La búsqueda del último minero en Sinaloa se aferra a la esperanza a un mes del derrumbe de Santa Fe
El rescate en la mina Santa Fe entra en su fase más incierta mientras las brigadas buscan las 24 horas a Leandro Isidro Beltrán entre lodo, agua y túneles colapsados

Leandro Isidro Beltrán sigue dentro de la montaña. Ha pasado un mes del derrumbe en la presa de jales de la mina Santa Fe, en Chele, del municipio de Rosario (Sinaloa), que dejó atrapados a cuatro mineros. Hace 20 días de la última vez que se supo del tercer y último —hasta el momento— de los rescates. “Ya se está trabajando en la zona cero”, dijo Roy Navarrete, director de Protección Civil del Estado, cuando se le preguntaba sobre Leandro Isidro Beltrán, con la esperanza de que ahí pudiera estar el último de los trabajadores. El optimismo recae en el reciente hallazgo de un carrito que Beltrán habría dejado atrás en su búsqueda de alguno de los refugios con oxígeno conocidos por los trabajadores. Las labores de búsqueda continúan las 24 horas del día.
Fue el 25 de marzo cuando ocurrió el derrumbe con 25 trabajadores en el interior. Lograron salir 21 de ellos y cuatro quedaron atrapados, luego de que se rompiera una presa de jales —una estructura propia de las minas en donde se acumulan residuos— y el material compuesto de lodo y líquidos descendiera hacia los túneles. El colapso, uno de los peores desastres de la historia local, ha alterado también toda la operación de la mina de donde se extrae el oro.
Luego de cinco días, el 30 de marzo, el grupo de rescate dio con el primer minero a las 00.25 horas: José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años. Estaba desorientado, pero con buena condición física. A las 13.50 horas del día 13 del accidente, fue hallado con vida Francisco Zapata Nájera (42 años), originario de Papasquiaro, Durango. Horas más tarde, localizaron sin vida a Abraham Aguilera Aguilera, de 33 años, originario de Guanajuato.
El Sistema Nacional de Protección Civil organizó un operativo especial que incluye especialistas del Ejército. Se sumó también un grupo de mineros voluntarios, la mayoría compañeros de los hombres sepultados —y de otros Estados del país—, empujados por la seguridad de que “sus colegas harían lo mismo por ellos”. Álvaro Vargas Miranda, gerente administrativo de Industrial Minera de Sinaloa, dijo este jueves que aún hay esperanza de encontrar al último minero con vida en uno de los sitios especiales para oxigenación e hidratación, que todos conocen o deberían saber de memoria.
El rescate ha sido una odisea, porque el proyecto Santa Fe tiene una profundidad de 300 metros hacia abajo, pero el camino se prolonga hasta 3.2 kilómetros donde se convierte en un zigzag con zonas en las que se acumulan lodos y el jal minero. La mina se cubrió del material a la vez que se inundaba por el agua que brotaba desde el subsuelo de la montaña y que llegó a superar los 30 metros. El equipo ha colocado tablas para poder caminar y extraer el material, y tendió una red eléctrica con especialistas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para conectar máquinas que bombean el agua e iluminan el interior.
Las labores en la mina Santa Fe en Sinaloa se mantienen con trabajo coordinado por las dependencias participantes para recuperar al último minero.
— Coordinación Nacional de Protección Civil (@CNPC_MX) April 24, 2026
✅ Personal del Batallón de Atención de Emergencias de la @Defensamx1 realizó trabajos de búsqueda manual en la zona. pic.twitter.com/ES2QUyrfZq
Así, de a poco se ha avanzado en el rescate. A Francisco Zapata Nájera lo encontró un grupo de buzos del Ejército que pudo verlo por la lámpara que cargaba con él. El hallazgo del trabajador dejó emocionantes imágenes de él, con el pecho descubierto, sumergido en el agua hasta la cintura. Lúcido y coherente, contó ahí mismo a los rescatistas que el nivel de agua había alcanzado hasta casi el techo de la gruta. “Me llegó hasta el cuello”, dijo. Salió de la mina por su propio pie.
La operación conformada por 300 hombres de la Coordinación Nacional de Protección Civil, la Secretaría de la Defensa Nacional y la CFE, además de los voluntarios, implica reforzar las estructuras en los caminos que puedan dirigir al minero y continúa las 24 horas. Para ello, colocan estructuras de madera abriendo paso entre el jale, un material manejable que no es tóxico, pero sí pesado, lo que complica las labores. A ello se suma el cansancio físico y emocional: hallar a los dos primeros mineros con vida reforzó la expectativa, aunque la muerte del tercero alteró el espíritu del rescate.
Hace 10 días las autoridades dieron a conocer que, si bien no se había encontrado a Beltrán, sí localizaron un vagón que pudo haber utilizado el último de los mineros, aunque por más que se le buscó en los alrededores, no se pudo dar con algún indicio que estuviera cerca. La esperanza queda en que haya ido a buscar algún lugar para tomar oxígeno, con la consciencia de que el cuerpo sin comida puede aguantar de tres semanas a dos meses, siempre que haya buena hidratación. El coordinador de protección civil explicó luego del sorprendente rescate de Zapata: “Los mineros son resilientes, conocen bien la zona, los puntos de hidratación y de auxilio”.







































