Ojalá trabajar en la universidad pública; pero no puedo, tengo que comer
Los lectores y las lectoras escriben sobre la precariedad de la carrera académica, la prohibición de las redes a los menores, la adaptación de las infraestructuras al cambio climático, y el compromiso político de los artistas

Siempre he querido trabajar en la universidad pública. Me formé en ella: colegio, instituto y carrera. Hice dos másteres en la privada con beca y una tesis doctoral financiada por el Ministerio, comprimida en tres años para poder encadenar después un contrato que me permitiera vivir sola, tras más de una década pasando por pisos de alquiler en distintas ciudades y en el extranjero. Me presenté a oposiciones en una universidad pública de mi ciudad. Un proceso largo, confuso y con pruebas repetidas, llamadas con un día de antelación antes de las vacaciones de agosto y frases como: “Acabemos rápido y nos vamos a la playa”. También aprendí a no presentarme a plazas que parecían ya resueltas. Por azar, apareció una oferta en una universidad privada online. No encajaba del todo con mi trayectoria, pero ofrecía estabilidad, flexibilidad, buen ambiente y sueldo digno. Tengo la extraña manía de querer comer todos los días y ser tratada con justicia. Hoy la universidad pública me ofrece un contrato de ocho horas semanales, incorporación en cuatro días desde una estancia internacional y un salario que ni a tiempo completo alcanzaría los 1.300 euros. He dicho que no. Ojalá poder trabajar en la universidad pública. Pero hoy, no puedo.
Teresa Galán Luque. Córdoba
Enfoque equivocado
Perpetuar el acoso, desinformación, uso irresponsable de la IA o modelos irreales que destrozan la salud mental son efectos negativos de las redes sociales. Negarlo es una irresponsabilidad, igual que lo es eludir la culpa que tenemos como sociedad y adultos responsables. Pero me inquieta que el debate se centre exclusivamente en prohibir a jóvenes, como si fueran los principales responsables del problema. Los menores no se encuentran los smartphones debajo de las piedras ni firman contratos de internet. Culpar a la gente joven de dinámicas que no han creado es injusto. Y trasladar toda la responsabilidad al Estado puede aliviar conciencias, pero no aborda el núcleo del problema. La regulación es necesaria, sí. No nos queda otra por no haber actuado a tiempo. Pero no sustituye al acompañamiento, la supervisión ni al diálogo en el hogar.
Javier Álvarez Alonso. Langreo (Asturias)
Adaptar las infraestructuras a la nueva realidad
En medio de las encadenadas borrascas que azotan España, nos damos cuenta de un fenómeno, el colapso de infraestructuras. Los puentes, carreteras y hasta las presas no están diseñadas para soportar la magnitud y aumento de los fenómenos atmosféricos. Es necesaria una inversión relevante.
Antoni Aliana Cano. Barcelona
Alzar la voz
Esta edición de los Grammys, sin duda, será recordada como una de las más políticas y reivindicativas. El que tenga un altavoz debe utilizarlo: así lo hizo Bad Bunny en la gala al pronunciar “ICE out”. Es importante que los artistas se posicionen, como lo hizo también Rosalía la semana pasada participando en un concierto por Palestina. Aunque sea cada vez más complicado separar la obra del autor, quiero pensar que en un mundo cambiante y atravesado por injusticias sociales, alzar la voz es lo mínimo que pueden hacer.
Marta Pérez de las Bacas Sánchez. Murcia
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