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columna

Rufián y la izquierda en la Ínsula Barataria

Formaciones progresistas sienten hoy la urgencia de renovarse para frenar a la ultraderecha. La única pregunta pertinente es qué diablos han estado haciendo hasta ahora

Gabriel Rufián, el 10 de febrero en el pleno del Congreso.Jaime Villanueva

Cuando Gabriel Rufián salió elegido diputado por Barcelona en 2015, Vox era un grupo marginal con menos poder que un club de bailes de salón: no llegaba a los 60.000 votos y era rebasado por el PACMA, que le cuadruplicaba los sufragios. Once años y cinco legislaturas después, Rufián se sienta en la misma Asamblea, pero rodeado por diputados de Vox, que constituye la tercera fuerza parlamentaria y, tras dos exitazos autonómicos en Extremadura y Aragón, se acerca al 20% de intención de voto en las encuestas.

Hoy, Gabriel Rufián propone unir a la izquierda no socialista para hacer “algo diferente” que aminore el ascenso de Vox. Le hacen los coros (enfrente y mostrando las uñas, como corresponde en la izquierda auténtica siempre a punto de unirse) figuras y partidos de lo que aún se llama Sumar, sin que sepamos qué es ni qué propone esta organización, si es que acaso es una organización. La mayoría llevan en el Congreso desde mucho antes de que Vox dejara de ser un chiste, y no pocos han ocupado ministerios y han pasado años gobernando en coalición, con distintas siglas y proyectos. Hoy sienten la urgencia de renovarse y buscar un nuevo logotipo y una marca para frenar a la extrema derecha.

La única pregunta pertinente es qué diablos han estado haciendo todo este tiempo. Mientras ellos ocupaban puestos de poder o forjaban alianzas parlamentarias para que los gobiernos de PSOE-Podemos y de PSOE-Sumar se mantuviesen, Vox pasó de ser una peña folclórica de amiguetes a la mayor amenaza a la institucionalidad democrática. Si la izquierda como-se-llame ha fracasado tan ruidosamente mientras tenía poder gubernamental y hegemonía en la opinión pública, ¿cómo piensa detener el avance de Abascal en el escenario de marginalidad que se prevé tras las elecciones de 2027?

Un paso al frente han llamado a la iniciativa del sábado, y Doble o nada, a la de Rufián. Los nombres parecen más tópicos de tertuliano perezoso (falta una tercera vía que se llame Niego la mayor) que proyectos políticos con programa y objetivos. Quizá estén imitando a Vox, compitiendo en su misma banalidad de cuñado a punto de pedir el cuarto gin-tonic. Dado que con interseccionalidades, procesos de escucha, transversalidades y jerga de Gramsci y del nacionalpopulismo peronista solo han conseguido la irrelevancia, creerán algunos —sobre todo, Rufián, que es el más entrenado— que ha llegado la hora de “hablar claro”. Y en España, desde Sancho Panza, muchos entienden que la claridad es abusar de refranes y frases hechas vacías.

Con esos decires, Sancho Panza consiguió gobernar la Ínsula Barataria. Ahí tienen un antecedente para inspirarse.

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