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CARTAS AL DIRECTOR

El síndrome del ‘tupper’

Las lectoras y los lectores escriben sobre la precariedad laboral, la regularización de los inmigrantes, las víctimas del accidente de trenes en Adamuz, y la nominación de ‘Sirât’ de Óliver Laxe en los Oscar

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El síndrome del tupper es la condena de la clase obrera del siglo XXI. Hace unos días, una amiga me preguntaba si esto era todo lo que podíamos esperar de la vida: madrugar, hacinarnos en el bus para llegar a trabajar, pasar ocho horas frente al ordenador y volver a casa a preparar el tupper del día siguiente. Me lo preguntaba frustrada, desconsolada. Consciente de lo difícil que es salir de la rueda. En los últimos meses, he tenido esta misma conversación con demasiadas amigas. Mujeres con vocación que han estudiado convencidas de que algún día tendrían una buena vida. Ahora todas vivimos asfixiadas por unos alquileres inasumibles, unos salarios precarios y unos trabajos que nos impiden elegir donde queremos vivir. Y en nuestras escasas horas libres de lunes a viernes somos presas del síndrome del tupper. Porque romper una tarde la rutina; ir al cine o tomar una cerveza y no cocinar al llegar a casa, es un privilegio que solo pueden permitirse aquellos bolsillos a los que comer fuera de la oficina a mediodía o encargar comida preparada no les supone un desajuste en la economía de todo el mes. Ojalá dejemos algún día de entregar todo nuestro tiempo y recursos al trabajo y empecemos a vivir de él con libertad.

Amanda Alonso Farto. Madrid

Avanzar

Regularizar no es un “regalo”, como algunos pretenden hacer creer. Es sacar a miles de personas de la clandestinidad, del trabajo en negro, de la invisibilidad administrativa que condena a la precariedad permanente. Es permitir que quienes ya sostienen sectores esenciales de nuestra economía puedan hacerlo con derechos, con cotizaciones, con acceso a una vida digna. Quizá por eso incomoda a quienes prefieren mano de obra barata, sin contrato ni voz, para seguir engordando beneficios a costa de la pobreza ajena. Como ciudadano de este mundo, me siento orgulloso de un país que apuesta por la justicia social y la dignidad del trabajo. Regularizar es avanzar. Lo contrario es mirar hacia otro lado.

Miguel Villar Rodríguez. Santiago de Compostela

Un discurso admirable

Liliana Sáenz, portavoz de las víctimas del accidente de Adamuz, ha intervenido al final del funeral celebrado en Huelva. Ha tenido la serenidad, la valentía, la inteligencia, y el nivel moral que exigía la ocasión. Sáenz ha sabido centrarse lo más importante: el dolor. Pero, además ha sido capaz de poner a cada uno en su lugar, con decisión certera; ha exigido prontitud en las explicaciones, veracidad en las investigaciones, y ha advertido que la polarización irresponsable está desgarrando nuestra sociedad, sin darnos cuenta.

Julio García-Casarrubios Sainz. Ciudad Real

Gana el cine

“Ya hemos ganado” son las palabras de Óliver Laxe con las que no puedo estar más de acuerdo. Contar la verdad sobre el pavor a la muerte y al vacío es interpretar una partitura que no está al alcance de todos. Es un hecho innegable que perdiendo a veces se gana y que no es necesario destruir a un adversario por el simple hecho de serlo. El 15 de marzo, en los 98º premios Oscar, no hablaremos de derrota porque el cine ya habrá ganado. Gracias por tu generosidad y por ser libre, o al menos intentarlo.

Laura L. Rodríguez. Santiago de Compostela

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