Cuentos para adultos
Las redes están llenas de falsos dilemas morales que explotan nuestra debilidad por juzgar


Está la historia del hombre que tenía una hija y se casó con una mujer que tenía un hijo, pero llegado el momento de que ambos fueran a la universidad, decidió que solo pagaría los estudios a la carne de su carne en lugar de dividir el dinero entre los dos jóvenes, porque —a diferencia de su nueva esposa— llevaba ahorrando para ello desde que nació. Es increíble también lo de las dos amigas que se quedaron embarazadas con solo un par de meses de diferencia, y la que iba a parir primero eligió para su niña el nombre de Aurora, con el que la otra soñaba desde siempre bautizar a su propia hija. Tenemos, por supuesto, el caso de la chica que, en venganza por la decisión de su novio de hacerse vegano, trituraba en secreto carne y grasa y la mezclaba en su comida sin que se diera cuenta para que tuviera mejor color y más energía. ¿Y qué hay de la joven que pidió al fotógrafo de su boda que retocara las imágenes donde salía su dama de honor, obesa, adelgazándola 20 kilos y subiéndolas después a Instagram, causándole una gran vergüenza? Es terrible el caso del chico que, después de que sus padres murieran tras toda una vida dedicados a cuidar de su hermana severamente discapacitada las 24 horas del día, decidió no hacerse cargo de ella, ingresarla en un centro y huir de allí para no volver a verla nunca más, tratando de recuperar el control de un destino siempre supeditado a sus necesidades.
Ninguna de estas historias que han triunfado en X desde principios de año, consiguiendo decenas de miles de interacciones, parece cierta. Ni siquiera son nuevas, porque ya demostraron en el foro Reddit hace meses, o años, su potencial para desatar polémicas. Desde la implantación de su programa de pago, X se ha llenado de contenidos que, por una especie de selección evolutiva digital, explotan eficazmente nuestra debilidad por los dilemas éticos cotidianos. Su veracidad es lo de menos porque, además de entretenernos, los dramas morales nos permiten cotillear, posicionarnos en público como personas virtuosas, tantear cuál es la opinión de los nuestros sobre un tema y ajusticiar a quien se sale de ella. Se puede argumentar que se trata de las mismas leyendas urbanas de siempre, pero el folclore digital que vive en Facebook, TikTok o Instagram, a diferencia del analógico, es amplificado e incentivado por internet y su economía. Últimamente, además, la inteligencia artificial generativa permite encontrar, traducir, transformar y extender aún más fácilmente estas historias, incluso en vídeo. El propio Reddit está sufriendo problemas porque los dilemas sintéticos son cada vez más abundantes e indetectables, y están inundando sus páginas, corrompiendo su comunidad. Las máquinas engañan a los humanos, expertos en narraciones, en su propio terreno. Somos previsibles en nuestra ira: ¿cómo no opinar sobre ese padre, esa amiga, esa novia, esa dama de honor, ese hermano?
La guerra cultural sigue mecanismos más complejos, pero también nos entrena en la furia con dilemas morales cercanos, muchas veces inexistentes, reciclados o traducidos de otros países. Estos días, por ejemplo, se ha tratado de poner en la agenda el uso del burka en público. Que la premisa (la existencia de debate social) sea falsa es irrelevante porque el objetivo no es la verdad sino la discusión. Nadie se pregunta si el dilema del tranvía es real: pasamos directamente a enzarzarnos en sus consecuencias. Es duro asumir que nos gusta más una buena pelea teórica que una realidad caótica.
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