Incendios, derrames y cinco trabajadores muertos: el mes ‘horribilis’ de las refinerías de Pemex
Los expertos apuntan a la mezcla de crudo utilizado en los centros y a la falta de capacidad del personal como algunos de los problemas a corregir por la petrolera


A mediados de marzo, en la madrugada, un incendio mató a cinco personas en la refinería Olmeca en Dos Bocas en el Estado de Tabasco, cuando una chispa desató el fuego en “un desborde de aguas aceitosas” al lado de una de las bardas perimetrales. Menos de un mes después, hubo otro incendio, en el área de almacenamiento de coque, sin víctimas mortales. En esas fechas, en Deer Park, la refinería que Petróleos Mexicanos tiene en Estados Unidos, tuvo un derrame en uno de sus muelles. Y, para terminar, en Tula, una enorme columna de humo salió de un incendio en el complejo petroquímico que Petróleos Mexicanos describió como “incidente menor con presencia de humo”. Un mes horribilis, con una secuencia de eventos que ha sembrado dudas sobre el estado del Sistema Nacional de Refinación de México, su operación y mantenimiento. Expertos consultados por EL PAÍS explican que es un problema de la mezcla de crudo que usan dentro de las refinerías y la capacidad del personal de Petróleos Mexicanos para operarlas. Se preguntó a la empresa, pero a cierre de edición no habían contestado.
El Sistema Nacional de Refinación de México consta de siete refinerías. Seis de ellas fueron construidas hace más de 50 años, con un crudo más ligero que el actual en mente, y solo una, la reciente Olmeca en Dos Bocas, se creó para el petróleo maya, más pesado. Además está Deer Park, una planta que Petróleos Mexicanos tenía en copropiedad con la británica Shell y que adquirió en su totalidad en enero de 2022 por 596 millones de dólares. Si se le suma los al menos 20.000 millones de dólares que costó levantar el proyecto en Dos Bocas y los 3.700 millones que se pusieron para rehabilitar las otras seis, México ha invertido casi 25.000 millones de dólares en aumentar su producción de gasolina y demás refinados. Todo con la idea de cumplir uno de los compromisos de Andrés Manuel López Obrador, que prometió que para 2021 México produciría toda la gasolina que consume. De acuerdo a los últimos datos disponibles, en el cuarto trimestre de 2025 la producción de petrolíferos promedió de 1.177 millones de barriles diarios, de los que 771 millones fueron de gasolinas, diésel y turbosina. De la capacidad instalada total, el Sistema Nacional de Refinación opera a casi el 60%. Pese a esto, el país sigue importando gasolinas.
“Dos Bocas [como es conocida popularmente la refinería Olmeca] es una instalación de punta, con el mismo concepto que se hizo para la fallida refinería de Tula, y se eligió, con excepción de un proceso, lo mejor de lo mejor”, alaba Julio Cesar Rentería Sandoval, director general de la consultora Catec, experto en operación y optimización de refinerías y asesor de Petróleos Mexicanos. Aclara que la refinería Olmeca y Deer Park son las más complejas de operar y que, “aunque hay una brecha dentro de las habilidades operativas en el personal de la empresa estatal”, muchos de los problemas que arrastran tienen que ver con “lo que estamos metiendo a las refinerías”.
El experto explica que el motivo por el que crecen los índices de paros no programados, las detenciones inesperadas de maquinaria que reducen drásticamente la productividad y aumentan costos, es el tipo de mezcla de crudo con el que se trabaja. “El crudo Maya tiene 3.2% de peso de azufre y una densidad de 21°, pero ahora Petróleos Mexicanos está sacando crudos que son el Maloob, Zaap y Ayatsil, que tienen menos densidad y mayor contenido en azufre”, explica. “Mandan este tipo de crudo al Sistema Nacional de Refinación, lo mezclan con crudo ligero, pero como no es estable ni la más adecuada para las refinerías, esto lleva a mayores pausas no programadas y problemas”, añade.
La frecuencia de accidentes en instalaciones de Petróleos Mexicanos siempre supera la media internacional, que oscila entre el 0.22 y el 0.24 por millón de horas-persona trabajadas que registra la Asociación Internacional de Productores de Petróleo y Gas. Este indicador es una tasa que sirve para poder comparar año con año más allá de los simples números y es una medida estándar en seguridad industrial que representa el número total de accidentes laborales con baja que ocurren por cada millón de horas de trabajo realizadas por una plantilla expuesta al riesgo. De acuerdo a los informes anuales de la empresa, en 2010 era de 0.57, y fue logrando bajarse hasta que el 2018 llegó al mínimo histórico de 0.23. Luego volvió a subir hasta 0.58 en 2022 y en 2025 se quedó en 0.28. Para saber el número total de accidentes, EL PAÍS realizó una estadística con todos los eventos que Petróleos Mexicanos considera lo suficientemente importantes como para enlistarlos en sus informes en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. Desde 2010 y pese a la millonaria inversión en mantenimiento, la cifra se mantiene estable.
“En términos generales, tenemos un Sistema Nacional de Refinación modesto, con algunas instalaciones operativamente óptimas, y otras que son viejas y casi están para el desguace”, argumenta Santiago Arroyo, director en la empresa consultara del sector Ursus Energy. Entre las primeras están las refinerías de Tula en Hidalgo, Salina Cruz en Oaxaca, la Olmeca y Deer Park, mientras que el resto—Ciudad Madero en Tamaulipas, Cadereyta Jiménez en Nuevo León, Salamanca en Guanajuato y Minatitlán en Veracruz— las mete en el segundo saco.
“Las joyas de la corona son Dos Bocas y Deer Park, y las dos han tenido el mismo problema: las están operando personal que no está debidamente capacitado y eso hace que la operación sea deficiente y riesgosa”, afirma categórico. “Dos Bocas es como un Ferrari último modelo, pero quien lo está operando está acostumbrado a conducir un Volkswagen escarabajo”, ejemplifica. Arroyo señala a Deer Park como otro ejemplo de esta situación. Desde la década de 1990, Petróleos Mexicanos y la británica Shell compartían la propiedad de este complejo en Houston, Texas. En enero de 2022, la mexicana compró la mitad de la británica. “Ahora, cuando se va el resto del personal de Shell después del periodo de transición, y se queda a cargo todo de Petróleos Mexicanos, ahí empezamos a tener los incidentes mayores”, dice.
En octubre de 2024, en Deer Park, una fuga de 12 toneladas de gas ácido causó la muerte de dos personas y dejó hospitalizadas a otras 13. En Estados Unidos, cuando un incidente es lo suficientemente grave, amerita una investigación de la Junta de Investigación de Seguridad Química y Riesgos, una agencia federal independiente que investiga accidentes químicos industriales para prevenir futuras tragedias y que, aunque no tiene capacidad reguladora ni impone multas, emite recomendaciones de seguridad basadas en causas fundamentales.
Justo el pasado febrero salió el informe final sobre ese accidente, que apunta a que la causa principal del accidente fue la falta de identificación adecuada de las tuberías. La fuga mortal comenzó debido a que dos trabajadores de la contratista Repcon Inc abrieron la brida equivocada en una tubería mal etiquetada. Si bien la refinería proporcionó planos y listas de las bridas, estos no fueron suficientes para ayudar a los trabajadores a distinguir entre “segmentos casi idénticos”. De acuerdo a una parte del informe, “antes de que Petróleos Mexicanos fuera la única dueña y operadora de la refinería, el departamento de Ingeniería de Factores Humanos de Shell tenía un documento donde especificaba que estas tuberías debían estar debidamente marcadas”, pero “Petróleos Mexicanos no continuó con está práctica” y, “en consecuencia, no había etiquetas que diferenciaran los sistemas”, siendo el cumplimiento de Petróleos Mexicanos de las guías de seguridad “inefectivo o no existente”.







































