México maniobra para resistir el impacto económico provocado por la guerra en Oriente Medio
El banco central recorta la tasa para impulsar el crecimiento al tiempo que Hacienda impone, por tercera semana, estímulos fiscales a los combustibles para contener la inflación


La economía mexicana navega tiempos de incertidumbre ante la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Las instituciones económicas del país han maniobrado en las últimas semanas para amortiguar el impacto de la subida de los energéticos, generada por el conflicto en Oriente Medio, al mismo tiempo que buscan impulsar el desarrollo económico de la segunda economía de América Latina. La Secretaría de Hacienda lleva tres semanas sosteniendo estímulos fiscales para todos los combustibles que se consumen en México, con la intención de que la inflación no padezca significativas presiones. Por otro lado, el Banco de México ha optado –en una sorpresiva decisión para el mercado– por recortar su tasa de referencia a 6,75% para empujar el crecimiento. Todo esto ocurre mientras la inflación en la primera mitad de marzo se va alejando del objetivo del banco central mexicano hasta un 4,63%.
Hacienda ha reforzado este viernes el estímulo fiscal a los combustibles. La subida del precio del petróleo por la guerra y el bloque del Estrecho de Ormuz se ha visto reflejado tanto en el valor de la mezcla mexicana –que ha alcanzado esta semana los 100 dólares por barril– como en las gasolinas que México importa, principalmente desde Estados Unidos. La Secretaría de Hacienda ha ajustado este viernes los subsidios a la gasolina que se ajustan a través del Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS). La mayor protección se la ha llevado el diésel que cuenta con un estímulo fiscal del 70,28%, es decir unos 5,17 pesos por litro. Le sigue la gasolina magna con un 23,12%, 1,54 pesos, un monto ligeramente menor al de la semana pasada; y el combustible premium, de mayor octanaje, con una ayuda del 7,97%, 0,45 pesos. El apoyo se recarga en el diésel para evitar la subida de la mayoría de las mercancías que se transportan.
La medida fiscal es vista con cautela por los analistas debido a que el Estado mexicano padece un significativo rezago en recaudación de impuestos –un 18% del PIB, según la OCDE–, por lo que el subsidio podría tener un impacto en las finanzas públicas. Joan Domene, economista jefe en Oxford Economics, señala que el Gobierno mexicano ya ha echado mano de esta herramienta recientemente, en 2022 cuando estalló la guerra en Ucrania, y que tomando como referencia ese periodo las finanzas mexicanas podrían no estar tan expuestas. “El espacio fiscal para México no es grande, pero no creemos que vaya a generar un deterioro muy profundo en la balanza fiscal de este año”, señala.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) registró esta semana un repunte en la inflación de 4,63% y lo atribuyó, principalmente, a la subida de los precios en frutas y verduras, afectados por los cambios estacionales. Aunque este indicador no se ha visto presionado por los precios de los energéticos, cada día se aleja más del objetivo del Banco de México (Banxico) de mantenerlo en 3%. El banco central mexicano anunció su decisión de política monetaria el jueves y sorprendió con un recorte de 25 puntos base a su tasa de referencia, para situarlo en 6,75%, con un leve riesgo de que la decisión genere un aumento en la inflación. La gobernadora de Banxico, Victoria Rodríguez, ha defendido la decisión de la Junta de Gobierno de la institución asegurando que la subida de la inflación es “transitoria” y que se aliviará “relativamente pronto”.
Rodríguez ha expuesto, en una entrevista en la radio mexicana, que la institución también mira de reojo el crecimiento económico del país –que en 2025 apenas fue de 0,8%– en un panorama más amplio. “Es posible que ante la presión de los precios de los energéticos por un periodo prolongado, por ejemplo la inflación aumente, pero al mismo tiempo la economía global podría presentar una desaceleración importante, mitigando parte de los efectos inflacionarios que se pudieran derivar del choque y ambos elementos deben ser tomados en cuenta”, ha argumentado.
El mercado ha criticado el enfoque del banco central por no estar concentrado en impedir que la inflación siga escalando, un debate que se ha profundizado en los últimos meses y que cuestiona la independencia de Banxico. “Aunque el Banco de México tiene el mandato constitucional de mantener la estabilidad de los precios, los tomadores de decisiones han estado aplicando un doble mandato que incluye promover el crecimiento económico”, mencionan desde Moody’s Analytics. “Consideramos que fue un error recortar la tasa. La Junta está desestimando la magnitud de las presiones inflacionarias así como el que la inflación y sus expectativas continuarán muy alejadas de la meta; también, subestima los riesgos al alza que prevalecen”, añade un análisis de Banamex.
Ante el estancamiento de la economía mexicana, la Administración de Claudia Sheinbaum ha buscado diversas palancas para mejorar las perspectivas. La presidenta mexicana promueve la inversión a través del Plan México, al tiempo que la Secretaría de Economía se encarga de mantener con vida el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TMEC), que se encuentra en un periodo de revisión. A ellos se suman Hacienda y el Banco de México en un engranaje coordinado desde Palacio Nacional. Una buena parte del impacto más inmediato de la guerra se recarga en los estímulos fiscales a los combustibles. “Hay factores que mitigan el impacto como la renovación del acuerdo entre el Gobierno federal y las gasolineras para no aumentar el precio de la gasolina regular más de 24 pesos, los estímulos fiscales a la gasolina y al diésel, estos elementos contribuyen a disminuir el efecto que pudiera llegar del choque global en los energéticos por el conflicto”, ha apuntado la gobernadora del Banco de México. El próximo 9 de abril se conocerá la inflación al cierre de marzo: ya con más de un mes de guerra en Medio Oriente y con los efectos de los subsidios gubernamentales a los combustibles. Las consecuencias sobre las últimas decisiones económicas podrían quedar disipadas.
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