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En Sinaloa, como dice el gobernador: que siga el carnaval
Ana Francisca Vega analiza la seguridad en Sinaloa.Foto: El País | Vídeo: Carlo Echegoyen

Videoanálisis | En Sinaloa, como dice el gobernador: que siga el carnaval

Mientras el combate a los cárteles no esté acompañado del desmantelamiento de las estructuras políticas, cualquier resultado será insuficiente

Dice el gobernador de Sinaloa que hay que ir al carnaval de Mazatlán. Que la gente puede confiar en que el Estado los va a cuidar, que la seguridad está garantizada. Blindada, la ciudad, es una evidencia de que la realidad y el discurso del gobernador Rubén Rocha Moya no empatan. Más aún, si hay algo que queda claro, es que no hay número suficiente de fuerzas del orden que logren regresar la paz al Estado.

Sinaloa lleva más de un año sumido en una violencia cotidiana y sistemática que claramente rebasa la estrategia de seguridad federal y local. Y aun así, las cosas permanecen inquietantemente iguales: el gobernador Rubén Rocha Moya sigue en total negación, la federación con la misma estrategia y la opinión pública nacional, con cada día que pasa, normaliza más y más la barbarie cotidiana.

Solo el recuento de las últimas dos semanas es abrumador: dos políticos locales de oposición atacados, cuatro turistas del Estado de México secuestrados, 10 mineros también secuestrados -cinco de los cuales ya fueron hallados muertos-, y otros cinco turistas que, saliendo del puerto de Mazatlán, fueron privados de su libertad y asesinados.

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, reporta detenciones, aseguramientos de armas y equipo táctico. Todo bien, fantástico. Pero, desafortunadamente, está lejos de ser lo que se requiere para regresarle a las personas de a pie la tranquilidad de antes que, hay que decirlo, estaba también muy lejos de ser perfecta.

Mientras el combate a los cárteles no esté acompañado del desmantelamiento de las estructuras políticas que les permiten operar, cualquier resultado será insuficiente. No queda claro que la presidenta Claudia Sheinbaum, sabiéndolo, esté dispuesta a dar ese paso. Además, desafortunadamente, las elecciones intermedias de 2027, que comienzan ya a contaminar todo cálculo político, son un fuerte incentivo para administrar la violencia sin entrarle de fondo al asunto de las redes de corrupción política. Que siga el carnaval.

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