Acoso sexual de izquierdas y de derechas
Suponemos que Manos Limpias habrá corrido a denunciar a la Comunidad de Madrid por revelación de secretos, como hizo con el Fiscal General


Ahora que la Comunidad de Madrid ha divulgado los datos privados de una exconcejal de Móstoles que denunció a su alcalde por acoso sexual, suponemos que el Tribunal Supremo irá corriendo a condenar a Isabel Díaz Ayuso o a algún responsable de altura, como hizo con el Fiscal General del Estado por difundir los datos personales del novio de la presidenta madrileña. ¿Manos Limpias y el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid han puesto ya la denuncia por revelación de secretos y no me he enterado? Seguro que se me ha escapado la noticia, siendo como son tan vigilantes de la ley y situados siempre en el lado correcto de la misma.
La polarización y la política de garrotazos que Goya tan bien inmortalizó en una de sus Pinturas negras ha llegado a tal extremo que las danas, la revelación de secretos y hasta el acoso sexual son diferentes cuando son de izquierdas o de derechas. Es impresionante. Y las mujeres indefensas, siempre molestando.
El PP es ejemplar en su defensa siempre que sean víctimas de políticos del PSOE o de Sumar, y no de Julio Iglesias o de los suyos. El presidente Feijóo nos dio lecciones importantes cuando dos trabajadoras de Moncloa denunciaron a Francisco Salazar o cuando Elisa Mouliáa acusó a Íñigo Errejón: “Permitidme que haga una mención a las mujeres víctimas de acoso y agresiones sexuales. Merecen sentirse arropadas y les transmitimos nuestro apoyo”. Impecable.
No arropa Feijóo, sin embargo, a la exconcejal de Móstoles, que renunció después de que su partido la ninguneara. Por el contrario, arropa al alcalde y responsabiliza a la víctima del “deber” de ir a los tribunales mientras engaña al decir que el PP no halló indicios de nada, cuando los responsables archivaron la denuncia sin convocarla ni llamar a los testigos. La verdad —queda confirmado una vez más— ha muerto.
El PSOE tampoco sale bien parado de todo esto. Francisco Salazar, hombre de Pedro Sánchez, abandonó la ejecutiva en julio, cuando se conoció la denuncia de dos empleadas, pero el partido tuvo que reconocer en diciembre que la investigación debida no se llevó a cabo.
La hipocresía se extiende en la política siempre en contra del adversario y de las mujeres víctimas, que además de serlo tienen que convertirse en heroínas contra su acosador, contra su partido y contra la negación por parte de un entorno intoxicado. Y ocurre en todos los gremios, sí, pero más triste es que esa toxicidad resida en los partidos que rigen nuestros asuntos públicos tras recibir nuestro voto. No habrá perdón para ellos.
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