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Sheinbaum rescata el presidencialismo duro para enfrentar a Trump y la crisis en Morena

La mandataria profundiza su intervención en casi todos los rincones del aparato del poder mexicano

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, este viernes.Mario Guzmán (EFE)

Cada vez quedan menos rincones del aparato del poder mexicano que no lleven el sello de la presidenta. No se han cumplido todavía ni dos años del mandato de Claudia Sheinbaum y su influencia se extiende a paso acelerado. Desde el verano pasado, la mandataria ha ido avanzando en la consolidación de su propio proyecto, renovando los liderazgos heredados del sexenio anterior con cambios de calado, como la cabeza de la Fiscalía General de la República o la coordinación del grupo morenista en el Senado. Unos movimientos que han tomado aún más velocidad en las últimas semanas. La presidenta ha entrado a fondo a operar movimientos también en la cúpula del partido, en embajadas y, de rebote, hasta en los equipos de negociadores del TMEC. Sheinbaum está dando un paso al frente al tomar el control de cada vez más resortes del poder, haciendo buena la jerga de política mexicana utilizada para explicar el fuerte sesgo presidencialista del sistema. El mandatario de turno suele ser llamado “el uno”. Por si había alguna duda, Sheinbaum es “la uno”.

La intervención en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena ha incluido varias maniobras a la vez y, aunque era un rumor de largo recorrido, ha tomado por sorpresa a los órganos de dirección del partido. La presidenta de la formación, Luisa María Alcalde, elegida hace menos de dos años, dejará el cargo en un clima de crisis interna. En su lugar, a falta del trámite estatutario, le sucederá Ariadna Montiel, actual secretaria del Bienestar. En paralelo, Sheinbaum anunció días antes la entrada en escena de Citlalli Hernández, que deja la Secretaría de las Mujeres para liderar la operación electoral del año que viene, donde Morena se juega sobre todo retener su mayoría en la Cámara de Diputados. Dos de los cuadros de mayor confianza de la presidenta. Las razones de fondo de los cambios tienen que ver también con las urnas. La mandataria responsabiliza a Alcalde de los fiascos del año pasado en Durango y Veracruz. Además, la presidenta del CEN también salió malparada del mayor traspié parlamentario en lo que va de sexenio.

El enroque de los aliados de la coalición gobernante, el Verde y el PT, terminó bloqueando una de las reformas estrella de la presidenta. La reforma electoral acabó aprobándose de manera descafeinada ante las exigencias de dos partidos minoritarios, que amenazan incluso con una fractura en la coalición. Con la oposición todavía en la lona, la inesperada resistencia a la apisonadora parlamentaria de Morena estaba dentro de casa. Alcalde fue una de las operadoras en aquellas negociaciones de hace apenas un mes que, tras muchas vueltas, precipitaron un fracaso que aún retumba por los pasillos de Palacio Nacional.

La intervención de Sheinbaum en la crisis del partido tiene además un simbolismo añadido. Rompe con la línea de prudente distancia que había mantenido respecto del partido el expresidente Andrés Manuel López Obrador, fundador y líder indiscutible de una formación nacida, al menos retóricamente, como un partido-movimiento. Una combinación de jerarquización y horizontalidad. “La decisión de la presidenta supone el último clavo en el ataúd del partido-movimiento. Ante esta crisis interna, Sheinbaum está intentando reformular la hegemonía de Morena bajo una lógica distinta al liderazgo carismático de López Obrador”, apunta el historiador del Colmex Humberto Beck.

Este cierre de filas tiene una lectura también en clave de política exterior. “La presidenta está enfrentando una doble crisis”, añade el historiador del Colmex. “Además de la interna del partido, la amenaza constante de un Donald Trump cada vez más insidioso, con la inminente renovación del TMEC. Sheinbaum no puede permitirse mostrar debilidad y está recuperando la vieja tradición presidencialista para lanzar un mensaje: ante la crisis está desplegando todo el poder presidencial como última instancia de decisión política”.

El relevo en la embajada en Washington anunciado esta semana sigue ese mismo patrón. Deshace otro cargo heredado del sexenio anterior, Esteban Moctezuma, y aúpa a un perfil joven, técnico y de confianza como cabeza de las negociaciones para la renovación del TMEC. Un movimiento que supone también un contrapeso al liderazgo en esas negociaciones del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, otro cuadro heredado y que fue el rival de Sheinbaum en las primarias de Morena a candidato presidencial. Luis de la Calle, experto en comercio internacional, apunta que los cambios en el gabinete económico son una señal de que Sheinbaum es consciente de que el asunto requiere la involucración de los presidentes, en este caso, Trump, Sheinbaum y Mark Carney, primer ministro canadiense. “La eficacia de un embajador en Washington depende de su cercanía con el Ejecutivo. Si hay una buena relación del nuevo embajador con el secretario de Relaciones Exteriores (Roberto Velasco, también recientemente nombrado) y con la presidencia, eso le va a dar mucho más campo de acción”.

En medio de las mesas de trabajo con el TMEC y con el creciente reclamo de las empresas estadounidenses afincadas en México de prácticas “abusivas” por parte del fisco mexicano, la presidenta también ha comenzado a mover piezas en el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Jennifer Krystel Castillo asumirá a partir del próximo mes la Administración de Grandes Contribuyentes, un área estratégica que concentra la fiscalización de las empresas más grandes del país, fuente de jugosos ingresos durante los últimos años al poner en orden viejas deudas fiscales. Castillo, siguiendo el patrón, formó parte del equipo de Sheinbaum cuando era jefa de Gobierno de Ciudad de México y, hasta ahora, es la titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Energía.

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