México, ante la tambaleante revisión del TMEC
La presión por la renovación del acuerdo comercial enfrenta a los tres socios que miran sus opciones para salvar la integración de Norteamérica


Las piezas de un automóvil fabricado en América del Norte pueden cruzar las fronteras de México, Estados Unidos y Canadá unas ocho veces hasta su ensamblaje final. La integración comercial construida en la región en los últimos 30 años hace inimaginable la ruptura del tratado de libre comercio (TMEC) entre los tres países, a pesar de la tensión que en los últimos días prevalece en la arena política. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sube cada día el volumen de sus amenazas sobre abandonar el acuerdo, mientras que México y Canadá resisten los embates del republicano y se preparan para la revisión del documento, un proceso que se vislumbra cuesta arriba pese a que tiene como fecha límite el 1 de julio.
Estados Unidos y Canadá han protagonizado esta semana un tira y afloja que ha abierto la puerta a diversas posibilidades sobre el futuro del acuerdo. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, dejó entrever en el Foro Económico Mundial de Davos que la presión de Trump a través de los aranceles ha empezado a colmar la paciencia de los canadienses. “Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como armas”, advirtió. Esto después de que el republicano dijera, en una visita a una planta de coches en Michigan, que el TMEC para Estados Unidos es “irrelevante” y que tanto México como Canadá necesitan de la economía estadounidense para subsistir. Carney, además, viajó a China para cerrar pactos comerciales para la importación de automóviles eléctricos. Un paso que levantó cejas en Washington.
Los movimientos de Canadá y Estados Unidos en el tablero comercial y político han dejado a México expectante. Desde el Gobierno mexicano no existen señales de que se considere como una posibilidad la ruptura del acuerdo, pero la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, es cauta al hablar del tema para no provocar grandes olas entre los socios. “Nosotros vamos a trabajar para que no se rompa y creemos que es conveniente para los tres países mantener el acuerdo comercial”, declaró el jueves tras el enfrentamiento entre Carney y Trump. Con más confianza ha hablado el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, que aterriza esta semana en Washington para seguir la conversación con su contraparte estadounidense. “Si no quisieran el TMEC, no hacen consultas y no tenemos 80 reuniones sobre el tratado; entonces mi pronóstico es que van a hacer ajustes en varios puntos”, apunta el secretario con la mira puesta en el proceso técnico de la revisión del acuerdo.
El TMEC de 2020 fue dotado con un plan de revisiones para evitar que el acuerdo sufriera de una caducidad por falta de actualización. Los negociadores entonces diseñaron varias alternativas y decidieron que, a través de un sistema de revisiones, los socios podían hacer addendums o conversar sobre puntos concretos para negociar y cambiar algunos temas en el texto. También fijaron fechas e, incluso, consideraron la posibilidad de cancelarlo. La primera revisión se fijó en seis años para el 1 de julio de 2026. Esa fecha estableció tres panoramas: una revisión sin mayores incidentes que extendiera el tratado por 16 años hasta 2042, con una verificación en el sexto año; si los socios expresan que no están satisfechos, el acuerdo podría revisarse cada año hasta tomar la decisión sobre renovarlo o terminarlo; y la posibilidad de cancelarlo del todo mediante un proceso de meses para obtener las autorizaciones de los congresos de cada país.
Los analistas han descartado, casi del todo, la posibilidad de que en julio los tres presidentes estén firmando la renovación a 16 años del tratado. La presión a la que Trump ha sometido a Carney y Sheinbaum con la implementación de aranceles apunta en dirección a una revisión anual, pero sus últimas decisiones geopolíticas —como la invasión a Venezuela y su intención de hacerse también con Groenlandia— han aumentado las probabilidades de un descarte del acuerdo en seco. Valeria Moy, directora del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), señala que tanto México como Canadá se enfrentarán a una negociación en la que tendrán que hacer concesiones a Estados Unidos más allá del plano económico. “Cada vez le asigno una mayor probabilidad a los acuerdos bilaterales”, reconoce la economista.
A pesar del panorama difuso, buena parte de los expertos se inclina por la permanencia de América del Norte como un bloque comercial. Su asociación desde hace tres décadas dibuja ya el 29% del PIB mundial, según datos del FMI, y su desintegración podría provocar significativos problemas para las tres economías. El economista y columnista de EL PAÍS, Gerardo Esquivel, estima que los tres socios pondrán en la correcta dimensión los beneficios que el TMEC trae a sus países, así como su posición en el mapa global, no sin antes enfrentar las dificultades que el entorno de amplia incertidumbre les supone. “La situación es tan compleja que los países van a tener que buscar hacer frente internamente a muchas cosas y que tendrán que diversificarse en muchas dimensiones. Y eso es, en algún sentido, una lección para México”, señala.
Con lo impredecibles que resultan las decisiones de Trump en los últimos meses, una corriente económica sugiere que el republicano podría inclinarse por el TMEC zombie. Esta hipótesis difundida por el politólogo inglés Ian Bremmer señala que el magnate buscará mantener durante mucho tiempo contra las cuerdas tanto a México como a Canadá con su indecisión, para colocarse con una ventaja negociadora ante el agobio de los socios por la extensión de la incertidumbre. “El tratado no se actualizará ni aprobará en 2026”, explica Bremmer en un reporte de Eurasia. “Estados Unidos está más interesado en impulsar acuerdos bilaterales que establezcan condicionalidad para los estadounidenses y obliguen a los canadienses y mexicanos a ofrecer individualmente mejores condiciones. Esto significa que el T-MEC aún existe, pero no es lo que impulsa el futuro de la relación comercial. Más bien, es lo que surge de Washington. Es la incertidumbre que surge no solo de aranceles más altos, sino también de una relación muy asimétrica donde los estadounidenses tienen las cartas y están dispuestos a usarlas. Eso crea más incertidumbre para quienes invierten en estas economías y es un problema mayor para los mexicanos y los canadienses que para los estadounidenses”.
Mientras se vislumbra la estrategia de negociación, los tres países han terminado las consultas internas sobre el TMEC y preparan los argumentos que llevarán a la mesa. Hasta ahora, todos los socios han cumplido en fecha y forma con los pasos de la revisión. Pedro Casas Alatriste, director de la American Chamber of Commerce (AmCham) de México, refiere que en estos meses de preparación el Gobierno mexicano está tratando de allanar el camino con su principal socio comercial rumbo a la revisión, justo en los temas que más preocupan a las firmas estadounidenses afincadas en México como son el cambio de reglas en el sector energético, la política fiscal, la diligencia en permisos y trámites, así como el Estado de Derecho, entre otros. “Lo que yo veo es un acuerdo revisado que probablemente Donald Trump quiera seguir revisando en años posteriores, pero este acuerdo revisado quitará de la mesa la posibilidad de tener acuerdos binacionales”, comenta. El representante de la AmCham en México calcula que los aranceles serán una herramienta de la que Estados Unidos seguirá echando mano para aplicar una presión diferencial entre México y Canadá, aunque se mantenga el TMEC. “Creo que van a mantenerse los aranceles para México”, zanja.
La incertidumbre sobre el futuro del TMEC lleva varios meses haciendo mella en las inversiones en México, que no terminan de despegar. Ocasionalmente, desde Washington algunas señales indican que el buen andar del tratado seguirá. En diciembre, el encargado del comercio en Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), Jamieson Greer, informó al Congreso sobre el proceso de consulta interna sobre el TMEC. Diego Marroquín, investigador del Centro para Estrategia y Estudios Internacionales en Washington, señala que el balance de Geer se inclinaba hacia las ventajas de mantener el TMEC. “Una aplastante mayoría del sector privado apoyaba la extensión de los beneficios del acuerdo”, recuerda. Marroquín apunta que la presión impuesta por Trump está enfocada en conseguir ventajas para los estadounidenses a través de concesiones de los mexicanos y los canadienses. “Es parte de una estrategia de negociación comercial más que un objetivo de la política comercial de Estados Unidos”, afirma. Este año, además, Trump también se enfrenta a la evaluación de su Gobierno a través de las elecciones intermedias, previstas para noviembre, lo que será un factor que prevalecerá durante la negociación.
Sheinbaum y Carney se reunieron en Ciudad de México en septiembre de 2025 y la visita sirvió para que los dos países se situaran en la misma página sobre el futuro del TMEC. El discurso de Carney esta semana fue reconocido por Sheinbaum por su relevancia y lo consideró “muy a tono con los momentos actuales”. Nada se ha roto entre Ottawa y Ciudad de México, a pesar de que cada uno mira de reojo a Washington y la estrategia cambiante de Trump. “Si le damos algunas concesiones a Estados Unidos, cooperarán con nosotros”, ha asegurado Ashish Dewan, un estratega de la firma Vanguard, a la prensa canadiense. “En general, la situación parece un poco más optimista, porque Estados Unidos nos necesita”. En Canadá y en México están dispuestos a resistir el temporal.
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