Manuel Orbegozo (REUTERS)

Hace más de una década, Google se empeñó en que lleváramos a todas partes unas gafas horribles con cámara y pantalla. Por suerte, el cacharro fue un fracaso comercial, dado el rechazo que provocaba ver a alguien con esas gafas absurdas en la cara y no tener muy claro si nos estaba grabando o leyendo su correo. El invento sirvió para acuñar una nueva palabra en inglés: glassholes, mezcla de glasses (gafas) y asshole (imbécil), habitualmente traducido como giligafas.

Pero no nos libramos de los giligafas para siempre. Meta, la propietaria de Facebook, lanzó en 2021 junto a Ray-Ban y (más tarde) Oakley nuevos modelos con cámara, micrófono, altavoces y, desde el año pasado, un asistente de inteligencia artificial. Y para este año han prometido reconocimiento facial. Es decir, uno está tan tranquilo tomándose un café y, mientras, puede haber un tipo mirándote raro e intentando saber quién eres, sin tu permiso, y quizás mientras lo emite en directo en TikTok. Justo lo que todos necesitábamos: otra magnífica herramienta para el acoso.

Según un documento de Facebook publicado por The New York Times, la empresa quiere lanzar esta funcionalidad en lo que llama un “ambiente político dinámico”, durante el que los grupos de ciudadanos que normalmente atacarían esa idea “tendrán sus recursos ocupados”. Lo que es un eufemismo en lenguaje empresarial para decir que el mejor momento para vender estas gafas será mientras Donald Trump lance un nuevo ataque a inmigrantes o bombardee algún país. Es decir, la empresa no se pregunta si lo que hace está bien, sino solo si hay algo peor, como el fin de la democracia en Estados Unidos, que le permita pasar desapercibida.

Todo esto suena horrible, pero aun así en 2025 se vendieron siete millones de gafas conectadas, según las cifras de EssilorLuxottica, propietaria de las marcas. Los dispositivos están pensados para que los influencers graben más cómodos (y se les note menos). En otro reportaje reciente, The New York Times explica cómo se están popularizando para grabar, por ejemplo, en restaurantes sin que casi nadie se dé cuenta, aprovechando que las gafas parecen modelos habituales, como las Wayfarer. Los giligafas incluso publican sus conversaciones con camareros, en lo que supone otro tormento a añadir al ya de por sí complicado trabajo de la hostelería. Es cierto que una luz indica cuándo graban, pero hay multitud de tutoriales que muestran cómo taparla sin que dejen de funcionar.

Por supuesto, Meta ya ha lanzado un comunicado de los suyos, en el que pide que estos dispositivos se utilicen de manera respetuosa, que es su forma de desentenderse de cualquier uso previsible de su tecnología. Es como si un fabricante de pistolas para monos vendiera sus pistolas para monos con el mensaje: “Esta pistola está pensada para que los monos disparen, pero esta es una idea estúpida y peligrosa, así que por favor no le des una pistola para monos a ningún mono. Gracias por comprar nuestras pistolas para monos, que son las mejores pistolas para monos del mercado”.

Además de irresponsable, Meta es especialmente cabezona. Si algo quedó claro hace 10 años, es que no nos gusta que nos graben en secreto cuando estamos a lo nuestro, ya sea en un restaurante, en el metro o por la calle. La empresa también había abandonado el reconocimiento facial por intrusivo. Pero al final ha decidido que es más importante sacar dinero a los aspirantes a influencers que respetar al resto de la humanidad, quizás porque es consciente de que no tiene ninguna reputación que proteger.

El retorno de los giligafas también dice poco de nosotros. En cinco o diez años, cualquier compañía puede contar con que nos habremos olvidado de sus estupideces y volver a intentar vendernos lo mismo, más o menos maquillado. Normal que estemos al borde de otra burbuja inmobiliaria como la de hace dos décadas: aprendemos de nuestros errores, pero solo por un rato.

De todas formas, suena raro que EssilorLuxottica se preste a ello, porque hay un previsible efecto contagio. Con las lentes de Google resultaba fácil detectar a los giligafas, al tratarse de cachivaches feísimos. Pero con estos nuevos modelos lo más sencillo es desconfiar de cualquier persona que lleve unas Wayfarer, con lo que el riesgo para la compañía es que, a cambio de vender unos pocos millones de gafas Meta, cada vez menos gente lleve sus modelos clásicos. A fin de cuentas, nadie quiere parecer un gili, con o sin gafas.

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