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El error de María Corina

Los matones no respetan a aquellos que se arrodillan sin resistencia

Donald Trump va a “dirigir” Venezuela “hasta que podamos llevar a cabo “una transición segura, adecuada y prudente”. Mientras ocurre, las petroleras americanas van a “arreglar la infraestructura rota” y “empezar a ganar dinero para el país”. Ha dicho que “Venezuela se apoderó unilateralmente del petróleo de Estados Unidos” y “se llevaron nuestras propiedades”, sugiriendo que la operación resuelve una deuda histórica, como Putin con la “restitución histórica” de regiones de Ucrania oportunamente ricas en materias primas y en recursos minerales y energéticos, como Crimea, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Pero todavía más falsa porque, cuando el Estado venezolano nacionalizó el negocio de su propio petróleo a través de Petróleos de Venezuela (PDVSA), las empresas estadounidenses fueron apropiadamente indemnizadas, antes de ser contratadas como socios comerciales del país. Otra cosa es que esa nacionalización saliera peor en Venezuela que en Noruega, una historia que merece ser contada en otra ocasión. La corrupción sistémica que se consolidó con el chavismo no tapa, justifica o suaviza la agresión ilegal imperialista de Trump, cuyo parecido con Putin no es mera coincidencia.

A Trump tampoco le gusta la democracia, especialmente en aquellos países a los que quiere explotar. Demasiado inestable para el negocio, con todos esos posibles giros de gobierno. Quizá por eso, en lugar de blanquear su invasión respaldando a la persona que ganó las elecciones, el presidente estadounidense ha preferido usurpar el liderazgo del régimen ilegítimo que después de todo está más alineado con sus intereses. Aún no sabemos si Maduro se ha entregado voluntariamente o si ha habido un complot de su mano derecha para librarse de él, pero sabemos que será juzgado por cargos vinculados al narcotráfico, y probablemente indultado a su debido tiempo como el dictador hondureño Juan Orlando Hernández el pasado diciembre. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, hija del guerrillero de izquierda Jorge Antonio Rodríguez y firme defensora del chavismo y de Maduro, quedará como Gobierno títere de EE UU, como Alexander Lukashenko en Bielorrusia. Un puesto más en el mapa de aliados de Trump en el continente, junto al Nasry Asfura en Honduras, Daniel Noboa en Ecuador, Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina o Santiago Peña en Paraguay.

La pobre María Corina Machado, que ya se había hecho bordar las toallas con sus iniciales para el Palacio Miraflores, y había presentado su agenda de apertura económica, inversión extranjera y privatizaciones masivas en los congresos de Miami, se queda para vestir santos. Quizá en el fondo de su desencanto aprenda una valiosa lección: decir que sí a un narcisista sólo garantiza su desprecio. Nunca cumplen su palabra porque no conocen la lealtad.

Los matones como Trump no respetan a los que se arrodillan sin resistencia. Cuando dice que María Corina es una mujer agradable pero no puede gobernar el país porque no cuenta con el apoyo ni el respeto del pueblo, quiere decir que no cuenta con el apoyo ni el respeto de Trump. Europa haría muy bien aprendiendo de esa experiencia. La sumisión voluntaria no es la mejor estrategia para parar a un narcisista y mucho menos para gestionar su agresión. Hasta Marine Le Pen, que habla perfectamente su lenguaje, lo ha entendido sin ambigüedad. Ha dicho que la soberanía de los Estados es innegociable, inviolable y sagrada, “independientemente de su tamaño, su poder o su continente” y que renunciar hoy en Venezuela es servidumbre para Europa mañana.

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Sobre la firma

Marta Peirano
Escritora e investigadora especializada en tecnología y poder. Es analista de EL PAÍS y RNE. Sus libros más recientes son 'El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención' y 'Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático'.
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